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La Federación Peruana de Fútbol (FPF) dio inicio ayer al Torneo Súperliga FIFA Sub-13, un campeonato que, bajo el rótulo de «formativo internacional», busca encender la chispa del futuro balompié nacional. La inauguración, celebrada en las instalaciones de la Videna en Lima, congregó a clubes de la Liga 1, equipos extranjeros de peso y, lo que prometía ser una novedad, dos selecciones nacionales conformadas por talentos regionales. Sin embargo, detrás del brillo de la primera jornada, emergen interrogantes sobre la verdadera inclusión y el alcance de la descentralización que tanto se pregona.

El certamen, que cuenta con la participación de potencias formativas sudamericanas como Independiente del Valle de Ecuador, Once Caldas de Colombia y Universidad de Chile, busca elevar el estándar competitivo de nuestros jóvenes. A nivel local, los clubes de primera división se unen a la contienda junto a estas mencionadas selecciones regionales, supuestamente armadas tras un exhaustivo proceso de scouting a nivel nacional, supervisado por la Comisión Nacional de Menores de la FPF.

La narrativa oficial describe un modelo de búsqueda de talentos que incluyó la observación de campeonatos en diversas macrorregiones del país. Un ejemplo concreto fue el torneo disputado en setiembre en Huánuco, que reunió selecciones de Ucayali, San Martín, Pasco, Junín y el propio Huánuco, con los anfitriones coronándose campeones. No obstante, la realidad de la selección final dista mucho de ser un reflejo equitativo de esos esfuerzos regionales. Tras las posteriores evaluaciones y microciclos, de un campeón macrorregional, **solo un jugador huanuqueño fue finalmente seleccionado** para integrar el contingente que representa a las regiones.

Este dato, aunque pequeño en su cuantificación, resuena con fuerza en el debate sobre la centralización del fútbol peruano. Aproximadamente tres mil jóvenes futbolistas fueron observados a nivel nacional, de los cuales solo cuarenta —divididos en dos equipos de veinte jugadores cada uno— obtuvieron un lugar en esta vitrina de la FPF. La disonancia entre la amplia base de observación y la mínima representación final de regiones campeonas pone en tela de juicio la efectividad y la imparcialidad del proceso de selección, o al menos, la capacidad del sistema para integrar efectivamente el talento periférico.

Los resultados de la primera jornada, si bien son solo un punto de partida, ya ofrecen algunas lecturas. La «Selección de Lima y Callao» venció 4-1 a la «Selección Regional», un marcador que podría interpretarse como una temprana confirmación de la brecha existente entre la preparación y las oportunidades del talento capitalino frente al del interior del país. En otro encuentro, Sporting Cristal demostró su poderío al golear 9-0 a Once Caldas de Colombia, evidenciando el nivel competitivo que algunos clubes locales ya ostentan.

Este torneo, apellidado «FIFA», carga con la expectativa de ser un verdadero catalizador para el desarrollo de futuras generaciones de futbolistas peruanos, en un país que históricamente ha luchado por consolidar un sistema formativo robusto y descentralizado. Sin embargo, la inicial desproporción en la selección de talentos regionales levanta una señal de alerta. ¿Es esta Súperliga una genuina plataforma para democratizar las oportunidades, o se arriesga a convertirse en otro escenario donde el talento de las regiones es escasamente representado, confirmando una visión centralista que el fútbol peruano urgentemente necesita superar para aspirar a cotas mayores? La pelota ha comenzado a rodar, pero las preguntas sobre su verdadero impacto en el ecosistema futbolístico nacional apenas inician.

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