Congresista Elizabeth Medina evade preguntas sobre esposo investigado por corrupción y se proclama “la más moral de Huánuco”

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La parlamentaria Elizabeth Medina se enfrenta a tensas preguntas sobre la investigación a su esposo, presuntamente vinculado a la corrupción. Su férrea defensa de su ‘moral’ choca con la opacidad del caso.

La visita de la congresista Elizabeth Medina Hermosilla a Huánuco se convirtió en un campo de batalla dialéctico con la prensa local. El motivo: las insistentes preguntas sobre la situación legal de su esposo, quien, según información del Ministerio Público citada por periodistas, estaría siendo investigado por un presunto caso de corrupción y se encontraría no habido. El incidente pone en el ojo de la tormenta la exigencia de transparencia y la cuestionable ‘autoridad moral’ de quienes detentan cargos públicos.

El ‘no habido’ y las acusaciones de corrupción

El punto álgido del interrogatorio giró en torno a la ubicación del cónyuge de la parlamentaria y su presunta implicación en actos ilícitos. Periodistas cuestionaron directamente a Medina sobre si exhortaría a su esposo a afrontar la justicia, dadas las graves acusaciones. Según lo expuesto por un comunicador, un colaborador eficaz habría señalado al investigado como un intermediario y operador político ante alcaldes, facilitando obras a cambio de presuntas coimas. Una imputación que, de confirmarse, dibuja un grave esquema de corrupción.

Ante estas interpelaciones, la congresista reaccionó con notoria incomodidad, desestimando las preguntas como un intento de desviar su labor de fiscalización. Afirmó enfáticamente no ser corrupta ni estar investigada, limitando su rol al cumplimiento de sus funciones parlamentarias. Sin embargo, resulta paradójico que la respuesta a un cuestionamiento sobre la conducta de un familiar directo sea la descalificación de la labor periodística.

La autoridad moral bajo escrutinio

La discusión escaló cuando se puso en tela de juicio la idoneidad de Medina para integrar instancias de fiscalización en el Congreso, precisamente por la investigación que pesa sobre su esposo. La parlamentaria sostuvo que no se le puede atribuir responsabilidad por los actos de su pareja, insistiendo en la separación entre su vida personal y sus funciones públicas. Una distinción que, en el ámbito de la ética pública, a menudo se desdibuja cuando los lazos familiares cercanos están implicados en actos de corrupción.

El clímax del tenso intercambio llegó con la pregunta sobre si consideraba tener la autoridad moral suficiente para ejercer la fiscalización. La respuesta de Medina fue contundente: afirmó poseerla, e incluso se autoproclamó como “una de las personas que más moral tiene en Huánuco”. Una declaración tan grandilocuente que contrasta fuertemente con la sombra de la investigación que persigue a su cónyuge y su condición de ‘no habido’.

Lo que falta aclarar

  • ¿Por qué el esposo de la congresista Medina se encuentra ‘no habido’ si, según la versión de ella, no tendría responsabilidad en los hechos que se le imputan?
  • ¿Cómo concilia la congresista su enfática declaración de tener “más moral” en Huánuco con la grave investigación por presunta corrupción que recae sobre su pareja, y que incluso la vincula a un colaborador eficaz?
  • ¿Qué medidas concretas ha tomado o tomará la congresista para instar a su esposo a ponerse a disposición de la justicia y esclarecer las acusaciones, dado que ella misma subraya la importancia de la transparencia?
  • ¿Es realmente sostenible la separación entre la vida personal y la función pública en un contexto donde el cónyuge de una congresista, miembro de una comisión de investigación, es señalado por corrupción y se encuentra prófugo?

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