La partida de ‘Mashico’: El peruano más longevo del Perú falleció a poco de cumplir 126 años

El fallecimiento del peruano más longevo a los 125 años, Marcelino Abad Tolentino, revela un patrón de olvido estatal y plantea serias interrogantes sobre la verdadera protección a nuestros adultos mayores más vulnerables.
Marcelino Abad Tolentino, conocido afectuosamente como “Mashico”, el hombre que se erigió como símbolo de longevidad en Perú y uno de los pocos supercentenarios reconocidos mundialmente, falleció a sus 125 años, a escasos días de celebrar su cumpleaños número 126 este 5 de abril. Su partida, anunciada por el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), no solo es una pérdida para su comunidad y el país, sino que también desentierra incómodas preguntas sobre la tardía intervención estatal en la vida de quienes, como él, han vivido al margen de todo sistema de protección.
Una vida en la sombra hasta los 119 años
La historia de don Marcelino, nacido el 5 de abril de 1900 en Huacachi, Chaglla, Pachitea (Huánuco), es un crudo recordatorio de la invisibilidad que sufren muchos adultos mayores en el país. El propio Midis, a través del Programa Pensión 65, reconoce que fue recién en 2019 cuando lograron ubicarlo. ¿Dónde? En una hacienda abandonada del anexo de Cormilla, en la misma provincia de Pachitea, sin documento de identidad y, por ende, sin acceso a ningún servicio básico del Estado. ¿Cómo pudo un ciudadano peruano vivir casi 120 años sin que las instituciones que hoy lamentan su partida tuvieran conocimiento de su existencia o necesidad?
Elogios póstumos versus décadas de abandono
Tras su deceso en la casa hogar ‘Mis Abuelitos’ en Cochachinche, Huácar (Huánuco), la ministra Lily Vásquez Dávila expresó sus condolencias, destacando la vida de “Mashico” como un «ejemplo de fortaleza, historia y dignidad». Afirmó que su legado nos recuerda «la importancia de seguir construyendo un país que los cuide, los respete y los acompañe». Sin embargo, ¿no resulta paradójico que estas declaraciones surjan después de que el propio Estado reconociera haberlo encontrado en condiciones de total desamparo? ¿Son estas palabras suficientes para compensar décadas de olvido institucional?
El «acompañamiento permanente»: ¿Qué tan integral fue?
Desde 2019, Pensión 65 articuló acciones para su identificación y acceso a derechos, asegurando, según el Midis, un «acompañamiento permanente». Don Marcelino, quien atribuía su vitalidad a una alimentación natural de productos que cultivaba, dejó de existir por «causas asociadas a su avanzada edad», tras superar parcialmente dificultades respiratorias. Si bien se desplegó un equipo para brindar soporte a sus allegados, la pregunta persiste: ¿Fue este acompañamiento realmente integral y suficiente para un supercentenario que había vivido en la soledad y sin servicios básicos durante la mayor parte de su vida? ¿Qué protocolos se aplicaron para garantizar su bienestar en sus últimos años, especialmente en un contexto de vulnerabilidad extrema?
