Alerta sísmica: 835 temblores en 2025 no evitan el gran terremoto inminente, según IGP
A pesar del récord de movimientos telúricos, el IGP insiste en que la energía acumulada crece. ¿Está el país preparado para lo inevitable?
Perú cierra el 2025 con un preocupante récord de 835 temblores, superando los 798 de 2024. Sin embargo, este aumento no es motivo de alivio, sino de mayor inquietud. Hernando Tavera, presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), ha lanzado una advertencia contundente: los sismos de magnitud 4, 5 y 6 no solo son insuficientes para liberar la energía sísmica acumulada, sino que dejan al país al borde de un «terremoto o evento sísmico de mayor magnitud» que parece inevitable.
Un país en constante tensión sísmica
Con 54 movimientos solo en diciembre de 2025, la actividad telúrica en Perú es una constante. Tavera, del IGP, minimiza la situación al señalar que «lo más extraño que pueda ocurrir es que no haya movimientos telúricos». No obstante, la realidad es que regiones como Lima, Ica y Áncash, cercanas al Cinturón de Fuego del Pacífico, enfrentan una vulnerabilidad acentuada. Recientemente, Áncash experimentó un sismo de magnitud 6,0 que provocó daños en viviendas, hospitales y negocios, evidenciando la fragilidad de nuestra infraestructura.
La advertencia del IGP: ¿Qué significa realmente?
La explicación técnica del IGP es clara: la colisión de la placa del Pacífico con la placa de Nazca genera una fricción constante y una acumulación de energía masiva. Tavera subraya que un sismo de magnitud 6,0 libera 30 veces más energía que uno de 5,0, pero esto palidece ante un evento de magnitud 7,0 (900 veces más) o 8,0 (27.000 veces más). El mensaje es que los eventos recientes, como el de Chimbote con una «ruptura de apenas centímetros», son meros «choques de autos» en comparación con la «colisión de camiones» que se avecina. La energía acumulada no disminuye significativamente.
Vulnerabilidad y falta de respuestas contundentes
Si bien el IGP cumple con informar sobre la actividad sísmica y la mecánica de las placas tectónicas, la recurrente advertencia sobre la insuficiencia de los sismos menores para liberar energía plantea interrogantes urgentes. La población vive bajo la sombra de un «terremoto inevitable», una realidad que, según las propias palabras de Tavera, se debe a la continua acumulación de energía mientras las placas sigan desplazándose. ¿Qué acciones concretas se derivan de esta certeza científica más allá de la mera constatación del riesgo?
Lo que falta aclarar
- Si los sismos menores no liberan suficiente energía para evitar un terremoto, ¿qué medidas preventivas y de infraestructura *reales* se están implementando en las zonas más vulnerables como Lima, Ica y Áncash, más allá de la mera observación?
- Ante la ‘inevitabilidad’ de un sismo de gran magnitud, ¿existe un plan de contingencia nacional actualizado y comunicado eficazmente a la ciudadanía, o solo se espera que la población asuma la catástrofe?
- El IGP registra un aumento de temblores en 2025 respecto a 2024. ¿Cómo se traduce este incremento en una estrategia de preparación diferenciada o más intensiva, o la respuesta sigue siendo la misma ante un riesgo creciente?
- ¿Qué inversión se ha destinado a la modernización de la infraestructura crítica (hospitales, escuelas, viviendas) en las zonas costeras, considerando la advertencia de que un sismo de magnitud 6,0 ya causa daños significativos?



