Ansiedad adolescente: la alerta que las familias y el sistema suelen ignorar
Cambios en el sueño, irritabilidad, aislamiento y rechazo escolar pueden indicar que un joven atraviesa un malestar que necesita acompañamiento profesional

Fuente de imagen: Infobae
Especialista Reina Garbich advierte sobre el impacto de la ansiedad persistente y la responsabilidad del entorno familiar y escolar.
La ansiedad en la adolescencia ha dejado de ser una respuesta emocional natural para convertirse en una crisis que desborda la capacidad de los jóvenes actuales. Según la psicóloga y magíster en Psicología Educativa, Reina Garbich, el malestar alcanza niveles de alarma cuando altera la rutina cotidiana, manifestándose en el aislamiento, irritabilidad y el abandono de responsabilidades escolares. La falta de detección temprana por parte de los adultos y especialistas representa un vacío crítico que favorece el distanciamiento emocional y la pérdida de vínculos sociales fundamentales.
Los síntomas físicos como grito de auxilio
El desborde emocional no siempre se expresa con palabras; el cuerpo em las señales que suelen ser subestimadas. Trastornos del sueño, falta de apetito, caída del cabello y dolores recurrentes de cabeza o cuello son indicadores de que el adolescente atraviesa una situación que lo sobrepasa. Garbich enfatiza que, si bien un insomnio aislado no define un trastorno, la persistencia de estos síntomas y su impacto negativo en la asistencia a clases o la vida de amigos exigen una evaluación profesional inmediata que no debe postergarse.
El error de abandonar el tratamiento prematuramente
Uno de los mayores problemas en la gestión de la salud mental juvenil es la interrupción de las terapias ante las señales de mejoría. La especialista señala que una intervención efectiva requiere, como mínimo, tres meses de seguimiento constante, comparando el abandono del tratamiento con la suspensión de una medicación apenas cajan los primeros síntomas. El enfoque cognitivo-conductual busca trabajar sobre las ideas de insuficiencia y el miedo al fracaso, pero esto solo es posible si existe un compromiso real con el proceso terapéutico a largo plazo.
La responsabilidad familiar y la violencia como disciplina
La intervención no puede limitarse exclusivamente al adolescente si el entorno doméstico es un factor de riesgo. Garbich revela que muchos jóvenes provienen de hogares que reaccionan con gritos, insultos o actitudes violentas ante los conflictos. La violencia no es una herramienta de disciplina; la humillación y el maltrato solo refuerzan el miedo y perpetúan relaciones basadas en la agresión. Es responsabilidad de los adultos revisar sus modelos de conducta y establecer límites claros desde el diálogo, evitando normalizar conductas dañinas que afectan la convivencia escolar.
Lo que falta aclarar
- ¿Por qué las instituciones educativas y familias continúan ignorando las señales de alerta hasta que se presentan crisis de llanto o violencia?
- ¿Qué protocolos específicos existen en los colegios para detectar la ansiedad antes de que derive en deserción o cuadros depresivos?
- ¿De qué manera el sistema de salud garantiza la continuidad de los tres meses de terapia mínimos que sugiere la especialista?
