Díaz-Rosillo y el rastro de Cerimedo: Las sombras tras el ‘amigo’ de Keiko Fujimori
Consejos al paso. Carlos Díaz-Rosillo asegura que no es asesor de Keiko Fujimori sino solo un amigo. Pero su récord migratorio señala que entre 2024 y lo que va de 2026, llegó al Perú 15 veces. La mayor parte de estos viajes coincidió con la campaña presidencial. Y en relación con el operador argentino Fernando Cerimedo, sostiene que solamente es un conocido.

Fuente de imagen: La República
Pese a negar asesorías, el director del Centro Adam Smith suma 15 ingresos al Perú y nexos documentados con el polémico operador argentino.
No es un asesor, dice él, sino un amigo «directo». Sin embargo, las cifras contradicen la modestia de Carlos Díaz-Rosillo. El director del Centro Adam Smith para la Libertad Económica, quien autorizó el pago de 45 mil dólares a Keiko Fujimori por dictar charlas, ha intensificado su presencia en suelo peruano conforme avanzaba la carrera electoral. Con 15 ingresos registrados entre el 6 de abril de 2024 y el 22 de agosto de 2026, y una estancia que suma 60 días solo en lo que va del presente año, el discurso de la «amistad desinteresada» colisiona frontalmente con un récord migratorio que sugiere una injerencia estratégica en el entorno más íntimo de la actual mandataria.
¿Amistad o consultoría en la sombra?
Díaz-Rosillo intenta desmarcarse de la etiqueta de asesor para evitar cuestionamientos éticos, pero su actividad lo delata. Resulta difícil de digerir que quien financia con miles de dólares a una candidata —bajo el rótulo de honorarios académicos— sea el mismo que aterriza constantemente en Lima para «dar consejos». Según declaró a La República, sus recomendaciones fluyen por confianza personal, pero los hechos muestran a un actor político extranjero con una permanencia prolongada en momentos críticos de la campaña presidencial, una dinámica que exige transparencia sobre la naturaleza real de sus funciones y el origen de su influencia.
El factor Cerimedo y las fotos que incomodan
El nombre de Fernando Cerimedo es el punto de quiebre en el relato oficial. Aunque Díaz-Rosillo afirma haber coincidido con él apenas unas veces y niega vínculos comerciales, la evidencia gráfica los ubica en el mismo radar estratégico. Desde una reunión en Buenos Aires en marzo de 2023 hasta la gala en Mar-a-Lago en febrero de 2026, donde Cerimedo fue captado conversando con Fujimori, el rastro del operador argentino es constante. A esto se suma la presencia de Javier Negre y socios de Cerimedo en la juramentación presidencial el pasado 28 de julio, un despliegue de aliados que el entorno de Fuerza Popular insiste en minimizar pese a las graves denuncias de sabotaje digital que pesan sobre el estratega.
Un patrón regional bajo sospecha
La conexión no parece ser un hecho aislado en el Perú. El binomio Díaz-Rosillo y Cerimedo se repite en las trayectorias de otros líderes de derecha en la región, como el chileno José Antonio Kast, el boliviano Rodrigo Paz y el hondureño Nasry Asfura. En todos estos escenarios, mientras el director del Centro Adam Smith aparece como el nexo académico-político, Cerimedo ha sido señalado por montar campañas de desprestigio. Esta estructura plantea interrogantes urgentes sobre si estamos ante una red de asesoría externa que opera bajo la fachada de fundaciones académicas para intervenir en procesos electorales latinoamericanos.
Lo que falta aclarar
- ¿Cómo justifica Carlos Díaz-Rosillo que su estancia en Perú pasara de 3 días en 2024 a 60 días en 2026 si su único rol es el de una «amistad» que da consejos al paso?
- Si Fernando Cerimedo no tuvo participación en la campaña de Fuerza Popular, ¿cuál fue el criterio para que sus socios más cercanos, como Javier Negre y Andrés Rivas, fueran invitados especiales en la juramentación y eventos privados de Keiko Fujimori?
- ¿Existe un conflicto de intereses real al ser, simultáneamente, el empleador que paga US$45 mil a la candidata y el consejero que admite influir en sus decisiones políticas?



