Cansancio, bajo rendimiento escolar y defensas bajas: ¡mi niño tiene anemia!

Por: David Parra Reyes Colaborador

En nuestros pueblos y caseríos, la fuerza para trabajar la chacra, criar a los animales y sacar adelante a la familia nace de una buena alimentación. Sin embargo, en muchos hogares del campo y la ciudad existe un enemigo silencioso que apaga la alegría y la energía de nuestros hijos: la anemia. A veces notamos que los niños caminan con desgano, se quedan dormidos en la clase, tienen la piel o la parte interna de los párpados pálidas, o se enferman muy seguido, de resfríos y diarreas. Muchas familias piensan que el pequeño solo está “con flojera” o que es de “cuerpo débil”, pero en realidad está sufriendo por la falta de hierro en su sangre, una condición que afecta gravemente su salud, su crecimiento, desarrollo mental y su futuro.

La anemia es la falta de hierro, un nutriente clave que funciona como el “combustible” que permite a la sangre llevar oxígeno y energía a todo el cuerpo. Cuando a un niño le falta hierro, su cerebro no recibe el oxígeno suficiente para aprender bien, por lo que le cuesta concentrarse en la escuela, el niño se olvida las lecciones y suele quedarse atrasado en los estudios. Además, sus defensas bajan, dejando el cuerpo desprotegido frente a las infecciones. Esta situación es aún más peligrosa en las mujeres embarazadas, quienes necesitan hierro para que el bebé en su vientre crezca sano, y en los niños menores de tres años, etapa en la que el cerebro se desarrolla más que en cualquier otro momento de la vida. Un niño con anemia no solo pierde la energía para jugar hoy, sino que limita su capacidad para desenvolverse en el mañana.

La buena noticia es que para vencer a la anemia no necesitamos gastar dinero en medicinas caras o alimentos importados de la ciudad. La solución está en nuestra propia tierra y en los alimentos frescos de la zona. El hierro más poderoso, aquel que el cuerpo absorbe con facilidad y rapidez, se encuentra en los alimentos de origen animal de color oscuro. La “sangrecita” (de pollo, cuy, chancho o res) es el alimento más rico en hierro que existe y uno de los más económicos de nuestro mercado. Servir tres a cuatro cucharadas de sangrecita sancochada, guisada o en salteado en el plato del niño le entrega la fuerza que necesita para todo el día. De la misma forma, el hígado, el bofe, el corazón, el bazo y la carne oscura de cuy o de aves son verdaderas medicinas naturales para limpiar y fortalecer la sangre.

Para complementar esta alimentación, nuestros campos nos regalan granos andinos y legumbres de gran valor como la quinua, la kiwicha, la cañihua, las habas, las lentejas y los frijoles. Si bien estos alimentos del campo contienen hierro, el cuerpo necesita una “ayudita” especial para aprovecharlo al máximo. Esa ayuda la encontramos en la vitamina C, presente en las frutas cítricas que cultivamos o conseguimos fácilmente, como limones, naranjas, mandarinas, maracuyás y los tomates. Para que el cuerpo absorba todo el hierro de las lentejas o de la quinua, basta con acompañar el almuerzo con un vaso de refresco de limón o naranja casera, o agregar una ensalada de tomate y cebolla aliñada con bastante limón fresco. Unas cuantas gotas de limón sobre las habas o el guiso hacen la diferencia entre una comida que solo llena la barriga y una que realmente alimenta la sangre.

De la misma manera que existen alimentos que ayudan a fijar el hierro, hay ciertas costumbres en la mesa que debemos evitar porque “roban” este nutriente. Es muy común en el campo tomar una taza de té, café, anís o hierbas inmediatamente después de almorzar o cenar. Sin embargo, estas infusiones contienen sustancias que atrapan el hierro de la comida y evitan que el cuerpo lo absorba, haciendo que se pierda en la digestión. Para evitar esto, lo recomendable es tomar los mates o infusiones al menos una hora antes o una hora después de las comidas principales, dejando que el cuerpo aproveche primero todo el alimento.

Combatir la anemia es un compromiso de toda la familia y un acto de amor hacia nuestros hijos. Preparar un plato nutritivo con sangrecita, hígado o carnes oscuras, acompañado de granos de nuestra tierra y un buen chorro de limón, es la mejor inversión para que los niños crezcan sanos, fuertes, inteligentes y con ganas de aprender y progresar en esta sociedad competitiva. Protejamos la salud de nuestra comunidad desde la cocina del hogar, aprovechando con sabiduría y orgullo lo que la tierra y nuestro trabajo nos brindan día a día.

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