Recibimos los 487 años sin obras de impacto

A una década y tres años de alcanzar el medio milenio, Huánuco recibe su aniversario con una deuda evidente: la falta de obras de verdadero impacto social y urbano que respondan a las necesidades de una ciudad cuyo crecimiento ha desbordado las previsiones de planificación.
La sensación de abandono y de falta de visión a largo plazo resulta preocupante. Mientras nuestra ciudad enfrenta problemas cada vez más complejos de transporte, salubridad, seguridad, ornato, expansión urbana y servicios básicos, las autoridades parecen concentrar buena parte de sus esfuerzos en obras de menor trascendencia y en disputas o intereses de carácter político.
La ciudadanía espera autoridades que gobiernen para todos y que prioricen las necesidades colectivas por encima de intereses partidarios o familiares. Huánuco necesita instituciones sólidas, transparencia y una verdadera visión de futuro. No podemos acostumbrarnos a que cada gestión empiece nuevamente desde cero, sin continuidad de los proyectos importantes y sin una planificación que trascienda los períodos electorales.
En este contexto, los proyectos del Gobierno Regional relacionados con la remodelación de la Laguna Viña del Río y la Alameda deberían contar con expedientes técnicos sólidos y una visión integral. Toda intervención debe considerar rigurosamente el impacto ambiental, la protección de los árboles y áreas verdes, la seguridad, la accesibilidad y, sobre todo, la licencia social de los ciudadanos. Modernizar no significa destruir; mejorar un espacio público significa hacerlo más útil y agradable sin borrar aquello que forma parte de su identidad.
Las desatinadas y antiestéticas intervenciones de algunos gobiernos locales también son evidentes. El anterior alcalde, por ejemplo, propició la construcción de una ciclovía que llegó a convertirse en una obra digna de las páginas de Ripley. Se intentó imponer una infraestructura sin considerar adecuadamente las dimensiones de nuestras calles ni las características particulares del tránsito huanuqueño. Finalmente, la propia naturaleza terminó deteriorándola. El resultado fue una inversión de miles de soles que no produjo el beneficio esperado. Como dice el conocido refrán: se gastó pólvora en gallinazo.
La actual administración municipal tampoco parece haber encontrado todavía una respuesta integral para los grandes problemas urbanos. El encadenamiento o cierre de algunas calles puede ser necesario en determinadas circunstancias, pero no puede convertirse en el eje de una política urbana. Una ciudad no se administra únicamente cerrando vías; se requiere planificación, ordenamiento territorial, recuperación de espacios públicos, áreas verdes, iluminación, limpieza y una política coherente de transporte.
Huánuco posee pocos parques y plazas, por lo que estos espacios deberían recibir especial atención. La iluminación de nuestros lugares públicos debe mejorar considerablemente, particularmente en la Plaza Mayor, donde sería conveniente contar con un sistema moderno, eficiente y suficiente de luminarias que permita recuperar el espacio para las familias y visitantes durante las noches.
También resulta urgente avanzar hacia la pavimentación y mejoramiento integral de las calles de la ciudad. No se trata únicamente de colocar cemento o asfalto: cada obra debe incluir drenaje, veredas, áreas verdes, señalización, accesibilidad y una planificación que evite que, pocos meses después, las mismas calles vuelvan a ser abiertas para instalar servicios.
Otro problema que merece atención es la recuperación y ordenamiento de los espacios ocupados por los kioscos y puestos comerciales ubicados en los alrededores del denominado Mercado Modelo. Las calles Huallayco, Huánuco, San Martín y Ayacucho soportan una ocupación que afecta la circulación vehicular y peatonal. Corresponde a las autoridades esclarecer la situación jurídica de estos espacios y recuperar aquellos que pertenecen a la ciudad, siempre dentro del marco de la ley y procurando alternativas dignas para los comerciantes.
El crecimiento poblacional de Huánuco ha superado muchas de las previsiones urbanísticas de décadas anteriores. La migración y la expansión de los denominados pueblos jóvenes han llevado a que numerosas familias ocupen las laderas de nuestras montañas tutelares. Este proceso ha generado dificultades relacionadas con agua y saneamiento, electricidad, transporte, educación, seguridad y salubridad.
No podemos continuar permitiendo una expansión urbana sin planificación. Las autoridades deben anticiparse al crecimiento de la ciudad y no limitarse a reaccionar cuando los problemas ya se han convertido en emergencias. Se requiere un verdadero plan de desarrollo urbano que determine hacia dónde debe crecer Huánuco, qué zonas deben protegerse y dónde deben ubicarse viviendas, colegios, centros de salud, mercados, áreas verdes y vías de comunicación.
