Pucallpa: la salud pública se cae a pedazos
Ministro de Salud encontró equipos inoperativos, servicios provisionales y graves deficiencias en hospitales de Ucayali. La crisis no es reciente: organismos de control ya habían advertido infraestructura deteriorada, equipos médicos sin funcionar y una obra hospitalaria que supera los S/700 millones y que debía estar terminada hace siete años.

Ministro de Salud encontró equipos inoperativos, servicios provisionales y graves deficiencias en hospitales de Ucayali. La crisis no es reciente: organismos de control ya habían advertido infraestructura deteriorada, equipos médicos sin funcionar y una obra hospitalaria que supera los S/700 millones y que debía estar terminada hace siete años.
El ministro de Salud, Luis Dyer, llegó el viernes 28 de agosto a Pucallpa con una agenda que tenía entre sus principales actividades impulsar la vacunación contra el dengue. Sin embargo, bastó recorrer algunos establecimientos para que la visita terminara convirtiéndose en una radiografía mucho más incómoda de la salud pública de Ucayali.
Equipos que no funcionan, infraestructura provisional convertida prácticamente en permanente, falta de insumos y servicios que sobreviven entre limitaciones terminaron desplazando cualquier discurso optimista. Lo encontrado fue suficientemente serio como para que el propio ministro planteara revisar el modelo de descentralización de los hospitales regionales y evaluar que su administración pueda regresar al Ministerio de Salud.
No es una declaración menor. Que el máximo responsable del sector visite Ucayali y termine cuestionando el sistema bajo el cual el Gobierno Regional administra sus hospitales revela que el problema ha dejado de ser circunstancial.
Una precariedad imposible de ocultar
Dyer inspeccionó el Hospital Regional de Pucallpa, el Hospital Amazónico de Yarinacocha y varios centros de salud. Recorrió unidades de cuidados intensivos, áreas de hospitalización, emergencia y esterilización, donde pudo observar directamente las condiciones bajo las cuales médicos y enfermeras atienden diariamente.
El ministro reconoció la existencia de equipos inoperativos y cuestionó que una sala de operaciones habilitada originalmente como solución de emergencia continúe funcionando provisionalmente aproximadamente un año y medio después.
Una contingencia que dura semejante tiempo deja de ser contingencia. Se convierte en una muestra de incapacidad para resolver los problemas estructurales del sistema sanitario.
Y lo más grave es que las deficiencias encontradas el 28 de agosto ya habían sido advertidas anteriormente.
Apenas en julio, la Defensoría del Pueblo inspeccionó la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Amazónico de Yarinacocha y encontró una situación preocupante. De cinco equipos de aire acondicionado, solamente dos funcionaban. Había monitores multiparámetro averiados, ventiladores mecánicos con fallas y otros equipos que no podían utilizarse por falta de accesorios.
La Defensoría recogió además testimonios según los cuales familiares de pacientes habían tenido que comprar aspiradores de secreciones y otros implementos necesarios para mantener la atención de sus parientes hospitalizados.
Es decir, mientras el Estado administra el hospital, algunas familias terminan buscando de su propio bolsillo aquello que debería garantizar el propio establecimiento.
A ello se sumaba la falta de especialistas. La UCI funcionaba con apenas tres médicos intensivistas y existían turnos sin cobertura permanente. La situación se agravaría con la renuncia de uno de ellos.
El hospital de más de S/700 millones que no termina
Pero si existe un caso que resume el deterioro de la gestión sanitaria en Ucayali es el Hospital Regional de Pucallpa.
La obra de mejoramiento comenzó en julio de 2016 y debía culminar en enero de 2019. No ocurrió.
Se aprobaron ampliaciones, transcurrieron los años y finalmente el contrato terminó resolviéndose en agosto de 2021 sin que el hospital pudiera ser concluido.
En diciembre de 2025, la Contraloría informó que la inversión total del proyecto ya superaba los S/700 millones y determinó un perjuicio económico superior a S/14,3 millones debido a ampliaciones de plazo y pagos relacionados con mayores gastos generales.
El proyecto reportaba aproximadamente 76 % de avance físico, mientras la población continuaba siendo atendida en instalaciones antiguas y áreas de contingencia.
La contradicción resulta difícil de explicar. Mientras se habla de cientos de millones invertidos, los pacientes siguen esperando que una obra iniciada hace una década finalmente pueda cumplir el objetivo para el cual fue concebida.
Millones en equipos que no atendían pacientes
La historia se vuelve todavía más indignante cuando se revisa lo ocurrido con el equipamiento médico.
En octubre de 2025, la Contraloría informó que más de 8 mil equipos médicos valorizados en aproximadamente S/95 millones permanecían sin ser utilizados en la atención de pacientes.
Parte del equipamiento se encontraba almacenado en Pucallpa y otro grupo permanecía en el Callao, generando incluso costos de almacenamiento.
La paradoja es brutal: por un lado existen equipos adquiridos por decenas de millones de soles sin servir oportunamente a la población; por otro, organismos oficiales encuentran médicos trabajando con equipos averiados y familias comprando implementos para sus pacientes.
El problema, por tanto, no parece ser únicamente la falta de recursos. También existe una evidente incapacidad para convertir esos recursos en servicios públicos oportunos.
Un hospital declarado inseguro
Las condiciones del viejo Hospital Regional tampoco son nuevas.
En noviembre de 2025, la Contraloría advirtió riesgos para pacientes y personal sanitario debido al deterioro de la infraestructura. Encontró techos con humedad y riesgo de colapso, estructuras oxidadas, paredes debilitadas, problemas eléctricos y sanitarios y equipos biomédicos inoperativos.
Incluso el mortuorio funcionaba sin condiciones adecuadas de refrigeración y ventilación.
Por eso, cuando casi diez meses después llega un ministro y vuelve a encontrar equipos que no funcionan y servicios en condiciones deficientes, la pregunta inevitable es qué se hizo durante todo ese tiempo.
Porque los informes de control tienen poco valor si únicamente terminan acumulándose en expedientes mientras los mismos problemas continúan amenazando a los pacientes.
La emergencia se volvió permanente
El Hospital Regional de Pucallpa continúa atendiendo en situación de contingencia mientras espera que algún día culmine el nuevo establecimiento.
La responsabilidad política tampoco puede quedar diluida. La administración regional encabezada por Manuel Gambini Rupay se encuentra en la parte final de un periodo iniciado en enero de 2023. Después de más de tres años y medio de gestión, muchos de los problemas continúan prácticamente en el mismo lugar.
Ucayali no necesita nuevas ceremonias ni recorridos oficiales. Necesita equipos que funcionen, salas de operaciones definitivas, UCI con especialistas suficientes y hospitales capaces de atender con dignidad.
La visita del ministro Dyer apenas colocó reflectores nacionales sobre una crisis que Pucallpa conoce desde hace años.
Los informes estaban escritos, las deficiencias habían sido fotografiadas, los equipos inoperativos contabilizados y los perjuicios económicos calculados.
Lo verdaderamente escandaloso no es que el ministro haya encontrado hospitales precarios. Lo escandaloso es que, después de tantos años, tantas advertencias y cientos de millones gastados, todavía haya encontrado prácticamente las mismas carencias.
En Ucayali, la emergencia sanitaria parece haber dejado de ser temporal para convertirse en una forma habitual de administrar la salud pública.
