Ingemmet advierte 838 zonas en riesgo, pero el país sigue construyendo sobre la amenaza
Mientras las lluvias vuelven a golpear con fuerza varias regiones del país, el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) ha encendido una alerta que no debería pasar desapercibida: existen 838 zonas críticas expuestas a deslizamientos, inundaciones y huaicos. Sin embargo, más allá de la cifra, la pregunta es inevitable: ¿qué se ha hecho con esta información en los últimos años?
De acuerdo con el organismo técnico, más de 400 mil personas podrían verse afectadas y al menos 100 mil viviendas estarían en riesgo ante precipitaciones intensas asociadas al Fenómeno El Niño Costero. Las regiones de Lima, Cajamarca, Tumbes y Piura concentran la mayor cantidad de áreas vulnerables, aunque Arequipa vuelve a figurar entre las más golpeadas por los desbordes y reactivación de torrenteras.
La ciencia advierte, pero la planificación falla
El vocero de Ingemmet, ingeniero Rigoberto Aguilar, explicó que el análisis geológico permite identificar huellas históricas de huaicos y deslizamientos. La tierra —señala— guarda memoria en sus rocas y sedimentos, lo que permite proyectar escenarios futuros.
El problema no es la falta de estudios. El problema es que muchas veces esos informes terminan archivados mientras continúan las construcciones en quebradas secas, laderas inestables y zonas de torrenteras. La experiencia demuestra que lo que hoy parece un cauce inofensivo puede convertirse en un torrente devastador con lluvias intensas.
El caso de la torrentera “El Chullo” en Arequipa es un ejemplo reciente: una zona conocida por su riesgo terminó nuevamente generando pérdidas materiales. No fue un evento imprevisible; fue un riesgo advertido.
Emergencia recurrente, soluciones postergadas
Cada temporada de lluvias el país entra en modo reactivo: declaratorias de emergencia, entrega de ayuda humanitaria, reconstrucción parcial y promesas de prevención. Sin embargo, la expansión urbana desordenada y la presión por ocupar terrenos económicos siguen empujando a miles de familias hacia áreas de alto peligro.
La advertencia de Ingemmet no es nueva. Lo que sí resulta preocupante es que, pese a contar con mapas de peligros y estudios técnicos, las municipalidades continúen otorgando permisos o tolerando asentamientos en zonas claramente vulnerables.
¿Prevención o repetición del desastre?
El propio Ingemmet ha exhortado a que la información científica sea utilizada para obras de mitigación y planificación responsable. Pero la prevención exige decisiones políticas firmes: reubicaciones planificadas, fiscalización real y prohibición efectiva de construcciones en áreas de alto riesgo.
Si no se actúa con anticipación, dentro de pocos años volveremos a discutir las mismas cifras, lamentando nuevas pérdidas humanas y económicas que pudieron evitarse.
La naturaleza no sorprende; advierte. Lo que sorprende —y preocupa— es la persistente indiferencia frente a esas advertencias.
