Escándalo en la Dirincri: Detención de seis agentes por coima de S/15,000 profundiza crisis de confianza en la PNP
Lima, Perú – La lucha contra la corrupción en la Policía Nacional del Perú (PNP) ha sufrido un nuevo y preocupante revés con la detención de seis agentes adscritos a la prestigiosa División de Robos de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri). Estos efectivos son señalados de haber solicitado una coima de 15 mil soles y de haber orquestado falsos operativos, un patrón de conducta que no solo deshonra la institución, sino que erosiona aún más la ya precaria confianza ciudadana en sus fuerzas del orden.
El incidente, que ha provocado un nuevo remezón en los cimientos de la PNP, se enmarca en una investigación preliminar que busca esclarecer los alcances de lo que serían delitos graves contra la administración pública. De confirmarse su culpabilidad, los agentes afrontarían cargos por corrupción y cohecho pasivo, ilícitos tipificados en el Código Penal peruano que conllevan severas penas de prisión. Además, se les imputa apropiación ilícita de dinero y abuso de autoridad, lo que agrava la naturaleza de sus presuntas faltas y revela una preocupante desviación de sus funciones.
La Dirincri, una unidad clave en la investigación de delitos de alta complejidad y en la lucha contra la criminalidad organizada, se ve salpicada una vez más por acusaciones de corrupción interna. Este hecho es particularmente dañino, pues la integridad de sus miembros es fundamental para la eficacia de las investigaciones criminales y para garantizar la justicia. Cuando quienes están llamados a combatir el crimen se convierten en parte de él, el sistema de seguridad y justicia del país se ve gravemente comprometido.
Este caso no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una persistente y lacerante problemática que aqueja a la institución policial desde hace décadas. La corrupción policial, con sus diversas modalidades —desde las pequeñas «coimas» hasta la complicidad con redes criminales—, representa uno de los principales obstáculos para el desarrollo de un Estado de derecho robusto y para la construcción de una sociedad más segura.
Según información de la propia institución, y en una cifra que resalta la magnitud del desafío, al menos 570 policías han sido implicados en actos de corrupción «en lo que va del 2025», un dato que, si bien puede generar interrogantes sobre su proyección temporal, subraya la persistencia del flagelo que socava la moral y la eficiencia de la PNP. Esta cifra, alarmante en cualquier contexto, pone en evidencia que los esfuerzos actuales por depurar la institución, aunque existentes, aún no son suficientes para erradicar las malas prácticas arraigadas.
La reiteración de estos casos, que van desde extorsiones hasta la protección de actividades ilícitas, genera una percepción pública de impunidad y debilita la moral del sector policial honesto, que es la inmensa mayoría. La ciudadanía espera y exige una Policía íntegra y profesional, especialmente en un contexto de creciente inseguridad ciudadana. La detención de agentes de una división tan sensible como Robos de la Dirincri envía un mensaje desolador sobre la profundidad del problema.
Mientras las investigaciones continúan su curso para determinar las responsabilidades individuales, este nuevo episodio de corrupción policial debe servir como un recordatorio urgente de la necesidad de implementar reformas más profundas y sostenibles. Es imperativo reforzar los mecanismos de control interno, promover una cultura de transparencia y ética, y garantizar que la justicia actúe con celeridad y sin contemplaciones contra aquellos que traicionan su juramento y la confianza de la nación. Solo así se podrá iniciar un camino real hacia la recuperación de la credibilidad y la legitimidad de una institución vital para la democracia peruana.
