A los 9 años, Walter Adrián dejó el regalo más grande: vida para otros niños

El caso del pequeño Walter Adrián expone la precariedad de un sistema que depende de la voluntad individual mientras 7,000 peruanos siguen en lista de espera.
La muerte cerebral de Walter Adrián, un niño de 9 años trasladado desde Jaén, ha servido para salvar a otros tres menores en el Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN) San Borja. Sin embargo, este gesto de sus padres, Walter Carrasco Neyra y Maritza Olivera Vargas, pone de manifiesto la cruda orfandad de la salud pública en el Perú. Mientras la familia Carrasco transformaba su duelo en vida para otros, las cifras oficiales revelan un panorama desolador: el país ostenta una de las tasas de donación más bajas de la región, con apenas 1.5 donantes por millón de habitantes, una estadística que condena a miles a una espera que, en muchos casos, termina con la muerte.
El centralismo del diagnóstico y el peregrinaje por una cama
El calvario de la familia Carrasco comenzó en Cajamarca, donde un desmayo repentino derivó en un aneurisma. Según relató el padre, la urgencia de encontrar una cama hospitalaria y la falta de respuestas definitivas en su región los obligaron a trasladarse a Lima. Esta movilización forzada evidencia, una vez más, que la capacidad de respuesta ante emergencias neuroquirúrgicas pediátricas críticas sigue centralizada, obligando a los padres a gestionar traslados en medio de la agonía de sus hijos para obtener un diagnóstico irreversible en la capital.
Cifras que no se mueven: la ineficiencia detrás de la «falta de cultura»
La doctora Zulema Tomas Gonzales, directora del INSN San Borja, señala que cerca de 7,000 personas esperan un trasplante en el país, mientras la tasa de donantes no llega siquiera a dos personas por millón. Si bien la institución destaca haber realizado 117 trasplantes desde 2017, la realidad es que el avance es insuficiente frente a la demanda. Atribuir el problema únicamente a una «falta de cultura de donación» parece una salida simplista que oculta las carencias en la gestión de procuración de órganos dentro de los mismos hospitales del Estado.
Niños en lista de espera: la promesa de un sistema que no llega
Actualmente, 28 niños permanecen en lista de espera solo en el INSN San Borja: 21 requieren un riñón, dos un hígado y tres necesitan córneas. Aunque el centro está acreditado para estos procedimientos y los costos son cubiertos por el Fondo Intangible Solidario de Salud (Fissal), la institución aún mantiene como tarea pendiente la incorporación de trasplantes pediátricos de corazón. El sistema celebra las donaciones individuales, pero no logra reducir las brechas que mantienen a estos menores en una incertidumbre crítica y prolongada.
Lo que falta aclarar
- ¿Qué medidas concretas está tomando el Ministerio de Salud para descentralizar la detección de donantes y evitar que las familias de regiones tengan que viajar a Lima para confirmar diagnósticos de muerte cerebral?
- ¿Por qué, a pesar de las campañas de sensibilización mencionadas por el INSN San Borja, la tasa de donación en el Perú sigue estancada en 1.5 por millón frente a otros países de Latinoamérica?
- ¿Cuál es el cronograma real y el presupuesto asignado para que el hospital finalmente concrete la acreditación para trasplantes de corazón y reduzca la lista de espera de los 28 niños pendientes?

