Pantallas que roban infancias: Lo que el celular le está haciendo al cerebro de tu hijo

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Por: David Parra Reyes Colaborador

Hoy en día, el celular y el internet han llegado a casi todos los rincones de nuestro Perú. Aunque son herramientas muy útiles para comunicarnos con familiares lejanos y buscar información, el uso exagerado de los teléfonos está afectando la salud, los estudios y la tranquilidad de los más pequeños del hogar. Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y diversos especialistas en pediatría aconsejan establecer límites claros desde muy pequeños. Para los bebés de 0 a 2 años la recomendación es de cero pantallas, evitando cualquier contacto con celulares, tabletas o televisión. En el caso de los niños de 3 a 5 años, el tiempo debe restringirse a un máximo de 30 minutos a 1 hora al día y siempre en compañía de un adulto, mientras que para los menores de 6 a 12 años el límite debe ser de 1 a 2 horas diarias como máximo, priorizando su uso para las tareas escolares.

El exceso en el uso de estos dispositivos genera severos daños en la vida de nuestros hijos. En el aspecto físico, favorece la "gordura" e incrementa el riesgo de problemas graves como la diabetes, males vasculares y cardíacos, demostrando que el daño provocado es muy superior a la supuesta "tranquilidad" que estos aparatos ofrecen a los padres. Asimismo, produce dolores en el cuello, muñecas y manos por permanecer agachados durante horas, sumado al daño en la vista por enfocar de cerca por tiempo prolongado. A nivel mental y emocional, los estudios demuestran que 1 de cada 11 niños de entre 8 y 18 años sufre de adicción a las nuevas tecnologías, lo que aumenta las tasas de depresión, ansiedad infantil, aislamiento, déficit de atención, trastorno bipolar, psicosis y otros problemas de conducta, separando a los menores de su entorno, amigos y familiares.

Esta sobreexposición también interrumpe el desarrollo escolar y la convivencia familiar. Al acostumbrarse a videos breves y entretenidos, los niños pierden la capacidad de concentrarse en las explicaciones del profesor y en la lectura. A esto se suma que la luz de la pantalla engaña al cerebro y le quita el sueño, provocando que el niño se levante renegando y sin energías para estudiar. Además, sin la mirada de un adulto, los menores quedan expuestos a contenidos violentos, a imitar malas conductas o a contactarse con desconocidos engañosos, prefiriendo aislarse en la soledad del teléfono antes que conversar en la mesa o compartir con sus padres y hermanos. Al intentar retirarles el aparato, suelen reaccionar con berrinches intensos y una frustración exagerada debido a la pérdida repentina de su fuente de placer rápido.

Un impacto especialmente grave se observa en los retrasos en el desarrollo del lenguaje y la comunicación. El aprendizaje del habla no ocurre mirando una pantalla, sino escuchando a personas reales, mirando sus rostros y conversando en el día a día. Al pasar demasiado tiempo con el celular, el niño pierde oportunidades valiosas para oír nuevas palabras, hacer preguntas y practicar su pronunciación, provocando que empiece a hablar más tarde de lo normal, tenga un vocabulario muy reducido y sufra para expresar con claridad lo que siente o necesita. Igualmente, al acostumbrarse a contenidos visuales y rápidos, se le dificulta escuchar con atención a los demás, seguir instrucciones y mantener una conversación fluida con sus amigos, profesores o familiares.

Para reducir el uso del celular sin causar pataletas, se requiere acompañar al cerebro infantil mediante estrategias progresivas y hábitos en familia. Para evitar la frustración repentina, se debe anticipar el fin del tiempo de pantalla avisándole unos minutos antes o emplear un reloj con alarma externa, de modo que el niño entienda que la regla la marca el tiempo y no una imposición caprichosa. Al retirar el celular, resulta fundamental no usarlo como una "niñera" para que se queden quietos o dejen de llorar, sino sustituir el estímulo con alternativas activas como el juego libre, el dibujo o el deporte para evitar dejar un vacío de entretenimiento.

No se trata de prohibir la tecnología, sino de enseñar a usarla con respeto y en su debido momento. En nuestra comunidad podemos promover el juego al aire libre en el campo, animándolos a correr, saltar la soga o jugar a las canicas y al trompo, pues el movimiento físico los mantiene sanos y fuertes. Asimismo, es necesario fijar reglas y horarios en casa, teniendo una hora fija para guardar el teléfono, evitando su uso durante el almuerzo o la cena familiar, y manteniendo noches libres de pantallas al retirar los dispositivos de los dormitorios antes de dormir. Todo esto debe complementarse supervisando los contenidos o juegos que consumen y educando con el ejemplo, ya que si los padres pasan su tiempo libre mirando la pantalla, los niños imitarán esa conducta. El mejor aprendizaje en nuestras comunidades sigue estando en el juego compartido, el trabajo en equipo, la conversación en familia y el contacto con la naturaleza, haciendo que la tecnología sea un apoyo para el progreso y no un obstáculo para la crianza de nuestros hijos.

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