Olas de Calor: El norte arde y la productividad se derrite, ¿quién responde?

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La emergencia climática en Piura y Lambayeque no es solo ambiental, es una grave crisis económica y de salud pública que amenaza los ingresos de 4 millones de trabajadores. La inacción, ¿hasta cuándo?

Mientras el norte del Perú se consume bajo temperaturas extremas, lo que el Senamhi ha reportado como picos de hasta 37 °C en Piura y 36 °C en Lambayeque para la primera semana de febrero de 2026, la situación ya trasciende lo meteorológico. Esta realidad, que registró más de dos centenares de episodios diurnos a nivel nacional el pasado diciembre, se ha transformado en una amenaza directa para la estabilidad económica y la salud pública de millones de peruanos, comprometiendo gravemente su capacidad laboral.

El costo humano y económico de la indiferencia

El impacto directo recae sobre la fuerza laboral. Según datos del INEI, al menos 4 millones de trabajadores peruanos desempeñan sus actividades al aire libre, expuestos a niveles críticos de radiación ultravioleta y calor. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sido clara en su advertencia: superados los 33 °C, la capacidad de un trabajador puede verse mermada hasta en un 50%. Esto no es una cifra abstracta; se traduce en una erosión directa de la economía familiar y en el estancamiento de proyectos de infraestructura vitales para el desarrollo del país.

Sectores productivos en la cuerda floja

La agricultura, pilar económico del norte, enfrenta un escenario desolador. En Piura, cerca de 280,000 agricultores soportan jornadas extenuantes que ponen en peligro tanto sus cosechas como su integridad física. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha proyectado que esta crisis térmica podría reducir hasta un tercio del PBI agrícola nacional, una estadística alarmante para una economía dependiente de sus agroexportaciones. De igual forma, el sector construcción reporta retrasos significativos, mientras que el comercio ambulatorio —que solo entre Lambayeque y Piura moviliza a unos 19,000 vendedores— sufre una caída en las ventas diarias, forzado a pausas obligatorias para evitar golpes de calor y deshidratación.

Viviendas sin respiro y aulas sin Agua

El problema no cesa con la puesta del sol. Las “olas de calor nocturnas” impiden la recuperación física, una situación crítica que se agrava por la precariedad de la infraestructura urbana. En Piura, un preocupante 77% de los hogares tiene techos de calamina o fibra de cemento, materiales que convierten las viviendas en verdaderos hornos. La educación no escapa a esta crisis: el Ministerio de Educación ha revelado que más de la mitad de los colegios en el norte carecen de acceso adecuado a agua potable, una falencia básica que limita cualquier medida de higiene y refrigeración para alumnos y docentes de cara al inminente inicio del año escolar.

Lo que falta aclarar

  • Dado que el Senamhi emite alertas tempranas y la OIT proyecta impactos severos, ¿cuáles son las medidas concretas y de corto plazo que los gobiernos locales y el Poder Ejecutivo han implementado para proteger la salud y los ingresos de los 4 millones de trabajadores expuestos?
  • ¿Cómo es posible que, con la recurrencia de estos fenómenos, el 77% de los hogares en Piura siga utilizando materiales de construcción que agravan el estrés térmico, y qué planes concretos tiene el Estado para garantizar una vivienda digna y segura frente al clima?
  • Si el Ministerio de Educación reconoce que más de la mitad de los colegios del norte carecen de agua potable, ¿cómo se garantizará un retorno seguro a clases y qué acciones urgentes se están tomando para dotar de infraestructura básica a estas instituciones?
  • Especialistas de la Red de Estudios para el Desarrollo proponen soluciones como “islas de sombra” y adaptación de horarios laborales. ¿Por qué estas recomendaciones no se traducen en políticas públicas efectivas y de obligatoria aplicación para mitigar la crisis?

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