Pentágono: The New York Times demanda restricciones que atentan contra la libertad de prensa y el corazón de la democracia
La prensa estadounidense, baluarte histórico de la fiscalización al poder, enfrenta una de sus batallas más cruciales. El prestigioso diario The New York Times ha interpuesto una demanda formal contra el Departamento de Defensa de Estados Unidos, acusándolo de implementar una serie de restricciones al trabajo periodístico que violan flagrantemente la Primera Enmienda de la Constitución, la cual garantiza la libertad de expresión y de prensa. La acción legal, presentada esta jornada en Madrid, subraya la gravedad de las medidas que el Pentágono ha puesto en vigor, calificándolas como un «esquema restrictivo» que ya ha sido previamente desestimado por el Tribunal Supremo y la Corte de Apelaciones de Washington por atentar contra los derechos fundamentales.
Desde octubre, el Departamento de Defensa ha instaurado una nueva política que obliga a los periodistas acreditados a firmar un formulario de 21 páginas. Este documento establece límites excesivamente estrictos sobre el acceso a fuentes y materiales informativos, e incluso contempla la aplicación de severas sanciones, incluyendo la revocación de credenciales, a aquellos que soliciten o publiquen información considerada «sensible». The New York Times argumenta que estas medidas equivalen a un cierre de puertas a los medios de comunicación y, por extensión, a la ciudadanía, impidiendo la labor esencial de investigación e información sobre las acciones de una de las instituciones más poderosas del país. La demanda busca precisamente que no se apliquen dichas restricciones.
La resistencia a estas directrices no se limita a un solo medio. Importantes cadenas noticiosas como NBC, ABC, CNN y Fox News también han manifestado su negativa a aceptar estas normas que, a su juicio, coartan la independencia periodística y la capacidad de fiscalización. La situación se agrava al considerar el contexto de la llegada al poder del actual secretario de Defensa, Pete Hegseth, nombrado por el entonces presidente Donald Trump en enero, tras un proceso de confirmación en el Senado marcado por serias acusaciones de consumo excesivo de alcohol y una presunta agresión sexual, las cuales él ha negado.
La trayectoria de Hegseth en el cargo ha estado teñida por una notoria hostilidad hacia la prensa. Su primera acción pública fue un intento de despedir a un experimentado periodista de NBC, quien había cubierto su polémico proceso de confirmación. Posteriormente, varios medios vieron cómo sus espacios de trabajo, históricamente asignados en la sede del Pentágono, les eran retirados y reasignados a publicaciones de corte más conservador, evidenciando un patrón de trato diferenciado y potencialmente punitivo hacia la prensa crítica. Este antecedente alimenta las suspicacias sobre la verdadera motivación detrás de las nuevas políticas restrictivas.
Las autoridades del Pentágono defienden estas controvertidas restricciones apelando a la necesidad de prevenir filtraciones que puedan comprometer la seguridad nacional y la eficacia de sus operaciones. Sin embargo, para los defensores de la libertad de prensa y los principios democráticos, este argumento, si bien legítimo en su esencia, no puede ser una carta blanca para imponer una censura previa o limitar de manera tan drástica el acceso a la información pública, elementos esenciales para el funcionamiento de cualquier democracia sana. La demanda del The New York Times no es solo una disputa legal; es una advertencia sobre el deterioro de los contrapesos democráticos y un llamado a defender el derecho inalienable de una sociedad a estar informada sobre las acciones de quienes ejercen el poder.
