La desinformación como arma política: Congresista Muñante bajo el fuego por frenar crucial Ley de Cuidados Paliativos
La aprobación de la Ley de Cuidados Paliativos, una iniciativa fundamental para miles de peruanos que enfrentan enfermedades graves y terminales, se encuentra estancada en el Congreso de la República. El motivo: la difusión de información imprecisa por parte del congresista Alejandro Muñante, quien ha sembrado la confusión al asegurar que el proyecto «abriría paso a la eutanasia». Frente a esta postura, Indyra Oropeza, presidenta de la organización «Con L de Leucemia» y activa defensora de los derechos de los pacientes, alza su voz en una crítica contundente contra la irresponsabilidad legislativa y el uso de la desinformación en un tema de salud pública que clama por atención.
Oropeza, cuya propia experiencia como paciente de leucemia la ha llevado a postular al Congreso por Libertad Popular, ha dedicado años a visibilizar las profundas deficiencias del sistema de salud peruano. En diálogo con La República, ella no duda en calificar la actitud de Muñante como «irresponsable», enfatizando que «no se puede votar desde la desinformación» cuando se trata de una ley que impactará directamente en la dignidad y la calidad de vida de los ciudadanos más vulnerables.
La cruda realidad de una brecha dolorosa
El panorama de los cuidados paliativos en Perú es desolador. Según los datos expuestos por Indyra Oropeza, aproximadamente 159,000 peruanos requieren anualmente este tipo de atención, pero un alarmante 80% no la recibe. «La brecha existe y la brecha es grande», sentencia Oropeza, señalando la precaria infraestructura: solo 29 equipos especializados en cuidados paliativos a nivel nacional, con 14 regiones careciendo incluso de equipos completos. Esta realidad condena a miles a un sufrimiento innecesario, una falencia que, a juicio de la activista, el Estado no puede seguir ignorando.
Para Oropeza, la ausencia de un marco normativo sólido que garantice recursos, medicamentos esenciales y capacitación constante al personal de salud equivale a una «omisión de auxilio» por parte del Estado. Los pacientes con enfermedades degenerativas o terminales, que no dejarán de sentir dolor, necesitan una respuesta urgente y efectiva.
Desmintiendo un debate malintencionado: Paliativos no son Eutanasia
El punto central de la controversia radica en la supuesta confusión entre cuidados paliativos y eutanasia, una falacia que, según Oropeza, ha sido instrumentalizada por sectores conservadores, como el partido Renovación Popular al que se asocia el congresista Muñante. La presidenta de «Con L de Leucemia» es enfática en aclarar las diferencias conceptuales:
«Los cuidados paliativos buscan una atención integral para aliviar el dolor y otros síntomas físicos, emocionales y sociales asociados a enfermedades graves. Su finalidad es mejorar la calidad de vida del paciente mientras transita por una enfermedad terminal, sin adelantar la muerte», explica Oropeza. Como ejemplo, menciona el uso de morfina en pacientes con cáncer avanzado para mitigar el dolor, sin la intención de provocar el deceso.
Por el contrario, la eutanasia es un procedimiento cuyo objetivo expreso es terminar con la vida a solicitud del paciente. «Son cosas totalmente distintas, con marcos éticos y legales completamente diferentes», subraya Oropeza, lamentando que «confundirlas, como lo está haciendo el congresista Muñante, es irresponsable y pone en riesgo a las personas que necesitan protección y cuidado. Esto es un problema de salud pública».
La postura de Oropeza no es aislada. El mismo Colegio Médico del Perú ha emitido comunicados oficiales desmintiendo la interpretación errónea que vincula la Ley de Cuidados Paliativos con la eutanasia, respaldando el enfoque técnico y humanitario de la propuesta.
Clarificando los «tratamientos fútiles»
Otro punto de fricción es el concepto de «rechazo voluntario de tratamientos fútiles», que Muñante ha presentado como un posible riesgo. Oropeza lo aclara: «Fútil significa inútil o que no tiene efecto». Explica que esta situación ocurre cuando un paciente llega a un punto en que los tratamientos ya no ofrecen curación ni calidad de vida. En ese momento, el enfoque cambia a los cuidados paliativos para acompañar al paciente, aliviar su dolor y síntomas, y brindar soporte psicológico y espiritual a él y a su familia, sin buscar adelantar su muerte. La activista insiste en que no hay confusión posible entre este acompañamiento digno y la eutanasia.
