CRISIS EN HUAMALÍES: CAMBIO CLIMÁTICO Y FRAGILIDAD ESTATAL GOLPEAN MORTALMENTE EL AGRO ANDINO Y CONDENAN A LA POBREZA A MILES DE CAMPESINOS

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La provincia de Huamalíes, en la región Huánuco, se ha convertido en el epicentro de una silenciosa catástrofe agrícola que amenaza con desarticular la ya precaria economía de miles de familias campesinas. Una secuencia implacable de heladas nocturnas, intensas granizadas diurnas y un sofocante sol, exacerbada por la ausencia de lluvias, ha destruido decenas de hectáreas de cultivos esenciales, evidenciando la profunda vulnerabilidad del agro andino frente al cambio climático y la insuficiente respuesta estatal.

Los campos de papa, maíz y habas, que son el pilar de la subsistencia en estas comunidades de altura, yacen ahora devastados. Lo que en un inicio fueron siembras con la esperanza de una buena cosecha, se han transformado en extensiones de cultivos secos, marchitos y deshilachados. La furia de los elementos ha impactado directamente en el corazón de la producción local, dejando a los agricultores sin el fruto de meses de arduo trabajo y una inversión económica irrecuperable. La población, en especial los hombres del campo, lamenta cuantiosas pérdidas que sumen a sus familias en una espiral de incertidumbre y desamparo.

Fredi Romero, subprefecto del distrito de Jacas Grande, ha sido una de las voces que clama por atención, reportando daños generalizados en todos los centros poblados y caseríos bajo su jurisdicción. «En localidades como Carhuapata, Sogobamba, San Juan de Quiru Quiru, Huacash y la misma Jacas Grande, los tubérculos han sido las principales víctimas de las heladas. Mientras tanto, en Cascanga, León Pampa, Andas y Vista Alegre, los sembríos de maíz y habas se secan prematuramente debido a la falta de lluvias, complicándose aún más por la repentina caída de granizo que ha dejado las plantas completamente deshilachadas (‘shilpi, shilpi’)», describió Romero, pintando un cuadro desolador. La situación es tan crítica que muchos campesinos han optado por abandonar sus campos, reconociendo que cualquier esfuerzo por recuperar lo perdido sería inútil.

La misma angustia se vive en el centro poblado de Poque, donde su alcalde, Carlos Rojas, expresó su profunda preocupación por la situación de sus vecinos. «Hemos perdido aproximadamente entre 25 a 30 hectáreas de papas y habas, muchas de ellas en plena floración. Pobre nuestra gente, no sé qué vamos a comer, hermano», manifestó Rojas, con la voz cargada de impotencia, al ver cómo las heladas nocturnas y los sofocantes días de sol anulan el trabajo de toda una temporada y el sustento de numerosas familias.

Ante esta calamidad que condena a la pobreza a las familias que ven desvanecerse sus sacrificios, las autoridades locales han elevado su voz, exigiendo la intervención urgente del Ministerio de Agricultura y Riego. Sin embargo, la crítica generalizada apunta a la notoria insuficiencia del seguro agrario. Los mecanismos de indemnización actuales no logran cubrir ni siquiera los gastos mínimos invertidos por los campesinos, y en algunos casos, por profesionales que también cultivan por afición, dejando un profundo vacío de protección y fomento. Esta situación reitera una constante histórica: la desatención del Estado peruano a la agricultura familiar, que constituye la base de la seguridad alimentaria del país y representa un sector altamente vulnerable a los fenómenos climáticos extremos.

La crisis en Huamalíes es un urgente llamado de atención sobre la necesidad de implementar políticas agrícolas más robustas, preventivas y adaptadas a la realidad de los Andes. Se requiere no solo una respuesta de emergencia efectiva, sino también estrategias a largo plazo que fortalezcan la resiliencia de las comunidades campesinas ante un panorama climático cada vez más impredecible. La subsistencia de estas familias y la sostenibilidad de la producción alimentaria nacional dependen de una acción estatal decidida y no de promesas vacías que se diluyen con el siguiente cambio de estación.

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