Castillo de Huarmey: El perro sin pelo como símbolo de poder y sacrificio Wari

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Nuevas evidencias físicas confirman que esta raza acompañaba a la élite de Áncash hace 1,200 años, revelando una crianza controlada y rituales con cinabrio.

La reciente investigación publicada en el Journal of Anthropological Archaeology sobre el complejo Castillo de Huarmey no es solo un hito científico; es un recordatorio de las brechas que aún persisten en nuestro entendimiento de las jerarquías prehispánicas. El hallazgo de la primera evidencia física del perro sin pelo peruano en un contexto Wari, fechado hace más de 1,200 años, desmantela la idea de que este animal era exclusivo de épocas tardías y lo sitúa en el epicentro del poder y el ritualismo de la costa norte peruana.

Más que compañía: Sacrificio y pigmentos rituales

Según el estudio, los restos de al menos 19 canes —tres de ellos identificados con alta probabilidad como perros sin pelo— no fueron hallazgos fortuitos en el centro ceremonial construido entre los años 600 y 1050 d. C. El uso de cinabrio rojo en un cráneo momificado que aún conservaba piel y orejas evidencia un tratamiento funerario de alta complejidad. ¿Estamos ante una especie que era considerada un puente hacia el más allá para la élite de Huarmey o simplemente un bien suntuario más para exhibir estatus?

Una dieta de privilegio bajo el control Wari

El análisis de los 341 restos óseos recuperados revela datos que obligan a repensar la domesticación: algunos cachorros consumían una dieta rica en maíz, similar a la de los niños de la época. Esto sugiere una crianza controlada y un cuidado que superaba lo meramente utilitario. Los perros no solo convivían con la élite; según los investigadores, recibían cuidados directos que los integraban en las prácticas de crianza de los sectores más altos de la sociedad Wari.

El perro como ofrenda del Maestro Cestero

La ubicación de los restos en el mausoleo es reveladora. Un cachorro fue hallado junto al llamado “Maestro Cestero”, un artesano de élite, mientras otros aparecieron cerca de guardianes sacrificados en rituales funerarios. La presencia de una vasija ceremonial con la forma de este animal refuerza su valor simbólico. Sin embargo, este despliegue de iconografía y restos biológicos plantea interrogantes sobre la magnitud de los sacrificios animales necesarios para sostener la cosmología de un centro que operó por más de cuatro siglos.

Lo que falta aclarar

  • ¿Por qué, tras décadas de arqueología en la zona, recién se logra consolidar la primera evidencia física concluyente de esta raza en un contexto de hace 1,200 años?
  • ¿Cuál era el criterio de selección para los animales sacrificados: se criaban específicamente para morir junto a sus dueños de élite?
  • ¿Qué otros centros ceremoniales Wari podrían albergar hallazgos similares que han sido ignorados por falta de análisis bioarqueológicos detallados?

Cráneo de cachorro hallado en el yacimiento de Castillo de Huarmey. Foto: Weronika Tomczyk

Vasija antropomórfica que representa a un perro peruano sin pelo, procedente del mausoleo de la élite en Castillo de Huarmey. Foto: Miłosz Giersz

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