Huánuco: Cientos de localidades claman por acceso a internet pese a reconocimiento oficial del MTC

La brecha digital sigue siendo una herida abierta en el Perú profundo, y la región Huánuco emerge como un claro ejemplo de esta lacerante realidad. Un reciente informe del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) ha puesto al descubierto una situación alarmante: cientos de localidades huanuqueñas viven en un aislamiento digital que las condena al subdesarrollo, lejos de las oportunidades que la conectividad puede ofrecer. Pese a que el acceso a internet es hoy considerado un derecho fundamental, la inacción y la falta de infraestructura persisten, dejando a su paso comunidades enteras postergadas.
Según resoluciones emitidas por la Dirección General de Programas y Proyectos de Comunicaciones del MTC a finales del año 2025 —específicamente la 378-2025-MTC/27 del 31 de octubre y la 409-2025-MTC/27 del 26 de noviembre—, un total de 371 localidades en Huánuco carecen por completo de cualquier tipo de servicio de conectividad. A esta cifra desoladora se suman otras 29 comunidades que apenas cuentan con cobertura 2G, una tecnología obsoleta que dista mucho de las exigencias mínimas para la educación, el trabajo remoto o la telemedicina en el siglo XXI. Estas resoluciones, lejos de ser solo un registro burocrático, constituyen el reconocimiento oficial de una deuda histórica con miles de ciudadanos peruanos.
La situación de las 29 localidades atrapadas en la red 2G es particularmente crítica. En la provincia de Ambo, por ejemplo, Quio y Utcush (Cayna), Chaucha (Ambo), y Ayancocha Alta y Cochacalla (San Rafael) subsisten con una conexión que apenas permite enviar mensajes de texto básicos o realizar llamadas rudimentarias. Realidades similares se viven en Pura (Marías) y Cochabamba (Ripán) en Dos de Mayo; Umbe (Canchabamba) en Huacaybamba; y en zonas de Huamalíes como Urpish (Jircán), Coyllarbamba (Tantamayo), Ocshash (Llata) y la misma capital distrital de Singa. También en Puerto Inca, con San Juan de Codo (Codo del Pozuzo) y Nuevo Nazaret (Yuyapichis); en Huánuco, con Antapucro (Chinchao), Cochabamba, Guellgash y Huarapa (Churubamba), Santa Ana de Pampas (Kichki), San Juan de Marambuco (Santa María del Valle) y San Lorenzo de Llaglla (Yacus). Lauricocha (Caramarca y Gashampampa), Marañón (San Buenaventura), Leoncio Prado (Flor de Umari) y Pachitea (Cachigaga, Chachaspata, Pavina y Ushumayo en Umari) completan esta lista de la precariedad. Para sus habitantes, acceder a información, trámites gubernamentales o incluso comunicarse con familiares lejanos es una odisea que raya en lo imposible.
Pero el panorama se torna aún más sombrío para las 371 localidades que carecen de cualquier tipo de conectividad. La distribución geográfica de esta exclusión digital es reveladora: la provincia de Puerto Inca lidera el triste ranking con 101 localidades sin servicio, seguida por Huánuco (58), Leoncio Prado (43), Pachitea (43), Marañón (38), Huamalíes (25), Ambo (21), Huacaybamba (17), Dos de Mayo (12), Yarowilca (8) y Lauricocha (6). Estas cifras no solo representan estadísticas; son pueblos enteros sumidos en el aislamiento, donde el concepto de ‘teletrabajo’, ‘educación virtual’ o ‘salud en línea’ es una quimera inalcanzable, perpetuando ciclos de pobreza y desigualdad en pleno siglo XXI.
Este diagnóstico oficial, lejos de generar tranquilidad, profundiza la preocupación sobre la voluntad política y la eficacia de las políticas públicas destinadas a cerrar la brecha digital en el país. El MTC, como ente rector, ha reconocido la magnitud del problema, pero la persistencia de estas cifras a finales de 2025 —un periodo que debería marcar avances significativos en la infraestructura digital— plantea serias interrogantes sobre el ritmo de implementación de proyectos y la asignación efectiva de recursos. ¿Cuánto tiempo más deberán esperar estos ciudadanos por un servicio que es ya una herramienta indispensable para el desarrollo humano y económico? La promesa de un «acceso universal» a las telecomunicaciones, reiterada por diversas gestiones gubernamentales, parece diluirse en la compleja geografía de Huánuco, dejando a su paso comunidades postergadas y oportunidades perdidas.
La falta de conectividad no es solo un inconveniente tecnológico; es un obstáculo fundamental para el ejercicio pleno de derechos. Afecta la calidad educativa, limita el acceso a servicios de salud vitales, restringe el desarrollo económico local y frena la participación ciudadana en los asuntos públicos. La evidencia oficial del MTC es un llamado urgente a redoblar esfuerzos, a priorizar inversiones estratégicas y a replantear los mecanismos de implementación de la infraestructura digital. La conectividad en Huánuco, y en todo el Perú rural, no puede seguir siendo una promesa lejana, sino una realidad palpable y urgente que garantice un futuro con igualdad de oportunidades para todos sus habitantes.
