Petroperú: El retorno de Oliver Stark tras una purga por aumentos y caos gerencial

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El Ejecutivo fulmina al directorio de Lizarzaburu tras revelarse una cuestionada creación de gerencias y alzas salariales en plena crisis de la estatal.

La inestabilidad en Petroperú ha alcanzado un nuevo pico de tensión. Tras la aprobación sorpresiva de una estructura gerencial que incluía la creación de nuevos puestos y aumentos en las remuneraciones el pasado jueves 5 de agosto, el Ejecutivo decidió cortar por lo sano. La respuesta oficial ha sido la remoción inmediata de Edmundo Lizarzaburu y casi la totalidad de su plana directiva, dejando únicamente a Carlos Linares como sobreviviente en la vicepresidencia. En este escenario de desorden administrativo, Oliver Stark regresa a la presidencia del directorio con la urgencia de retomar una reestructuración que parece estancada en promesas.

Una reorganización bajo sospecha

El malestar en el Gobierno no es gratuito. Según fuentes periodísticas, la decisión de Lizarzaburu de modificar la estructura interna de la petrolera —justo cuando la empresa exige austeridad— fue el detonante de su salida. Stark asume el mando acompañado por César Burga, Daniel Ortega y Víctor Andrés Belaunde, un equipo que deberá lidiar con las esquirlas de una gestión que priorizó el crecimiento de la burocracia sobre la eficiencia financiera. ¿Cómo se explica que una empresa al borde del colapso pretenda incrementar sus gastos operativos en cargos directivos?

Las deudas pendientes de la gestión Stark

No es la primera vez que Oliver Stark tiene las llaves de la estatal; su breve paso entre junio y septiembre de 2024 dejó agendas abiertas que hoy cobran mayor relevancia. Fue él quien puso sobre la mesa la necesidad de una auditoría forense para la Nueva Refinería de Talara, específicamente por las fallas en la planta de flexicoking (FCK), una herramienta de transparencia que hasta el día de hoy no se ha concretado. Stark vuelve al origen del problema con el mandato de coordinar con ProInversión, pero con la sombra de una operatividad que sigue generando dudas técnicas y financieras.

¿Mudanza real o estrategia de distracción?

Entre las propuestas más polémicas de Stark figura el traslado de todo el personal administrativo a Talara y la venta o concesión de la sede principal en Corpac. Esta medida, que busca reducir el peso muerto de la burocracia en Lima, requiere de una ejecución política que hasta ahora Petroperú no ha sabido demostrar. Con la designación próxima a oficializarse ante la SMV, la pregunta es si Stark tendrá el respaldo político suficiente para ejecutar estos cambios drásticos o si su retorno es solo un movimiento reactivo para calmar las aguas tras el escándalo de los sueldos.

Lo que falta aclarar

  • ¿Por qué no se ha ejecutado hasta hoy la auditoría forense sobre la Refinería de Talara que el propio Stark propuso en su gestión anterior?
  • ¿Cuál es el sustento técnico detrás de la creación de gerencias y aumentos salariales que intentó implementar la gestión saliente de Lizarzaburu?
  • ¿Existe un cronograma real y presupuesto asignado para el traslado de las operaciones administrativas a Talara, o se trata de una promesa recurrente para evitar nuevos rescates financieros?
  • ¿Qué garantías hay de que la coordinación con ProInversión no termine en otro proceso burocrático sin resultados concretos para los contribuyentes peruanos?

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