Brote de mano, pie y boca obliga a suspender clases y expone negligencia sanitaria en colegio inicial de Huánuco

La aparición de presuntos casos de la enfermedad de mano, pie y boca en niños del nivel inicial de la institución educativa Cuna Jardín Laurita Vicuña Pino ha derivado en la suspensión de clases hasta el próximo 30 de abril, en medio de cuestionamientos por la presunta falta de medidas preventivas y respuesta oportuna por parte del plantel.
La decisión de interrumpir las actividades académicas confirma la gravedad de la situación sanitaria que, según testimonios de padres de familia, ya venía generando preocupación desde días atrás. Varios menores habrían presentado síntomas como fiebre, dolor de garganta, lesiones en la piel y dificultades para alimentarse, lo que encendió las alertas sobre un posible brote dentro de las aulas.
Uno de los casos relatados indica que una niña fue trasladada a una clínica privada tras presentar los primeros síntomas, donde posteriormente se confirmó el diagnóstico. Este tipo de infección viral, común en menores de cinco años, puede extenderse entre tres y diez días y requiere aislamiento domiciliario para evitar su propagación.
Suspensión tardía y cuestionamientos
Para los padres, la suspensión de clases no representa una medida preventiva temprana, sino una reacción tardía frente a un problema que —afirman— ya había sido advertido. “Se ha tenido que llegar a suspender las clases para que recién se reconozca la gravedad. Antes no hubo acciones visibles”, señaló uno de los familiares.
El principal cuestionamiento gira en torno a la ausencia de protocolos claros. Según los testimonios recogidos, no se habría comunicado un plan de desinfección, aislamiento de casos ni coordinación directa con centros de salud, lo que incrementó la incertidumbre entre las familias.
Especialistas advierten que, al no existir una vacuna específica contra la enfermedad de mano, pie y boca, la prevención resulta clave. Medidas como el lavado constante de manos, la limpieza de superficies y la exclusión temporal de menores infectados son fundamentales para contener el contagio, especialmente en entornos escolares.
Crisis de confianza y rechazo al programa alimentario
El brote sanitario coincide con un conflicto previo que ha debilitado la relación entre padres de familia y la administración del colegio. Un informe fechado el 25 de marzo de 2026 revela que 19 de los 23 asistentes a una reunión del aula de 4 años decidieron no participar en el Programa de Alimentación Escolar.
Este rechazo mayoritario, superior al 80%, no sería un hecho aislado. Padres consultados lo vinculan con antecedentes de malestares estomacales en menores y con la percepción de que sus observaciones no han sido atendidas con la debida diligencia.
Incluso, algunos familiares aseguran haber presentado documentos médicos solicitando restricciones alimentarias específicas, sin que estos pedidos fueran considerados. “Esto no es reciente. Es una cadena de situaciones que no se han atendido a tiempo”, indicó uno de los padres.
La coincidencia entre el brote viral y este antecedente refuerza la idea de un problema estructural en la gestión del bienestar estudiantil.
UGEL bajo presión
Ante la falta de respuestas concretas por parte del plantel, las familias acudieron a la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL), donde presentaron evidencias, incluyendo fotografías y registros de los menores afectados.
Según indicaron, una funcionaria del área de educación inicial habría anunciado una visita inopinada al colegio, aunque sin precisar una fecha. Mientras tanto, los padres preparan un nuevo documento solicitando acciones inmediatas, entre ellas desinfección periódica y la implementación de protocolos sanitarios claros.
Silencio institucional y escenario abierto
Hasta el cierre de esta edición, ni la dirección del colegio ni la UGEL han emitido un pronunciamiento oficial sobre la situación. Este silencio institucional ha intensificado la preocupación de las familias, que exigen medidas concretas para garantizar la seguridad de los menores.
La suspensión de clases hasta el 30 de abril marca un punto crítico en esta crisis. Sin embargo, la medida por sí sola no resuelve las interrogantes de fondo: qué acciones se implementarán para evitar nuevos contagios y si se asumirán responsabilidades por una reacción que, según los padres, llegó demasiado tarde.
El caso deja en evidencia no solo un problema sanitario puntual, sino también una fragilidad en los mecanismos de prevención y respuesta dentro del entorno educativo. En un contexto donde los más vulnerables son niños en etapa inicial, la exigencia de acciones claras ya no es una opción, sino una urgencia.
