Nueva sacudida en Petroperú: Director renuncia tras apenas dos semanas, reflejando la profunda crisis de gobernanza
La ya frágil estabilidad de Petróleos del Perú (Petroperú) sufrió un nuevo revés con la inesperada renuncia de Óscar Zapata Alcázar a su cargo de director independiente, tras una brevísima gestión de apenas dos semanas. El abrupto cese, comunicado a la Superintendencia de Mercado de Valores (SMV) mediante un «Hecho de Importancia», pone de manifiesto la recurrente inestabilidad en la alta dirección de la empresa estatal, en un momento crítico para sus finanzas y su futuro operativo.
Zapata Alcázar, quien también preside la Cámara Nacional de Comercio, Producción, Turismo y Servicios (Perucámaras), asumió su puesto el 15 de noviembre y su último día en funciones fue el 28 del mismo mes. Esta fugaz permanencia subraya los desafíos que enfrenta la petrolera para consolidar una gobernanza sólida y profesional, indispensable para sortear su compleja situación actual. Según la comunicación de Petroperú, su reemplazo será Raúl Jaime Anccasi a partir del 29 de noviembre, cuya última ocupación registrada fue como director regional de Energía y Minas del gobierno regional de Huancavelica. La rapidez de la sustitución, si bien busca mantener la operatividad del directorio, invita a cuestionar la rigurosidad y el tiempo dedicado a los procesos de selección en una entidad de esta envergadura.
La renuncia de un director en tan corto lapso es un síntoma alarmante de la profunda crisis de gobernanza que arrastra Petroperú. La empresa, pilar estratégico para el país, ha estado en el ojo de la tormenta por sus millonarias pérdidas, el sobrecosto y retraso en la modernización de la Refinería de Talara, y una constante sucesión de directivos que, en muchos casos, han sido cuestionados por su perfil o por la injerencia política. La búsqueda declarada por el Ministerio de Energía y Minas (Minem) de fortalecer la sostenibilidad fiscal y revertir las pérdidas se ve constantemente socavada por estos episodios de inestabilidad interna.
El directorio de Petroperú, que fue renovado en gran parte apenas el 15 de noviembre con nombramientos por tres años, queda ahora con Luis Alberto Canales Gálvez como presidente, y los directores Elba Rojas Álvarez de Mares, Jesús Ramírez Gutiérrez, Néstor Herrera Guerrero (representante de los trabajadores) y Luis Camino Quinde (suplente del representante de los trabajadores), además de la flamante incorporación de Anccasi. La expectativa de un periodo de tres años para la mayoría de sus miembros contrasta dramáticamente con la experiencia de Zapata, sembrando dudas sobre la capacidad de este cuerpo colegiado para generar una visión de largo plazo y ejecutar las reformas urgentes que la empresa requiere. El proceso de selección de directores, que incluye cuatro etapas desde la convocatoria hasta la aprobación final del Poder Ejecutivo, parece no ser suficiente para blindar a la petrolera de vaivenes que minan la confianza.
Paralelamente a esta inestabilidad, Petroperú continúa con la titánica tarea de encontrar una firma que lidere su «transformación integral» a través de un Chief Transformation Officer (CTO). La segunda convocatoria internacional para este servicio, lanzada el 19 de noviembre en cumplimiento de un Decreto de Urgencia del gobierno, es un reflejo de la urgencia por sanear la empresa. Sin embargo, la primera convocatoria fue declarada desierta debido a que los postulantes no cumplieron los requisitos técnicos, y la única oferta económica que avanzó, la de Arthur D. Little – DLA Piper, superó en un 17% el monto estimado referencial, quedando fuera del proceso. La dificultad para contratar incluso a un experto externo para su reestructuración, sumada a la inestabilidad en su propio directorio, configura un panorama desalentador.
La coyuntura de Petroperú es crítica. La renuncia de un director en tan corto tiempo no es un hecho aislado, sino la manifestación de una crisis institucional arraigada. La empresa requiere con urgencia una dirección sólida, transparente y con visión estratégica que supere las presiones políticas y las debilidades internas, para poder cumplir su rol esencial en el sector energético del país y recuperar la confianza de los mercados y de la ciudadanía. De no lograrlo, la sostenibilidad de Petroperú seguirá siendo una preocupación constante para la economía peruana.
