Mala praxis en Roma Medic: Entró por una liposucción y salió muerta
La muerte de Yanira Mendoza, enfermera de 35 años, no fue un accidente ni una fatalidad. Fue el resultado de una cadena de irresponsabilidades, presuntas negligencias médicas y un sistema que permite que clínicas sin autorización operen impunemente en uno de los distritos más exclusivos de Lima.
Yanira viajó desde Ica a la capital el 18 de diciembre de 2025 con la ilusión de mejorar su imagen. Salió de su casa por voluntad propia y con plena confianza en un procedimiento que debía ser seguro. Nunca regresó con vida.
Una cirugía pactada que nunca se respetó
Según la denuncia de sus familiares, Yanira firmó un contrato para una liposucción con el cirujano Wilson Espinoza. Sin embargo, en la sala de operaciones no estuvo quien debía estar. Quien tomó el bisturí fue Edward Cadenas, anestesiólogo y no cirujano plástico, una situación que, de confirmarse, constituye una grave falta ética y penal.
Durante la intervención, el médico habría perforado el hígado de la paciente, provocándole una hemorragia interna que la llevó rápidamente al colapso. “Mi hermana entró viva y salió muerta”, denunció su hermana Mirella Mendoza, quien hasta hoy no recibe explicación alguna.
Emergencia sin equipos y decisiones que costaron una vida
Lejos de activar un protocolo de emergencia, la clínica evidenció una alarmante precariedad. No contaba con equipos de reanimación ni con la capacidad mínima para atender una complicación quirúrgica severa.
En lugar de derivarla de inmediato al hospital más cercano, Yanira fue trasladada a otro centro médico más lejano. Peor aún, fue ingresada como “NN”, ocultando su identidad real. Para la familia, esta maniobra no fue un error, sino un intento desesperado por borrar rastros y evadir responsabilidades.
El local no debía operar: clínica fantasma para cirugías reales
Las investigaciones iniciales revelaron un dato escandaloso: la clínica Roma Medic no estaba autorizada por la Superintendencia Nacional de Salud (SUSALUD) para realizar cirugías de este tipo. En otras palabras, Yanira fue operada en un establecimiento que no debía existir como centro quirúrgico.
El caso destapó además otras denuncias de pacientes que sufrieron graves secuelas tras procedimientos estéticos en el mismo lugar. En al menos uno de ellos, la intervención fue realizada por una médica sin la especialidad correspondiente. El patrón se repite: profesionales no calificados, pacientes desinformados y autoridades ausentes.
Clausura tardía y puertas cerradas a la justicia
Cuando la Policía Nacional y el Ministerio Público acudieron a la clínica para recabar pruebas y confiscar la historia clínica de la víctima, encontraron las puertas cerradas. Nadie dio la cara. Nadie respondió.
Ante esta negativa, la Municipalidad de Miraflores ordenó la clausura del local y anunció sanciones por impedir la fiscalización. Sin embargo, para la familia, la medida llega tarde: la clínica ya había cobrado su víctima.
Silencio, fuga y una familia destrozada
Hasta el momento, la clínica no ha emitido un pronunciamiento oficial. Tampoco se conoce públicamente el paradero de los médicos involucrados. El silencio institucional solo agrava la sospecha de encubrimiento.
Mientras tanto, una familia llora a una hija, una hermana y una profesional de la salud que confió en un sistema que le falló. El caso de Yanira Mendoza no es un hecho aislado, sino un síntoma de un negocio millonario que opera sin control, donde la estética vale más que la vida.
Hoy, la pregunta no es solo quién mató a Yanira, sino cuántas clínicas más siguen operando sin permisos y cuántas vidas están en riesgo.

