Ucayali: Tragedia en Iparia deja 12 fallecidos y al menos 30 desaparecidos
La mañana del lunes 1 de diciembre, la aparente calma del río Ucayali se rompió en un instante, transformando el puerto de Iparia, en Coronel Portillo, en el escenario de una tragedia que desnuda la cruda realidad de la Amazonía peruana. Un masivo deslizamiento de tierra arrasó con dos embarcaciones fluviales, dejando un saldo provisional de 12 personas fallecidas y al menos 30 desaparecidos, entre ellos menores, docentes y adultos mayores que buscaban conectar con sus comunidades. Este suceso, que enluta a Ucayali, es más que un accidente natural; es un doloroso recordatorio de la vulnerabilidad de una región sistemáticamente desatendida por el Estado.
Las naves afectadas, de las empresas Transporte Deo Rigo y Transporte Rápido El Oriente, eran vitales arterias de comunicación para las comunidades nativas de Caco Macaya, Cuiraca del Caco y Pueblo Nuevo del Caco. Una de ellas, la de Transporte Deo Rigo, había zarpado el día anterior desde Pucallpa y se encontraba en Iparia desembarcando pasajeros y carga cuando la ribera cedió. La otra embarcación fue completamente sumergida por la fuerza del desprendimiento. El accidente se registró alrededor de las 5 a. m., en el momento en que una de las embarcaciones se aprestaba a continuar su viaje, siendo empujada sin piedad al fondo del río.
Los testimonios de los sobrevivientes son un desgarrador reflejo de la velocidad y ferocidad del evento. «Se ha caído el barranco mientras sacábamos las cosas de Iparia. Cayó una cosa grande y se hundió. El otro lado se golpeó y nos hundimos. En un rato, ni en minutos, se fue todo», relató uno de ellos, visiblemente consternado y en búsqueda desesperada de su sobrino. Los pasajeros que lograron ponerse a salvo estiman que más de cuarenta personas viajaban en una de las embarcaciones, y expresan una profunda preocupación por los maestros, pilares de estas comunidades, que regularmente utilizan estas rutas. Hasta el momento, se han identificado 11 de las 12 víctimas mortales y la búsqueda de desaparecidos continúa sin descanso, abarcando niños, jóvenes y adultos de diversas comunidades.
La respuesta de emergencia fue inmediata, aunque a menudo reactiva. El Centro de Salud de Iparia atendió a los primeros heridos, reportando 20 personas, de las cuales 16 fueron dadas de alta y cuatro permanecen bajo observación. Botes de rescate de asociaciones locales, del puesto de salud y de municipalidades distritales confluyeron en la zona. Desde Pucallpa, unidades de la Policía Nacional se desplegaron en helicóptero M17-20, acompañadas por equipos de rescate de la Marina de Guerra. El Ministerio de Salud, a través de la Dirección Regional de Salud, envió un equipo multidisciplinario de 10 profesionales para brindar atención especializada, mientras que el Ministerio de Educación lamentó la pérdida de docentes, expresando sus condolencias a la comunidad educativa del IEST Público Colonia del Caco.
Sin embargo, más allá de la loable labor de los rescatistas y la asistencia humanitaria, surge la pregunta ineludible sobre la prevención. El Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) atribuyó el accidente a la erosión de la ribera del río Ucayali. Esta explicación, aunque técnica, omite un contexto más amplio y crítico: la erosión no es un fenómeno aislado e impredecible en la Amazonía. La deforestación descontrolada, la minería ilegal y la falta de planificación urbana en zonas ribereñas, exacerbadas por el cambio climático, contribuyen significativamente a la fragilidad del terreno. ¿Qué medidas preventivas concretas han sido implementadas por las autoridades locales y nacionales para monitorear y mitigar este riesgo recurrente en puertos y asentamientos fluviales? La infraestructura portuaria en estas zonas a menudo carece de las mínimas condiciones de seguridad y regulación, dejando a los pobladores a merced de la naturaleza y de un sistema de transporte informal y precario.
La tragedia de Iparia es un llamado de atención urgente. Las vidas perdidas y las familias devastadas son el costo humano de un modelo de desarrollo que históricamente ha relegado a la Amazonía a la periferia de las preocupaciones nacionales. Es imperativo que el Estado peruano no se limite a la respuesta de emergencia, sino que asuma una deuda histórica con sus pueblos amazónicos, invirtiendo en infraestructura segura, en sistemas de alerta temprana, en fiscalización del transporte fluvial y en estrategias sostenibles que garanticen la seguridad y el bienestar de estas comunidades, cuya resiliencia es puesta a prueba una y otra vez ante la indolencia y el olvido. El pequeño bebé sobreviviente, cuyo estado es estable, representa una frágil esperanza en medio del dolor, una vida que nos recuerda la necesidad ineludible de un futuro más seguro para la Amazonía.