También debemos hablar de nuestro patrimonio urbano.
La Plaza Mayor de Huánuco debería ser uno de los principales atractivos de la ciudad. Sin embargo, su entorno presenta problemas arquitectónicos y urbanísticos que afectan su imagen. La actual Catedral de Huánuco, con una arquitectura que genera opiniones encontradas entre los ciudadanos, merece una evaluación seria dentro del conjunto histórico de la plaza. No se trata de entrar en una discusión de gustos, sino de preguntarnos qué imagen queremos proyectar de una ciudad con casi cinco siglos de historia.
A ello se suma la presencia de edificaciones modernas que rompen la armonía arquitectónica del entorno. Algunos edificios de varios niveles sobresalen de manera desproporcionada y alteran la escala visual de la Plaza Mayor. Una ciudad histórica necesita normas claras de protección de su paisaje urbano y de su patrimonio.
Huánuco tampoco puede seguir siendo una de las pocas ciudades de su importancia sin un verdadero mirador turístico que permita apreciar desde las alturas la belleza del valle, el río Huallaga y los Tres Jircas.
Durante la gestión del exalcalde Walker Soberón se construyó una carretera de circunvalación que parte cerca de la capilla del Señor de Puelles y llega hacia las inmediaciones de la Laguna Viña del Río. Esa vía podría convertirse en un importante circuito turístico y paisajístico si se amplía, mejora y pavimenta adecuadamente, incorporando miradores, paradores turísticos, señalización y espacios para la contemplación del paisaje.
Además, debería recuperarse y ponerse en valor el monumento dedicado a Aparicio Pomares, incorporándolo a un circuito histórico y turístico que permita a los propios huanuqueños conocer mejor la historia de nuestra región.
Huánuco necesita pensar en grande.
El crecimiento longitudinal de la ciudad, de norte a sur y de sur a norte, es una realidad que ya no puede ignorarse. Si la expansión continúa al ritmo actual, en un futuro cercano el área urbana podría aproximarse cada vez más a los ejes Huánuco-Ambo, hacia el sur, y Huánuco-El Valle, hacia el norte.
Por ello resulta indispensable planificar desde ahora las futuras vías de comunicación, los espacios para nuevas urbanizaciones, los servicios básicos y las áreas destinadas a actividades comerciales, industriales y recreativas. No podemos esperar a que el crecimiento urbano convierta cada carretera en una avenida congestionada para recién comenzar a pensar en soluciones.
También se ha perdido buena parte del paisaje tradicional que caracterizaba las riberas del Huallaga. Los hermosos cañaverales que acompañaban algunos tramos de la carretera Central prácticamente han desaparecido, al igual que muchas de las antiguas haciendas de Quicacán y Ayancocha, vinculadas históricamente a la producción de aguardiente y azúcar.
Ese patrimonio productivo, agrícola y paisajístico debería ser recuperado, al menos en parte, mediante proyectos de turismo rural, conservación histórica y puesta en valor de las antiguas haciendas y espacios tradicionales.
La carretera longitudinal que articule adecuadamente Huánuco con Ambo y con los sectores del valle hacia el norte debió ser una prioridad de las administraciones regionales de turno. No se trata únicamente de construir carreteras; se trata de diseñar el territorio de las próximas décadas.
Huánuco está creciendo. Y crecer sin planificación significa perder progresivamente aquello que todavía tenemos.
A nuestros 487 años, la pregunta no debería ser solamente qué obra se inaugurará este año, sino qué ciudad queremos entregar a las próximas generaciones.
Necesitamos obras de impacto, pero también necesitamos visión. Necesitamos carreteras, pero también planificación. Necesitamos parques, pero también árboles. Necesitamos modernización, pero sin destruir nuestra historia. Necesitamos autoridades que piensen más allá de su período de gobierno.
Huánuco tiene recursos humanos, historia, cultura, paisajes privilegiados y una ubicación estratégica. Lo que falta es convertir esas fortalezas en una verdadera política de desarrollo.
A 13 años de llegar al medio milenio, todavía estamos a tiempo de construir el Huánuco que merecen nuestros hijos y nuestros nietos.
Feliz 487.º aniversario, Huánuco.
Pero que este aniversario no sea solamente una fecha de celebración. Que sea también una oportunidad para preguntarnos, con responsabilidad y sin temor: ¿qué estamos haciendo hoy para que el Huánuco del medio milenio sea una ciudad mejor que la que recibimos?
