Huánuco bajo amenaza: Siete puntos críticos y una gestión que no detiene el colapso
Seis están vinculados a construcciones junto a la línea de conducción. La nueva alerta llega después de colapsos, cortes y advertencias sobre una infraestructura que SEDA reconoce como antigua y vulnerable

Mientras la infraestructura de SEDA Huánuco agoniza con 90 años de antigüedad, las construcciones ilegales avanzan ante la pasividad de las autoridades.
La seguridad hídrica de Huánuco pende de un hilo, o mejor dicho, de una infraestructura obsoleta que el propio SEDA Huánuco reconoce como vulnerable. Una reciente inspección realizada el 29 de agosto en el sector El Platanal–Pucuchinche ha encendido las alarmas al identificar siete puntos críticos que ponen en riesgo el abastecimiento de agua cruda. Lo alarmante no es solo el deterioro físico de un canal que superó su vida útil hace décadas, sino la incapacidad de las autoridades para frenar construcciones indebidas que, pese a las suspensiones previas, continúan socavando los taludes y amenazando con dejar a más de 200 mil usuarios secos, repitiendo la pesadilla vivida en marzo de este año.
De cinco a siete: la inacción se traduce en peligro
En apenas tres meses, el inventario de riesgos ha crecido. Si el 27 de mayo el gerente general de SEDA Huánuco, Mirko Jurado Dueñas, informaba sobre cinco puntos críticos tras una rotura que afectó al 50 % de la población, hoy la cifra se eleva a siete. Según la EPS, seis de estos focos de peligro están directamente vinculados a edificaciones irregulares junto a la línea de conducción. ¿Cómo es posible que, tras los colapsos de mayo y los cortes masivos de 72 horas en marzo, el riesgo siga en aumento en lugar de mitigarse? La falta de precisión técnica sobre si estos son nuevos sectores o una reclasificación de riesgos antiguos solo profundiza la incertidumbre sobre el verdadero estado de la red.
Construcciones impunes sobre infraestructura crítica
El escenario detectado en la inspección para la Comisión Regional Anticorrupción de Huánuco (CRAH) es un retrato de la anarquía urbana. En el talud del canal de riego y la línea de conducción se verificó que las obras civiles continúan activas a pesar de existir órdenes de suspensión. SEDA ha reportado filtraciones y condiciones que comprometen la estabilidad de la estructura, una situación que ya en febrero de 2022 fue calificada como de «peligro alto». La impunidad con la que se interviene el terreno evidencia una desconexión crítica entre la vigilancia de la empresa prestadora, la Municipalidad Provincial y el Gobierno Regional.
La promesa de los 103 millones frente a una red de 90 años
Mientras la población depende de un sistema cuya antigüedad se estima entre 60 y 90 años, las soluciones estructurales siguen atrapadas en el papel. El proyecto de una nueva línea de conducción desde Canchán, valorizado en aproximadamente S/103 millones, aparece intermitentemente en el discurso oficial como la gran salvación. Sin embargo, mientras se gestionan informes de Evaluación de Riesgos (EVAR) y se conforman equipos técnicos, la realidad es que el sistema de captación ya colapsó en mayo con una rotura de cinco metros en Pucuchinche. La gestión pública parece esperar el próximo desastre para reaccionar, en lugar de ejecutar la inversión que Huánuco, Amarilis y Pillco Marca exigen con urgencia.
Lo que falta aclarar
- ¿Por qué se permitió que las construcciones en el talud continuaran operando si supuestamente ya habían sido suspendidas por la autoridad competente?
- ¿Cuál es el cronograma real y el estado de financiamiento de los S/103 millones destinados a la nueva línea de conducción desde Canchán?
- ¿Qué funcionarios son responsables de la omisión de funciones al no haber impedido el avance de las edificaciones que hoy tienen al sistema al borde del colapso?
- ¿El nuevo informe que SEDA remitirá a la Municipalidad y al Gobierno Regional incluye medidas de contingencia inmediatas o es solo un trámite burocrático más?
