Ofek: La postura de Israel frente a una Gaza sin Hamás y el peso de la presión externa
A pocos meses de elecciones en Israel y en medio de la presión de Washington por un alto al fuego, Amir Ofek defiende la postura de su país frente a Hamás y insiste en que la salida pasa por un futuro sin el grupo armado en el poder — una condición que, según él, no cierra la puerta a la solución de dos Estados, sino que la precede.

Fuente de imagen: La República
El embajador Amir Ofek endurece el discurso diplomático: condiciona cualquier salida política a la eliminación del grupo armado y minimiza las fracturas del gabinete de Netanyahu.
En un escenario de alta volatilidad marcado por la proximidad de comicios en Israel y las crecientes fricciones con Washington, el embajador israelí para América Latina, Amir Ofek, ratificó que su país no tolerará una Gaza bajo el mando de Hamás. Durante un encuentro en Lima, el diplomático sostuvo que la erradicación del poder militar de la organización es una «línea roja» innegociable, incluso frente a las sugerencias de figuras como Donald Trump sobre la supuesta falta de voluntad de paz en Jerusalén. Sin embargo, este discurso de firmeza choca con una realidad interna donde exjefes militares cuestionan la estrategia oficial y una comunidad internacional que exige respuestas ante la catástrofe humanitaria en la Franja.
La narrativa del enemigo sin rostro y el rechazo histórico
Según Ofek, el obstáculo para la solución de dos Estados no reside en la postura israelí, sino en lo que califica como una ausencia sistemática de una contraparte palestina dispuesta al compromiso. El embajador atribuye a Hamás una ideología de destrucción total que, según su versión, cuenta con el respaldo de gran parte de la población civil en Gaza. Bajo esta lógica, el diplomático justifica el control militar estricto, alegando que la ayuda humanitaria es desviada hacia el mercado negro para financiar arsenales, aunque evita detallar mecanismos alternativos que garanticen la supervivencia civil sin fortalecer al grupo armado.
Minimizando la crisis política interna
Al ser consultado sobre las duras críticas de figuras como Gadi Eisenkot y la evidente polarización de la sociedad israelí frente a la gestión de Benjamin Netanyahu, Ofek optó por desvincular la política electoral de la estrategia militar en Gaza. Para el representante diplomático, las discrepancias en el Parlamento son cuestiones domésticas —como la disputa entre sectores ortodoxos y seculares— que no alteran el consenso sobre la guerra. Esta postura ignora el peso de las voces internas que exigen una rendición de cuentas por los fallos de seguridad del 7 de octubre y la viabilidad de una guerra de desgaste sin un plan de salida política claro.
El factor regional: Irán y el frente libanés
El embajador también trazó un panorama sobre la influencia de Irán en la región, asegurando que el régimen de Teherán y su proxy, Hezbolá, se encuentran en una posición de debilidad inédita. Ofek sostiene que, por primera vez, existe un espacio para la negociación con Líbano debido al rechazo social interno contra el grupo chiíta. No obstante, esta lectura optimista sobre la geopolítica regional contrasta con la persistencia de las cadenas de suministro de armas que, según el propio diplomático, permiten a las milicias mantener arsenales activos a pesar de años de operaciones de desmantelamiento por parte de las FDI.
Lo que falta aclarar
- ¿Cómo pretende Israel establecer una administración civil en Gaza si, según el embajador, la estructura social palestina está intrínsecamente ligada al respaldo de Hamás?
- Si el 80% del poder militar de los proxies de Irán ha sido destruido, ¿por qué la seguridad fronteriza de Israel sigue dependiendo de una movilización militar masiva y costosa?
- ¿Cuál es el sustento fáctico para afirmar que las críticas de exjefes militares contra Netanyahu no afectan la conducción de la guerra, cuando estas señalan vacíos estratégicos críticos?
