En el dia del Periodista

Por: Augusto Noreña Llanos Director

¿Porqué celebramos el uno de octubre de todos los años, el Día del Periodista Peruano? Pues bien, históricamente el uno de octubre de 1790 empezó a circular el Diario de Lima; históricamente tampoco debemos olvidar a los periodistas “Mártires de Uchuraccay”, quienes ofrendaron sus vidas en búsqueda de la verdad sobre los abusos que cometía el personal del Ejército acantonado en ese lugar. Pero más allá de estos importantes hechos históricos, tenemos que reflexionar sobre el contexto de lo que significa ejercer la profesión de periodista.

En este contexto, tenemos que concordar que el periodismo no es un oficio, es una profesión o actividad que debemos desarrollar con estricto respeto a la verdad informativa, con objetividad y respeto a nuestros lectores, radio oyentes, televidentes o seguidores de páginas sociales, quienes se merecen recibir información veraz y objetiva, aunque la objetividad del informante pasa a ser subjetivo para el receptor.

Se dice teóricamente que el periodismo es el cuarto poder del Estado; falso, el periodismo es el primer poder del pueblo, porque esta sagrada misión de informar tiene como principal objetivo, investigar, establecer la verdad de los hechos y cuestionar el accionar del Estado, de las instituciones públicas y de sus autoridades.

Aún más, tiene la obligación de investigar las acciones privadas que se desarrollan en el contexto de la sociedad. Dedicarse sólo a investigar las actividades estatales y olvidarse de las actividades de la sociedad sería un grave desface con consecuencias muy negativas.

En este orden de ideas, vale preguntarnos ¿No tenemos la obligación de ver e investigar la existencia de centros de perversión de menores de edad y aún de mujeres adultas; la existencia de lenocinios clandestinos; de centros de explotación sexual disfrazadas de restobares o de sobre explotación laboral por malos empresarios?

Sabemos que existen estos hechos irregulares, ilegales, que funcionan con la complicidad de las autoridades de gobierno local, regional y aún policial, quienes miran hacia otro lado y dejan las cosas pasar como algo natural. La complicidad policial tendría un costo para dejarlos operar clandestinamente.

Entonces es allí donde el periodismo y la prensa en todas sus modalidades tienen que estar presentes, investigar, destapar y denunciar a todos los responsables, caiga quien caiga. Esa es la misión de la información periodística.

Algún medio de comunicación podría decir: necesitamos publicidad para subsistir, no podemos chocar con nuestros posibles auspiciadores. Eso suena a complicidad barata: callar por temor o por conveniencia. Quien piense así, ha equivocado su profesión u ocupación; sería mejor que se dedique a otra actividad, como vender chicha con sándwiches en una esquina.

Se dice que el periodismo puede hacer castillos hasta el cielo o tirar al piso a las personas de su objetivo. Verdad a medias. Eso suele suceder si los medios comunicativos sólo piensan en cuanto dinero pueden obtener y venden su pluma y opinión al mejor postor. Terrible error de actuación.

La verdad es una, no hay medias verdades; no hay posiciones a medias. La verdad tiene que primar siempre, sobre cualquier tipo de conveniencias.

En el pasado Día del Periodista, quienes abrazamos esta delicada y honrosa actividad, debemos haber reflexionado sobre la importancia trascendental de nuestra labor informativa. No podemos adoptar posiciones intermedias ni ambivalentes. Nuestra información tiene que ser tan elevada como el azul cielo; tan clara y transparente como la cristalina agua; prístina como toda verdad. ¡No hay medias tintas que valgan!

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