Espaldas encorvadas y cuellos doloridos: cómo el uso del celular está dañando nuestra postura y nuestra salud

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Por: David Parra Reyes Colaborador

En los últimos años, el celular se ha convertido en un compañero infaltable en las regiones y comunidades rurales de nuestro Perú. Ya sea para comunicarnos con parientes que viven en la ciudad, ver videos en los momentos de descanso o buscar información para nuestro quehacer cotidiano, el teléfono móvil está en manos de niños, jóvenes y adultos por igual. Sin embargo, junto con los beneficios de la tecnología, ha aparecido una costumbre silenciosa que está cambiando la forma en que nos paramos y nos sentamos. Si nos detenemos a mirar a las personas en la plaza, en los transportes o en el patio de la casa mientras usan el celular, notaremos una imagen repetida: la cabeza agachada, los hombros caídos hacia adelante y la espalda completamente encorvada. Esta mala posición, sostenida durante varias horas al día, está causando graves alteraciones en la postura corporal que amenazan la salud física y el bienestar de nuestras familias.

Estas deformaciones y dolores en la columna se producen por una razón muy sencilla de entender: el peso de la cabeza.

En una posición normal, cuando miramos hacia el frente con el cuello recto, la cabeza de un adulto pesa unos cinco kilos, un peso que nuestra columna vertebral y los músculos del cuello sostienen sin ningún problema. Sin embargo, cuando inclinamos la cabeza hacia abajo para mirar la pantalla del celular, ese peso se multiplica. Cuanto más agachamos el cuello, más fuerza tienen que hacer los músculos de la nuca y los huesos de la columna para evitar que la cabeza se caiga. Es como si cargáramos un saco pesado sobre el cuello durante horas sin darnos cuenta. Con el paso del tiempo, los músculos de la nuca se ponen duros y tensos, los hombros se van hacia adelante y la espalda pierde su forma natural, acostumbrando al cuerpo a vivir encorvado.

Las consecuencias de esta mala postura afectan directamente nuestra calidad de vida y nuestra capacidad para trabajar.

El síntoma más rápido en aparecer es un dolor constante en el cuello, los hombros y la parte alta de la espalda, que muchas veces sube hacia la cabeza provocando fuertes punzadas y mareos. A medida que la postura encorvada se vuelve permanente, el pecho se comprime, lo que impide que los pulmones se llenen bien de aire y hace que la persona se canse más rápido al caminar, cargar peso o trabajar en la chacra. Además, estar inclinado por horas desgasta las articulaciones de la columna antes de tiempo, causando adormecimiento en los brazos y las manos, pinchazos molestos y una constante sensación de cansancio. Para un agricultor, un ama de casa o un trabajador del campo, no poder moverse con libertad ni tener fuerza física representa un duro golpe para su economía y su vida diaria.

Esta situación es todavía más preocupante en los niños y adolescentes de nuestras comunidades, cuyos huesos y músculos están en pleno crecimiento.

Cuando un niño pasa horas agachado frente al celular, su cuerpo se moldea en esa mala posición, provocando la aparición de una joroba prematura y la desviación de la columna. Un niño con dolores de espalda constantes rinde menos en la escuela porque le cuesta estar sentado en la carpeta y pierde las ganas de salir a jugar, correr o hacer deporte al aire libre. La falta de aire y el malestar físico continuo hacen que los jóvenes se vuelvan sedentarios, irritables y propensos al cansancio, limitando su desarrollo justo en la etapa en que deberían crecer más fuertes y sanos.

¿Qué hacer para prevenir estas alteraciones posturales?

Afortunadamente, prevenir y corregir estas alteraciones posturales está en nuestras manos y no requiere de gastos de dinero, sino de cambiar pequeños hábitos diarios en la familia. La recomendación principal es levantar el celular a la altura de los ojos en lugar de agachar la cabeza hacia la pantalla, manteniendo la barbilla levantada. Para no cansar los brazos, se pueden apoyar los codos sobre la mesa o sobre el pecho. Asimismo, es fundamental hacer pausas cada veinte o treinta minutos de uso del teléfono; en esos descansos se debe levantar la mirada, llevar los hombros hacia atrás, estirar el cuello suavemente hacia los lados y mirar al horizonte para relajar la vista y la columna. También debemos fomentar en casa el ejercicio y el estiramiento diario, pues actividades sencillas como caminar a paso firme, estirar los brazos hacia arriba y mantener la espalda recta al sentarse fortalecen los músculos que sostienen nuestro cuerpo.

En nuestras comunidades rurales, la salud física y la fuerza para el trabajo son los tesoros más grandes que tenemos para sacar adelante a nuestras familias. No permitamos que un aparato tan pequeño como el celular le robe la postura recta, la energía y la vitalidad a nuestros hijos ni a nosotros mismos. Enseñemos con el ejemplo a usar la tecnología de forma inteligente, levantando la cara para mirar el paisaje, conversar con los seres queridos y mantener la espalda firme ante la vida. Una postura erguida no solo protege nuestros huesos y músculos, sino que nos permite caminar con salud, dignidad y fuerza para el mejor desempeño de nuestras actividades y calidad de vida.

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