Alianza Lima: La cruda realidad y un camino espinoso hacia la Libertadores 2026

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El telón de la temporada 2025 ha caído con un guion conocido, pero no menos doloroso, para Alianza Lima. Lo que prometía ser una consagración con una ventaja cómoda en el marcador, se desvaneció en cuestión de minutos, sumiendo al club blanquiazul en una de las noches más oscuras de su historia reciente. La remontada sufrida en tiempo regular ante Sporting Cristal y la posterior definición desde los doce pasos no solo les arrebató la posibilidad de asegurar millones de dólares y el prestigio deportivo de una clasificación directa, sino que los condenó, por segundo año consecutivo, al temido cupo de «Perú 4», el camino más largo y espinoso hacia la tan ansiada Copa Libertadores 2026.

Este desenlace no es un mero tropiezo; es el reflejo de una constante inestabilidad que ha plagado a Alianza Lima en el ámbito internacional y, lamentablemente, en momentos decisivos a nivel local. La derrota en la final nacional no es solo la pérdida de un campeonato, sino el síntoma de una gestión deportiva que aún no encuentra la fórmula para trascender y evitar estos colapsos que se repiten con una frecuencia alarmante. Los dirigidos por Néstor Gorosito, cuyo futuro tras este golpe pende de un hilo —con reportes confirmando su rescisión de contrato tras la debacle—, parecían tener el boleto a la fase de grupos asegurado con un marcador de 3-1 a su favor frente a Sporting Cristal, pero un colapso defensivo, tanto mental como táctico, permitió el empate ‘celeste’ en un abrir y cerrar de ojos.

La tanda de penales, lotería cruel donde las haya, selló el destino de los ‘íntimos’. El fallo inicial de Sergio Peña en dicha ronda fue un golpe anímico del que el equipo no pudo recuperarse, dejándolos con las manos vacías y con la obligación de transitar por las fases previas de la Libertadores. Un desenlace con un sabor aún más amargo al marcar el último partido de Hernán Barcos con la camiseta blanquiazul. El ‘Pirata’ se despidió sin poder regalar a la hinchada la clasificación directa, cerrando su ciclo en medio de la frustración colectiva que, paradójicamente, ya es parte del ADN aliancista en torneos continentales.

Esta derrota drástica trastoca por completo el calendario del club. Alianza deberá iniciar su temporada internacional de manera prematura, con la Fase 1 de la Copa Libertadores 2026 programada para el 4 de febrero, acortando significativamente sus vacaciones y el tiempo de preparación de cara a un desafío titánico. Para volver a meterse en la fase de grupos, que recién comenzará el 7 de abril, los blanquiazules tendrán que superar tres difíciles llaves de eliminación directa: Fase 1, Fase 2 y Fase 3. Un recorrido extenuante que exigirá una plantilla no solo competitiva, sino físicamente impecable desde el primer minuto.

El periodista Gian Franco Zelaya ya ha comenzado a filtrar el abanico de posibles rivales que podrían cruzarse en el camino de los victorianos, y la lista es una mezcla de ilusiones contenidas y auténticos «cocos» continentales. En el grupo de los teóricamente más accesibles figuran clubes con menor rodaje internacional, aunque no exentos de dificultad para un equipo peruano en fases preliminares. Se menciona al Sportivo 2 de Mayo de Paraguay, que accedió tras el descenso del clasificado original, y al Juventud Las Piedras de Uruguay, que hará su debut absoluto en la Libertadores. También aparecen en este lote el Deportivo Táchira de Venezuela y la Universidad Católica de Ecuador, un viejo conocido que, pese a su historia, ha tenido un presente irregular. Sin embargo, en el contexto del fútbol peruano y su irregularidad en estas instancias, ningún rival es «accesible» per se.

La mayor preocupación, no obstante, radica en la posibilidad de un sorteo cruel. Enfrentar a equipos bolivianos que hacen de su localía un fortín inexpugnable, como Always Ready, Bolívar o The Strongest, sería una prueba de fuego. La altitud extrema de Bolivia en una llave de «matamata» en pleno febrero, cuando el plantel apenas estaría saliendo de la pretemporada, representa un desafío físico y logístico de primer orden que ha sido la tumba de muchos equipos peruanos a lo largo de la historia.

Pero el escenario más temido, el verdadero «cuco» de esta fase preliminar, sería un cruce con LDU de Quito. El cuadro ecuatoriano, campeón histórico de la Libertadores, Sudamericana y Recopa, es sin duda el rival más fuerte que podría tocarle en esta instancia. Enfrentar a un gigante continental tan temprano en el torneo pondría en serio riesgo la continuidad internacional de Alianza Lima, obligándolos a jugar una «final adelantada» para seguir con vida en un torneo que se les ha vuelto esquivo por décadas.

La reincidencia en el cupo de «Perú 4» no solo expone las carencias deportivas y la falta de solidez institucional a nivel de resultados internacionales, sino que también pone en entredicho el futuro económico del club. Los ingresos garantizados por la fase de grupos son un bálsamo financiero que Alianza Lima, una de las instituciones más grandes del país, no puede permitirse perder. La ruta hacia la Libertadores 2026 no es solo una búsqueda de gloria deportiva; es un imperativo económico y una prueba de carácter que definirá si Alianza Lima puede romper finalmente el ciclo de frustración o si seguirá siendo un club de grandes aspiraciones, pero de resultados continentales modestos. La hinchada blanquiazul, nuevamente, se aferra a la esperanza, pero la paciencia tiene un límite.

Hernán Barcos junto a Pablo Lavandeira y Gianfranco Chávez viendo los penales. (Foto: Giancarlo Ávila / GEC)

Alianza Lima se enfrentará en la Copa Libertadores. (Foto: Getty Images)

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