Más de 2.2 millones de peruanos en riesgo extremo por lluvias 2025-2026 y la urgente pregunta por la prevención

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El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) ha emitido una nueva y alarmante advertencia que sacude los cimientos de la planificación estatal: entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, más de 2.2 millones de peruanos se encuentran en riesgo muy alto de sufrir los embates de la naturaleza, una cifra que expone la persistente vulnerabilidad del país frente a las lluvias y la recurrente interrogante sobre la eficacia de las políticas de prevención y mitigación.

Según el informe «Escenarios de Riesgo por Lluvias para el periodo diciembre 2025 – febrero 2026», elaborado por Cenepred y adscrito al Ministerio de Defensa, 1 614 903 personas que habitan en 25 649 centros poblados están expuestas a un riesgo muy alto de sufrir deslizamientos, huaicos y otros movimientos en masa. Las regiones con mayor densidad de población en esta categoría incluyen Cajamarca (223 876 personas), Huánuco (191 953), Áncash (179 211), Amazonas (155 699) y Huancavelica (133 849). La magnitud del potencial desastre se amplifica al considerar que 727 854 viviendas, 1 723 establecimientos de salud y 13 562 instituciones educativas también podrían quedar inutilizables o gravemente afectadas, comprometiendo no solo la vida sino también la infraestructura esencial para la recuperación.

La amenaza se extiende a las inundaciones, un fenómeno que, según el mismo estudio, pone en riesgo muy alto a 609 676 personas en 1 662 centros poblados durante el mismo periodo. Cajamarca vuelve a liderar la lista con 230 311 personas en riesgo, seguida por Loreto (113 782), San Martín (92 615), Huancavelica (74 378) y La Libertad (41 447). Estas zonas, caracterizadas por el incremento de caudales y aniegos, son testigos cíclicos de la furia de los ríos y la precariedad de las defensas ribereñas que, a menudo, resultan insuficientes o inexistentes.

Estos escenarios de riesgo, basados en las proyecciones climáticas estacionales del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), no son una novedad. Año tras año, las advertencias de Cenepred se repiten con variaciones en las cifras, pero con una constante inquietante: la vulnerabilidad extrema de miles de comunidades peruanas. La paradoja reside en que el objetivo declarado de estos informes es «informar a las instituciones competentes», una frase que resuena con un eco de desilusión cuando se compara con la implementación real y efectiva de medidas preventivas y de mitigación. ¿De qué sirve tener un diagnóstico tan preciso y anticipado si los planes de acción son lentos, insuficientes o simplemente inexistentes?

La realidad peruana, marcada por una geografía compleja y una historia de desastres naturales que van desde El Niño Costero hasta los constantes huaicos en la sierra, exige una respuesta estatal que trascienda la mera emisión de alertas. La crítica es inevitable: la prevención no puede ser solo un informe; debe traducirse en infraestructura resiliente, en planes de evacuación bien coordinados, en educación a la población y en una reubicación planificada de asentamientos en zonas de alto riesgo. Cada vida en riesgo, cada vivienda, establecimiento de salud o escuela comprometida, representa un fracaso de la gestión pública en su deber primario de proteger a sus ciudadanos. El tiempo para la acción no es cuando el huaico o la inundación golpea, sino ahora, cuando Cenepred lanza la alerta con casi dos años de antelación. La pregunta crucial que el Perú debe responder es si esta vez, ante la crónica anunciada, se actuará con la diligencia y la visión que la tragedia demanda.

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