Trump y Kennedy Jr.: La controversial investigación de EE.UU. sobre muertes por vacuna COVID-19
La administración del expresidente Donald Trump ha iniciado una investigación a gran escala en Estados Unidos sobre supuestas muertes vinculadas a las vacunas contra el COVID-19, una iniciativa que ha desatado una ola de preocupación y escepticismo en la comunidad médica y científica global. El epicentro de esta controversia radica en la figura de Robert F. Kennedy Jr., un notorio escéptico de las vacunas, quien, según fuentes periodísticas, fue nombrado secretario de Salud durante la gestión de Trump, marcando un giro radical en la política sanitaria del país.
Desde su controvertido nombramiento, Kennedy Jr. ha impulsado una revisión exhaustiva de la política de vacunación de Estados Unidos, un movimiento que ha sido recibido con alarma por los expertos en salud pública. Andrew Nixon, portavoz del Departamento de Salud, confirmó a la agencia AFP que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) está llevando a cabo una investigación profunda sobre «muertes potencialmente relacionadas con las vacunas contra el covid», abarcando «múltiples grupos de edad». Este proceso, previamente adelantado por medios como Bloomberg y The Washington Post, ha puesto el foco en la credibilidad y la dirección de la política sanitaria estadounidense.
La pesquisa, que inicialmente se concentró en posibles decesos infantiles, cobró una dimensión aún más polémica a fines de noviembre, tras la filtración de un documento interno. Atribuido a un alto funcionario de la FDA, el memorándum sugería un vínculo entre las vacunas COVID-19 y al menos diez muertes en niños, aunque no proporcionaba ninguna evidencia científica que respaldara tales afirmaciones. Este tipo de divulgaciones, carentes de sustento, alimentan la desinformación y socavan la confianza pública en las instituciones sanitarias.
Es fundamental recordar que la eficacia y seguridad de las vacunas contra el COVID-19 han sido rigurosamente estudiadas y ampliamente documentadas a nivel mundial. Las autoridades sanitarias globales han confirmado que, si bien existen casos raros de efectos secundarios graves, estos no anulan los beneficios sustanciales que las vacunas ofrecen a la mayoría de los grupos de edad en la prevención de la enfermedad y la reducción de sus formas más severas y mortales. La ciencia ha hablado con claridad, y cualquier proceso investigativo debe adherirse a los más altos estándares metodológicos y de transparencia.
La preocupación de los expertos se intensifica ante el historial de Robert F. Kennedy Jr. en la difusión de desinformación y teorías conspirativas. En 2023, Kennedy Jr. llegó a afirmar que las vacunas eran «mortales» y, sin presentar prueba alguna, aseveró que el virus del COVID-19 estaba «dirigido étnicamente» para afectar a personas negras y blancas, mientras que supuestamente no perjudicaba a judíos asquenazíes ni a personas chinas. Estas declaraciones, ampliamente desacreditadas, ilustran la peligrosa inclinación a ignorar la evidencia científica en favor de narrativas conspirativas.
A pesar de la trascendencia de esta investigación, el portavoz Andrew Nixon declinó ofrecer detalles sobre los métodos empleados, los datos recopilados o el cronograma previsto para su finalización. Esta falta de transparencia solo profundiza las dudas sobre la objetividad y la seriedad del proceso en curso, especialmente cuando un funcionario de tan alto rango con un historial antivacunas está involucrado. La comunidad internacional y los ciudadanos merecen claridad y rigor científico en asuntos de salud pública de esta envergadura.
