SJL: Sicariato cobra dos nuevas vidas en Huáscar ante la incapacidad de las autoridades
El crimen no para. Las víctimas, Joshimar Mayta Galarza, de 36 años, y Roberto Celestino Cajas, de 21, intentaron escapar de los disparos realizados por dos sujetos en motocicleta. Mayta pudo avanzar dos cuadras antes de caer.

Fuente de imagen: La República
Joshimar Mayta y Roberto Celestino fueron acribillados por sujetos en moto. La PNP apunta a un presunto ajuste de cuentas en una zona sin control.
La violencia en San Juan de Lurigancho (SJL) no es una percepción, es una estadística sangrienta que el Ministerio del Interior parece incapaz de frenar. La noche del domingo 6 de septiembre, el asentamiento humano Santa Rosa-Huáscar se convirtió nuevamente en escenario de un doble homicidio. Joshimar Jefferson Mayta Galarza (36) y Roberto Isaías Celestino Cajas (21) fueron las víctimas de un ataque directo perpetrado por sicarios en motocicleta, quienes abrieron fuego en el pasaje El Rosal tras un encuentro deportivo, dejando en evidencia que el control territorial en el distrito más poblado del país sigue en manos de la criminalidad organizada.
Ejecución a sangre fría y persecución
Según la información recabada por la Policía Nacional del Perú (PNP), los atacantes interceptaron a Mayta y Celestino mientras estos consumían bebidas alcohólicas luego de jugar fútbol. El ensañamiento fue tal que Mayta Galarza, en un intento desesperado por salvar su vida, buscó refugio debajo de un vehículo de transporte público; sin embargo, tras ser alcanzado por los proyectiles, logró avanzar apenas dos cuadras antes de desplomarse. Roberto Celestino no tuvo oportunidad de huir y falleció en el lugar del ataque, mientras los presuntos asesinos escapaban impunemente hacia la zona de Santa Rosita.
El peso de los antecedentes y la tesis fiscal
La División de Investigación Criminal (Depincri) ha centrado sus primeras pesquisas en el historial de Joshimar Mayta Galarza. De acuerdo con los registros de la PNP, el hombre de 36 años presentaba antecedentes policiales por presunto tráfico ilícito de drogas, hurto y delitos contra la seguridad pública en los años 2015, 2024 y 2025. Esta recurrencia delictiva refuerza la hipótesis policial de un presunto ajuste de cuentas. No obstante, queda en el aire la pregunta sobre qué tipo de seguimiento o medidas de control existían sobre un ciudadano con tal prontuario que seguía transitando libremente por zonas de alta peligrosidad.
Operativos reactivos frente a una delincuencia proactiva
Tras el doble asesinato, agentes de la División de Emergencia y el Escuadrón de Halcones desplegaron un operativo en el sector para dar con los responsables, pero, como suele ocurrir en estos casos, los resultados fueron nulos en cuanto a capturas inmediatas. Mientras la PNP se limita a realizar diligencias post mortem y recoger casquillos, los delincuentes demuestran una planificación superior, utilizando motocicletas para garantizar una huida rápida en un distrito donde la vigilancia por cámaras y el patrullaje preventivo brillan por su ausencia en los sectores más vulnerables.
Lo que falta aclarar
- ¿Por qué las estrategias de inteligencia de la PNP no logran desactivar estos focos de violencia antes de que se produzcan los ataques, considerando que una de las víctimas ya era recurrente en el sistema policial?
- ¿Cuál es el estado real de las cámaras de videovigilancia en el asentamiento humano Santa Rosa-Huáscar y por qué no se ha informado sobre el seguimiento de la ruta de escape de la motocicleta?
- ¿Qué acciones concretas está tomando la comisaría del sector para evitar que las losas deportivas sigan siendo puntos de concentración que terminan en tragedias de sicariato?