Beneficios tangibles y la necesidad de financiamiento
La aprobación de la ley, según Oropeza, sentaría un primer marco normativo indispensable. Garantizaría el acceso obligatorio a cuidados paliativos en todo el sistema de salud (público y privado), aseguraría un financiamiento estable y una distribución equitativa de los servicios a nivel nacional. Además, se asegurarían los medicamentos esenciales para el manejo del dolor y se capacitaría a los profesionales de la salud desde el pregrado. «Lo que va a ayudar esta ley es que va a proteger el derecho de cada paciente a no sufrir de manera innecesaria», enfatiza.
Sin embargo, Oropeza advierte que una ley en papel no es suficiente. El primer paso tras su eventual aprobación debería ser la asignación de una «plaza presupuestal» específica para los cuidados paliativos, lo que permitiría financiar medicamentos y programas de formación. Para asegurar su implementación efectiva y evitar que quede en letra muerta, la fiscalización ciudadana será «vital y obligatoria», siguiendo el modelo de iniciativas como el «semáforo oncológico» que ella misma cofundó.
El alto costo del abandono y la desigualdad
Cuando un paciente en Perú no tiene acceso a cuidados paliativos, la consecuencia es el sufrimiento puro y la falta de dignidad. «Simplemente no hay calidad de vida», resume Oropeza, reiterando que «el dolor no se debate, se atiende».
La situación se agrava al considerar la profunda desigualdad económica. Si bien existen clínicas privadas que ofrecen cuidados paliativos, sus costos son prohibitivos para la gran mayoría de la población. Oropeza estima que los gastos diarios por atención de enfermería, consulta médica y medicamentos esenciales pueden superar los S/2,500, una cifra inalcanzable para muchas familias. Además, al no existir un marco normativo que regule la calidad de estos servicios privados, los pacientes carecen de mecanismos para reclamar. «El dolor tiene que ser atendido para todos, no solamente para los que pueden pagar una clínica privada», afirma.
Un llamado a la conciencia y la responsabilidad política
Indyra Oropeza califica la resistencia congresal como «netamente desinformación», lamentando que legisladores llamados a votar sobre proyectos cruciales no se tomen el tiempo de informarse. «Las decisiones políticas se deben tomar con evidencia, no con miedo y sobre todo con humanidad y sin prejuicios», asevera, subrayando que no se trata de estadísticas, sino de «personas que hoy mismo están sufriendo sin necesidad».
Su mensaje a los congresistas que dudan es directo: «Yo llamaría a la información… ese argumento [que es una fachada para la eutanasia] es falso, es técnicamente incorrecto y ya ha sido desmentido por especialistas, por médicos, incluso por las asociaciones de pacientes [y el Colegio Médico del Perú]». La desinformación, advierte, tiene «consecuencias graves», como la detención de esta ley y la prolongación del sufrimiento de miles. La Organización Mundial de la Salud recomienda entre dos y tres equipos de cuidados paliativos por cada 100,000 habitantes, una meta de la que Perú está muy lejos con sus 29 equipos incompletos.
Un compromiso personal para un cambio sistémico
La experiencia de Oropeza es un testimonio vivo del sistema de salud. De las quince personas con las que fue diagnosticada, solo ella sobrevive. Muchas de ellas «no tuvieron acceso a cuidado paliativo», dejando tras de sí «el dolor de su familia… el dolor de padres, el dolor de hermanos, el dolor de esposos, de esposas, viendo cómo la persona que aman transita por el final de una enfermedad que ya de por sí es difícil y que se siente un abandono por parte del Estado que tampoco las ayuda a transitar ese último tramo».
Si logra un escaño en el Congreso, Indyra Oropeza promete impulsar la Ley de Cuidados Paliativos y cualquier iniciativa que mejore un sistema de salud que califica de «lucha constante y dura». «Para mí siento que sobrevivir no es suficiente. Hay que cambiar el sistema porque las personas no pueden seguir enfrentándose a las mismas piedras y a los mismos baches», concluye, haciendo un llamado a los tomadores de decisiones a actuar con base en la evidencia y la urgencia humana. El dolor, insiste, no se debate, se atiende.
