Christian Cueva en Chongoyape: Apuesta de último recurso para Juan Pablo II

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La noticia, que ha sacudido el siempre convulso mercado de pases del balompié nacional, parece encapsular la paradójica trayectoria de Christian Cueva: de los estadios internacionales a un modesto club del norte peruano. Tras su precipitada y poco gloriosa salida de Emelec de Ecuador, donde nunca logró afianzarse ni justificar la inversión, el mediocampista, conocido por su apodo el ’10 del pueblo’, ha formalizado su incorporación al Juan Pablo II de Chongoyape. Este traspaso genera más interrogantes que certezas sobre el futuro del futbolista y las ambiciones de un equipo que, apenas la temporada pasada, bordeó el descenso.

El anuncio, difundido por el club chiclayano a través de sus plataformas digitales, intentó inyectar una dosis de ilusión con el eslogan «La magia del ‘10 del Pueblo’ llega a Chongoyape». Imágenes de Cueva recorriendo las instalaciones y vistiendo la camiseta blanca del equipo acompañaron el mensaje. Minutos después, el propio jugador se sumó a la euforia prefabricada, declarando en un video institucional: “Traigo ritmo, chocolate y sabor. Chongoyape, ya llegó tu ‘10’, el ‘10 del pueblo’”. Un mensaje cargado de la retórica habitual, que busca conectar con la hinchada pero que, en el contexto de su irregularidad, resuena con una innegable carga de escepticismo.

La llegada de Cueva a Juan Pablo II es el epílogo de una rescisión contractual con Emelec que se extendía hasta junio de 2026. Su nulo protagonismo en el cuadro eléctrico, donde rara vez exhibió destellos de su talento, precipitó un adiós que era previsible. El regreso al fútbol nacional, a un entorno que, se presume, le es más familiar y complaciente, se presenta como un intento desesperado por reencontrar el ritmo y la continuidad perdidos. Sin embargo, este «regreso a casa» también es un reflejo de la dificultad de Cueva para mantener un nivel competitivo en ligas de mayor exigencia.

Para Juan Pablo II, un club con ambiciones de ascenso y una campaña reciente que lo vio coquetear con la segunda división, la incorporación de un futbolista con pasado mundialista es, sin duda, un golpe mediático. El club apuesta no solo por la jerarquía y experiencia que Cueva podría aportar en el campo, sino también por el impacto publicitario y la visibilidad que un jugador de su perfil, pese a su declive deportivo, aún genera. Es una estrategia arriesgada: invertir en una figura de alto costo que, en los últimos años, ha sido más noticia por sus altibajos y su vida extradeportiva que por su rendimiento consistente.

La trayectoria de Christian Cueva es la de un talento innegable, pero también la de una promesa incumplida. Juan Pablo II será su quinto club en Perú, tras pasos por Cienciano, César Vallejo, Alianza Lima y San Martín, cada uno marcado por momentos de genialidad y por períodos de decepción. Su paso por el extranjero, si bien forjó su nombre, también lo alejó de la regularidad y lo sumió en una espiral de irregularidad que lo ha llevado a esta encrucijada.

La expectativa por verlo nuevamente en acción es legítima, pero debe ser ponderada con el historial reciente del jugador. ¿Es este un verdadero punto de quiebre para Cueva, o simplemente el comienzo de la fase final de una carrera que prometió mucho más de lo que entregó? Para el fútbol peruano, esta contratación reabre el debate sobre la competitividad de la liga, la gestión de los talentos y la tentación de apostar por nombres que, en ocasiones, traen consigo más ruido que verdadero aporte deportivo. Chongoyape espera la magia del ’10’, pero el fútbol aguarda si ‘Aladino’ aún tiene lámpara que frotar o si su chispa ya se ha apagado.

Christian Cueva llegó a Emelec a mitad de temporada. (Foto: Emelec)

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