Murió Pompinchú: se apaga una leyenda de la comicidad popular peruana

El humor popular peruano está de luto. Alfonso Gonzáles, conocido artísticamente como Pompinchú, falleció este viernes 1 de mayo tras permanecer varios días internado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital Santa Rosa de Pueblo Libre, donde luchaba por superar un delicado cuadro de fibrosis pulmonar agravado por complicaciones renales.
La noticia fue confirmada por sus familiares, quienes en los últimos días habían pedido cadenas de oración y apoyo para el reconocido cómico ambulante, una de las figuras más queridas de la comicidad callejera y televisiva de las décadas de los noventa y los primeros años del 2000.
Pompinchú no solo fue un rostro conocido en la televisión nacional, sino también un símbolo del humor popular que nació desde la calle, desde la necesidad y desde el talento puro, sin grandes escenarios ni producciones millonarias. Su partida deja un vacío profundo entre sus compañeros de oficio y entre miles de peruanos que crecieron viendo sus ocurrencias y personajes.
Una batalla que no pudo ganar
El deterioro de su salud se hizo evidente en las últimas semanas. Según relató su hermano Ray, todo comenzó luego de una operación de cadera realizada a inicios de marzo, intervención que inicialmente fue exitosa. Sin embargo, tras recibir el alta médica, una bacteria habría complicado severamente su sistema respiratorio.
La infección derivó en una fibrosis pulmonar que obligó al comediante a depender de oxígeno de manera permanente durante las 24 horas del día. Su estado se agravó rápidamente, obligando su reingreso al hospital y posteriormente su internamiento en UCI.
Su familia mantenía la esperanza de una recuperación milagrosa. Incluso su hija reveló públicamente que su padre necesitaba un trasplante de pulmón, aunque reconocía las enormes dificultades para encontrar un órgano compatible.
“Sé que es complicado encontrar pulmones compatibles por el tamaño y la contextura de mi papá, pero creo que todo es posible si uno lucha por ello”, expresó conmovida días antes del fatal desenlace.
Pero la enfermedad avanzó con rapidez y finalmente el querido artista no logró superar el cuadro clínico.
Del asfalto a la televisión nacional
Pompinchú fue parte de una generación de cómicos ambulantes que transformó la risa popular en una verdadera escuela de entretenimiento callejero. Su nombre se consolidó especialmente en “El Show de los Cómicos Ambulantes”, programa que marcó época y que permitió que artistas nacidos en plazas, mercados y esquinas llegaran a millones de hogares peruanos.
Su estilo era directo, espontáneo y profundamente conectado con el pueblo. No necesitaba grandes libretos ni escenografías; bastaba su presencia, su voz y su capacidad natural para arrancar carcajadas.
En una época donde la televisión aún no estaba dominada por grandes formatos importados, figuras como Pompinchú representaban una comedia auténticamente peruana, nacida desde abajo y sostenida por el aplauso genuino de la gente.
Compartió escenario con reconocidos artistas del humor popular y se convirtió en uno de los personajes más recordados del circuito artístico nacional. Su figura trascendió la simple comicidad: representó la lucha de miles de artistas informales que encontraron en el talento su única herramienta de supervivencia.
La dura realidad detrás de las risas
Su fallecimiento también vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: muchos artistas populares terminan enfrentando la enfermedad y la vejez en condiciones precarias, sin seguros adecuados, sin respaldo económico y dependiendo muchas veces de colectas públicas para solventar tratamientos médicos.
En los últimos días, incluso se generó polémica por la forma en que algunos personajes del espectáculo reaccionaron frente a la enfermedad de Pompinchú. El cómico Kike Suero expresó su indignación al denunciar que algunos intentaban lucrar con la delicada situación de salud del artista.
La escena expuso nuevamente la fragilidad en la que sobreviven muchos cómicos ambulantes, quienes entregaron décadas de entretenimiento al país, pero pocas veces recibieron una verdadera protección social.
Pompinchú fue uno de ellos: un artista querido por el público, pero golpeado por un sistema que suele aplaudir en vida y olvidar en la enfermedad.
El adiós a una leyenda popular
Las redes sociales rápidamente se llenaron de mensajes de despedida, recuerdos y homenajes. Compañeros de escenario, amigos y seguidores lamentaron profundamente su partida, recordando no solo su talento sino también su humildad y cercanía.
Para muchos, Pompinchú no era simplemente un cómico: era parte de la memoria colectiva de una generación. Su humor acompañó tardes familiares, ferias populares y programas que hoy forman parte de la nostalgia televisiva peruana.
Su legado queda en la historia de la comicidad nacional como uno de los representantes más genuinos del humor de barrio, del ingenio improvisado y de esa capacidad tan peruana de reír incluso en medio de la adversidad.
Hoy, el escenario popular pierde una de sus voces más queridas. Pero su risa, sus frases y su estilo permanecerán vivos en la memoria de quienes entendieron que hacer reír también es una forma de resistencia.
Pompinchú se fue, pero dejó algo que pocos logran: convertirse en parte del recuerdo feliz de un país entero.
