Cuando Washington habla de Venezuela: La estrategia de Trump y el reacomodo geopolítico en América Latina

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La difusión por parte del expresidente estadounidense Donald Trump de un artículo que sugiere la vulnerabilidad del régimen de Nicolás Maduro sin el respaldo ruso, no es un mero comentario en redes sociales; es una declaración de intenciones que resuena con ecos históricos de la política exterior de Washington hacia América Latina. Este movimiento, compartido en su plataforma Truth Social, se inscribe en una estrategia más amplia de confrontación global, donde Venezuela emerge como un campo de batalla indirecto para mermar la influencia del Kremlin.

El artículo en cuestión, publicado por Fox News y firmado por el periodista David Marcus, expone una tesis directa: la permanencia de Nicolás Maduro en el poder estaría intrínsecamente ligada al apoyo de Moscú, y Washington poseería la capacidad de precipitar su caída si así lo decidiera. Esta aseveración, avalada por Trump, proyecta la compleja dinámica de poder que envuelve a Venezuela, elevándola de crisis interna a un nodo crucial en la disputa geopolítica entre grandes potencias.

Desde la perspectiva estadounidense, la presión sobre Caracas no sería un fin en sí mismo, sino una pieza en un tablero mucho más grande. El objetivo declarado es limitar la influencia global de Rusia, especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania. Al debilitar el apoyo ruso a regímenes como el venezolano, Estados Unidos buscaría encarecer la aventura bélica de Putin y reducir su capacidad de proyección en regiones consideradas estratégicas para la seguridad nacional estadounidense. Sin embargo, esta lógica ignora o minimiza la soberanía de las naciones latinoamericanas, transformándolas en meros satélites de intereses foráneos.

El texto de Fox News califica a Venezuela, junto con Irán y Siria, como un “estado cliente de Rusia”, una denominación que subraya una percepción de dependencia y establece una jerarquía en las relaciones internacionales. Peter Doran, investigador adjunto de la Foundation for Defense of Democracies, sostiene que Moscú opera bajo un patrón recurrente: ofrece un respaldo retórico y diplomático, pero su apoyo material se diluye en momentos de crisis real. Con Rusia inmersa en el conflicto ucraniano y bajo el peso de severas sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos, la capacidad y voluntad de Moscú para sostener a Maduro se perciben como una carga difícil de sostener. Esta visión no solo expone una supuesta fragilidad del apoyo ruso, sino que también sugiere una injerencia externa como factor determinante en la estabilidad interna de Venezuela, dejando poco espacio para la agencia propia del país sudamericano.

La retórica que acompaña a esta estrategia no es nueva para América Latina. El análisis de Fox News traza un paralelismo con la antigua Doctrina Monroe, sugiriendo que la Estrategia de Seguridad Nacional promovida por la gestión Trump prioriza nuevamente la estabilidad del hemisferio occidental como un eje central. Esta comparación evoca el largo y a menudo conflictivo historial de intervenciones estadounidenses en la región, donde la «estabilidad» a menudo se ha traducido en el derrocamiento de gobiernos, el apoyo a dictaduras y la imposición de agendas económicas y políticas favorables a Washington. Marco Rubio, en una sesión de gabinete, llegó a describir esta línea de acción como “transformadora”, una política exterior que, según él, pone a Estados Unidos en el centro de cada decisión internacional. Para muchos analistas latinoamericanos, esto suena más a una reafirmación de la hegemonía que a una asociación equitativa.

El artículo concluye que el verdadero antagonista en el caso venezolano no es Maduro, sino Putin, quien se vería obligado a aceptar la pérdida de otro aliado internacional. Esta lectura reduce la compleja crisis venezolana a un mero escenario de disputa entre potencias, desatendiendo las causas internas, las implicaciones humanitarias y el derecho de autodeterminación de los pueblos. La presión, calificada por Doran como una “diplomacia de superportaaviones” al estilo del expresidente Theodore Roosevelt, sugiere que la mejor opción para Maduro sería un “retiro tranquilo”. No obstante, el despliegue de estas estrategias en el considerado «patio trasero» de Estados Unidos levanta serias preocupaciones en la región sobre el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Mientras el ajedrez geopolítico global se juega con Venezuela como ficha, la estabilidad y el futuro de millones de ciudadanos quedan a merced de cálculos estratégicos ajenos a sus realidades.

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