Trump sentencia a Cuba: Aranceles al petróleo y la retórica del ‘no sobrevivirá’
El presidente estadounidense intensifica su ofensiva económica contra La Habana, imponiendo aranceles a países que suministren petróleo y declarando que el régimen cubano ‘no podrá sobrevivir’. Una estrategia de máxima presión que levanta serias interrogantes.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha escalado drásticamente su estrategia contra Cuba, declarando que el régimen isleño ‘no podrá sobrevivir’ tras ordenar la imposición de aranceles a las naciones que le vendan petróleo. Esta medida, anunciada en un acto público el jueves pasado, marca una nueva fase de presión económica que, según Washington, busca forzar un cambio político en la isla, pero que para muchos observadores, solo profundiza una confrontación sin claros beneficios.
La lógica detrás de la asfixia económica
Horas antes de sus declaraciones, Trump firmó una orden ejecutiva que autoriza la aplicación de aranceles adicionales a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, directa o indirectamente. La justificación oficial esgrimida es de ‘seguridad nacional y política exterior’, declarando incluso una emergencia nacional. La Casa Blanca argumenta que la economía cubana, dependiente del crudo externo, especialmente venezolano, se verá seriamente afectada, acelerando un cambio político. Sin embargo, ¿cómo se concilia esta postura con la insistencia de no intentar ‘ahogar’ a Cuba, cuando las acciones apuntan precisamente a estrangular su suministro energético vital?
Acusaciones sin pruebas: el largo brazo de la injerencia
La orden ejecutiva no solo apunta a la economía, sino que también carga con graves acusaciones contra el gobierno cubano. El documento lo vincula con países y organizaciones que Estados Unidos considera hostiles, mencionando a Rusia, China e Irán. Además, se refiere a una presunta infraestructura de inteligencia rusa en la isla y acusa a La Habana de dar refugio o apoyo a grupos como Hezbollah y Hamas. Estas aseveraciones, de ser ciertas, son de extrema gravedad, pero el texto fuente no detalla las pruebas que sustentan tales afirmaciones, dejando un vacío preocupante sobre la base fáctica de estas decisiones de política exterior.
La respuesta cubana: entre la condena y el diálogo condicionado
Desde La Habana, la respuesta no se hizo esperar. Las autoridades cubanas han calificado la política estadounidense como un ‘acto de terrorismo’, rechazando de plano cualquier negociación que parta de la coerción o la intimidación. Pese a la dureza de la retórica, el gobierno cubano ha reiterado su disposición a mantener un diálogo con Washington, siempre que se fundamente en la igualdad y el respeto mutuo. Una postura que, en medio de la escalada de Trump, parece cada vez más una quimera.
Lo que falta aclarar
- ¿Cuál es la evidencia concreta que sustenta las acusaciones de la orden ejecutiva sobre la presencia de infraestructura de inteligencia rusa o el apoyo a organizaciones terroristas por parte de Cuba?
- Más allá de la retórica, ¿cuál es el plan de Washington para asegurar que esta intensificación de la presión económica no termine afectando principalmente a la población cubana, en lugar del régimen, como históricamente ha ocurrido con los embargos?
- Considerando que Trump negó querer ‘ahogar’ a Cuba, ¿cómo se justifica la imposición de aranceles al petróleo, un recurso vital, sin que esto equivalga a una asfixia económica directa?
- ¿Qué impacto real esperan estas medidas tener en el corto y mediano plazo sobre el gobierno cubano, o es más una declaración política dirigida a un electorado específico en Estados Unidos?
