La alerta de Schumer: ¿Una guerra con Venezuela amenaza con desestabilizar a latinoamérica y poner a prueba la democracia de EE.UU.?
Las alarmas sobre una posible escalada militar en el continente americano resuenan con fuerza tras las recientes acusaciones del líder demócrata en el Senado de Estados Unidos, Chuck Schumer, quien advirtió que las «acciones imprudentes» del entonces presidente Donald Trump estaban arrastrando a su país hacia una «costosa guerra exterior» con Venezuela. Esta declaración no solo puso en evidencia la profunda división política interna en Washington, sino que también reavivó el debate sobre el intervencionismo estadounidense en América Latina y sus potenciales consecuencias para naciones como Perú.
Schumer, en un enérgico pronunciamiento, señaló que el despliegue militar estadounidense en las inmediaciones de Venezuela y la imposición de una prohibición generalizada contra la entrada internacional en el espacio aéreo venezolano configuraban un camino directo hacia el conflicto. El líder demócrata fue enfático al recordar que, según la Constitución de Estados Unidos, la facultad exclusiva para declarar la guerra recae en el Congreso, no en el presidente. Esta defensa de los pesos y contrapesos democráticos en la política exterior estadounidense resalta la tensión entre el poder ejecutivo y el legislativo frente a decisiones de tan trascendental envergadura.
La justificación de Trump para tales movimientos, centrada en la necesidad de atajar el tráfico de drogas que supuestamente emana desde Venezuela hacia Estados Unidos, ha sido una retórica recurrente que, para muchos analistas en la región, evoca capítulos pasados de intervención militar bajo pretextos similares. La historia de América Latina está marcada por episodios donde la seguridad nacional de Estados Unidos ha servido de argumento para acciones que han socavado la soberanía de naciones más pequeñas, generando inestabilidad política y social.
El demócrata Schumer articuló un sentir ampliamente compartido dentro de Estados Unidos: «Los estadounidenses están cansados de las interminables guerras en el extranjero que cuestan la vida a innumerables militares estadounidenses y agotan recursos valiosos». Esta crítica no es menor, pues refleja un hartazgo ante conflictos prolongados que no solo tienen un costo humano y económico devastador, sino que a menudo carecen de una estrategia clara y un apoyo público sostenido. Su llamado a una iniciativa bipartidista en el Congreso para impedir que Trump materializara su amenaza de intervenir militarmente en Venezuela subraya la urgencia de reequilibrar la balanza de poder en la política exterior.
Desde la perspectiva peruana y regional, la posibilidad de un conflicto armado en Venezuela representa una fuente de profunda preocupación. Un escenario bélico no solo agravaría la ya crítica crisis humanitaria y migratoria venezolana –cuyos efectos directos ha sentido Perú con la llegada de cientos de miles de migrantes–, sino que también podría desestabilizar aún más una región ya frágil. Los riesgos de una escalada que involucrara a otros actores regionales son considerables, con un potencial impacto negativo en la economía, la seguridad y la gobernabilidad de los países vecinos.
El llamado de Schumer para que «republicanos y demócratas en el Congreso se unan para devolverle al pueblo el poder de declarar la guerra» trasciende las fronteras de Estados Unidos. Es un recordatorio de la importancia de la institucionalidad democrática y de la necesidad de que las decisiones que implican el uso de la fuerza militar se tomen con el máximo consenso y legitimidad. Para América Latina, y para Perú en particular, cualquier acción unilateral que contravenga los principios de autodeterminación y no intervención representa una amenaza directa a la paz y la estabilidad continental, principios que nuestra diplomacia ha defendido históricamente en foros internacionales. La región observa con atención, esperando que la razón y la diplomacia prevalezcan sobre la imprudencia y la confrontación.
