Documental Fuimos Héroes: Cuando la memoria deportiva confronta el olvido nacional

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El estreno de “Fuimos Héroes”, el documental que revive la gesta de la selección peruana campeona de la Copa América 1975, va más allá de un simple ejercicio de nostalgia deportiva. Este ambicioso proyecto de El Comercio y Deporte Total, que llega a las salas de Cineplanet, Cinemark y Cinépolis este 11 de diciembre, se erige como un imperativo moral y una profunda interpelación a la memoria colectiva de un país, recordándonos la persistente deuda con aquellos que, con sacrificio y convicción, forjaron uno de los momentos más luminosos de nuestro fútbol. La iniciativa, aplaudida por su urgencia de homenajear en vida, invita a una reflexión crítica sobre qué hemos hecho con ese legado y por qué el reconocimiento tarda a menudo en llegar.

La narrativa del 75, a menudo confinada a crónicas de archivo o relatos familiares, adquiere una dimensión palpable y emotiva en este trabajo audiovisual. Los testimonios de figuras emblemáticas, como Otorino Sartor, quien defendía el arco sin guantes, soportando «pelotazos que dolían tres días» por la cruda realidad de «no había y no tenía», son un crudo recordatorio de una época de carencias, pero también de una pasión innegociable. Lejos de los lujos y contratos millonarios del fútbol moderno, la vida de aquellos campeones se tejía entre el esfuerzo y la resiliencia: Alfredo Quesada iba en bicicleta a los entrenamientos, Teófilo Cubillas cruzaba el océano desde Portugal para sumarse al equipo, y ‘el Cholo’ Sotil se las ingeniaba para «escapar» de Barcelona y vestir la blanquirroja. Incluso el ‘Capitán de América’, Héctor Chumpitaz, se dormía en el bus, extenuado por su labor de papá primerizo y el rigor del deporte. Esta generación de futbolistas, que a menudo combinaba la cancha con estudios en Medicina, Contabilidad o Derecho, representa un contraste abismal con el perfil del deportista contemporáneo, y evidencia una realidad donde el compromiso trascendía lo meramente económico.

En un país con una recurrente tendencia a la amnesia histórica, particularmente en el ámbito deportivo donde los ídolos son efímeramente celebrados para luego caer en el olvido, la producción de «Fuimos Héroes» cobra un significado trascendente. La necesidad de «aplaudir mientras ellos, los campeones, pueden escuchar los aplausos», lejos de ser un mero sentimentalismo, es una velada pero contundente crítica a la inacción de las instituciones deportivas y, en ocasiones, del propio Estado, en el reconocimiento y sostenimiento de quienes nos brindaron orgullo. Que sea un medio de comunicación el que asuma «el proyecto más ambicioso de Deporte Total en 40 años» para saldar una deuda moral, subraya una carencia estructural en la preservación de nuestra memoria histórica y deportiva. ¿Acaso no es esta búsqueda de «dónde se perdieron nuestras raíces» un lamento recurrente en un fútbol peruano que, salvo contadas excepciones, ha estado más cerca de la frustración que de la gloria desde aquel hito?

El documental se propone como un «puente para que todas las generaciones lo crucen y, quizá, se miren en él». Esta ambiciosa meta trasciende el simple registro histórico; busca interpelar al presente, invitando a la juventud a comprender los cimientos de esa hazaña y, quizás, a rescatar valores como el sacrificio, la disciplina y el amor a la camiseta que, en la coyuntura actual, a menudo parecen diluidos. La visión de ese 1975, un año en el que la selección peruana «ganaba», se presenta no solo como un recuerdo entrañable, sino como una invocación a recordar «eso de lo que fuimos capaces, y repetirlo» en un futuro más prometedor.

“Fuimos Héroes” llega a las salas de cine no solo para rendir el merecido tributo, sino para plantear preguntas incómodas a la sociedad peruana. ¿Hemos valorado suficientemente a nuestros campeones? ¿Hemos aprendido de su ejemplo o simplemente hemos caído en la nostalgia inmovilizadora? El documental es, en última instancia, un recordatorio vital de que la grandeza de un país no solo se mide por sus logros presentes, sino por la forma en que honra y preserva la memoria de aquellos que, contra viento y marea, le dieron motivos para creer. Es un espejo que nos muestra un pasado heroico y nos reta a confrontar nuestro presente para construir un futuro digno de esa herencia.

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