El gran show: Pulgar rinde cuentas, pero no explica las observaciones

La política del cemento: Pulgar inaugura discursos mientras Huánuco sigue esperando resultados
Antonio Pulgar volvió a hacer lo que mejor sabe hacer la política regional peruana: convertir la obra pública en escenografía. En Puerto Inca, durante su audiencia de rendición de cuentas, el gobernador no presentó una región transformada; presentó una lista. Una larga enumeración de colegios “próximos a inaugurarse”, centros de salud “en construcción”, puentes “en ejecución” y canchas deportivas convertidas en trofeos propagandísticos. La lógica parece sencilla: mientras más cemento se mencione, mayor sensación de gestión se fabrica.
Pero la realidad, esa obstinada enemiga del marketing político, cuenta otra historia.
Porque mientras Pulgar hablaba de futuras inauguraciones, la Comisión de Fiscalización del Congreso ya investiga a su gestión por presuntas irregularidades en 32 obras paralizadas y contratos observados en Huánuco. El propio Congreso aprobó ampliar por 30 días las investigaciones debido a la complejidad y gravedad de los casos. (Comunicaciones)
Y allí empieza el verdadero contraste.
La obsesión por inaugurar antes que funcionar
Pulgar insiste en presentar infraestructura educativa y sanitaria como símbolo de eficiencia. El problema no es construir colegios o centros de salud. El problema es convertirlos en cascarones políticos.
En el Perú, inaugurar edificios vacíos se ha vuelto deporte regional. Hospitales sin especialistas, centros médicos sin equipamiento, colegios sin mobiliario completo. El gobernador habló del centro de salud de Yuyapichis, de Baños, Huacaybamba y Monzón, pero evitó responder la pregunta esencial: ¿funcionarán realmente o serán otra postal electoral?
La propia Comisión de Fiscalización incluyó dentro de las investigaciones las presuntas irregularidades del proyecto del establecimiento de salud de Baños y del Hospital de Tingo María.
Es decir: mientras en la audiencia se hablaba de avances, en Lima se discutía cómo investigar posibles irregularidades en esas mismas obras.
Eso no es coincidencia. Eso es síntoma.
El gobierno del “próximamente”
Otro detalle revelador: varias obras fueron presentadas como “próximas inauguraciones”. No inauguradas. Próximas.
Illathupa. José Carlos Mariátegui. Coberturas educativas. Institutos. Puentes.
El problema con la política del “ya casi” es que Huánuco lleva décadas atrapado allí. Siempre “por inaugurarse”, siempre “en fase final”, siempre “a punto de entregarse”. El ciudadano escucha promesas en presente continuo mientras las obras acumulan ampliaciones, suspensiones y adicionales.
Y los antecedentes no ayudan.
Hace apenas semanas, la Contraloría detectó que el Gobierno Regional de Huánuco pagó más de S/105 mil por trabajos deficientes e inconclusos en una obra vial en Amarilis. Se encontraron veredas mal ejecutadas, rampas inaccesibles, buzones inconclusos, desniveles técnicos y valorizaciones pagadas por trabajos que ni siquiera habían sido terminados.
La obra acumuló ocho suspensiones.
Ocho.
En cualquier país serio, eso sería un escándalo administrativo. Aquí apenas alcanza para una nota secundaria.
“La Canchita de mi Barrio”: populismo con grass sintético
Tal vez el momento más revelador de la audiencia fue cuando el gobernador destacó con entusiasmo la construcción de canchas y polideportivos.
Once canchas. Ocho polideportivos. Veintiocho techos duros.
Mientras comunidades enteras siguen reclamando agua, carreteras transitables, saneamiento básico y puestos de salud equipados, el Gobierno Regional vende losas deportivas como si estuviera refundando Huánuco.
La cancha deportiva se ha convertido en el monumento favorito del populismo regional: barata políticamente, visible electoralmente y rentable fotográficamente. El cemento luce bonito en Facebook. Un sistema de agua potable no.
Y allí está la tragedia de la gestión pública regional: gobernar para la foto y no para resolver.
El aeropuerto y los puentes: anuncios reciclados
Pulgar también resaltó el asfaltado de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Tingo María y varios puentes regionales. Pero incluso algunas de esas obras han sido objeto de observaciones y cuestionamientos técnicos.
El puente Aucayacu, por ejemplo, llegó a su fase final bajo observaciones de la Contraloría.
La pregunta ya no es cuántas obras se anuncian. La pregunta es cuántas soportarán una auditoría seria dentro de cinco años.
Porque la historia reciente del Perú está llena de obras inauguradas con banda y padrino político que terminaron rajadas, abandonadas o judicializadas.
El cemento como cortina de humo
En el fondo, la audiencia pública de Puerto Inca mostró algo más profundo: una forma de entender el poder regional.
Para Pulgar, gobernar parece consistir en acumular infraestructura visible. El cemento reemplaza al indicador social. La obra física reemplaza a la calidad del servicio. El discurso técnico reemplaza a la transparencia.
Pero Huánuco no necesita únicamente más concreto. Necesita gestión real.
Necesita hospitales funcionando, no edificios vacíos.
Necesita colegios con docentes y mantenimiento, no inauguraciones apresuradas.
Necesita carreteras sostenibles, no pistas parchadas para la foto oficial.
Necesita gobiernos regionales que expliquen por qué existen 32 obras paralizadas antes de salir a celebrar nuevas colocaciones de primera piedra.
Porque una gestión no se mide por cuántas veces corta una cinta.
Se mide por cuántas obras sobreviven cuando se apagan las cámaras.
