La Liga 1 2026 y su mercado de pases: Entre la ansiedad copera y la crónica inestabilidad nacional
Con la confirmación de los dieciocho elencos que disputarán la Liga 1 en 2026, el mercado de fichajes del balompié peruano ha comenzado su habitual, y a menudo frenética, danza de nombres. Sin embargo, más allá de los anuncios y las especulaciones que capturan la atención de los aficionados, esta etapa de reconfiguración de planteles revela una vez más las profundas contradicciones y la crónica inestabilidad que caracterizan a nuestro fútbol, oscilando entre la ambición por trascender a nivel continental y la precariedad de una gestión deportiva que prioriza lo inmediato.
La «activación» del mercado, tal como se le denomina, parece ser una reacción en cadena más que una planificación estratégica a largo plazo. Los grandes de siempre —Universitario, Alianza Lima y, con un silencio llamativo, Sporting Cristal— se ven obligados a mover sus piezas bajo la lupa de la Copa Libertadores y Sudamericana, torneos que se han convertido en una quimera y que usualmente dictan el ritmo y la ansiedad de las contrataciones. Pero esta presión internacional a menudo se traduce en fichajes precipitados y la recurrente búsqueda de soluciones mágicas que pocas veces rinden frutos duraderos.
El flamante campeón, Universitario de Deportes, atraviesa una paradoja. Si bien celebró el título, la «novela» en torno a la continuidad de su exitoso técnico, Jorge Fossati, ha generado una incertidumbre que desdibuja la euforia. Las salidas confirmadas de jugadores clave como Sebastián Britos, Gabriel Costa, Diego Churín y, más recientemente, Jairo Vélez, ponen en cuestión la base del equipo campeón. Si bien el regreso de Diego Romero parece inminente y se evalúan renovaciones fundamentales para Horacio Calcaterra, Matías Di Benedetto, Williams Riveros, José Carabalí y José Rivera, la verdadera prueba será si el club logrará reemplazar estas piezas sin desmantelar la química que los llevó a la gloria. La gestión de los refuerzos y la consolidación de un proyecto deportivo sólido se vislumbran como retos mayores que el propio campeonato.
En la vereda de enfrente, Alianza Lima vive su propio purgatorio post-eliminación en los playoffs. La destitución del DT Néstor Gorosito es una muestra más de la cultura de «cortar cabezas» ante los resultados adversos, una práctica arraigada en el fútbol peruano que rara vez permite la maduración de procesos. La lista de posibles bajas en el cuadro íntimo es alarmante y abarca nombres de peso como Hernán Barcos, Ángelo Campos, Guillermo Enrique, Ricardo Lagos, Pablo Ceppelini, Alan Cantero y Matías Succar. La inminente llegada de Jairo Vélez, precisamente desde el clásico rival, junto con otros fichajes «por confirmar» como Alejandro Duarte, D’Alessandro Montenegro y Cristian Carbajal, dibuja un escenario de reconstrucción total, pero también de una notoria falta de anticipación y claridad en la conformación del próximo plantel. Se busca la renovación de Eryc Castillo, Fernando Gaibor y Renzo Garcés. La interrogante es si esta reconstrucción se basará en una visión renovada o en la simple esperanza de que nuevos rostros traigan mejor suerte.
Sporting Cristal, por su parte, ha optado por un silencio casi monacal. Mientras sus rivales ya mueven sus fichas, el cuadro celeste no ha anunciado altas. Con las posibles salidas de Alejandro Duarte, Nicolás Pasquini y Jhilmar Lora, este mutismo puede interpretarse como prudencia estratégica o como una preocupante indecisión en un mercado cada vez más competitivo. Las negociaciones para las renovaciones de Martín Távara, Rafael Lutiger e Irven Ávila se mantienen. La expectativa sobre sus movimientos es alta, y el tiempo dirá si esta pausa es señal de una planificación meticulosa o de una tardía reacción.
Más allá de los tres grandes, el resto de la Liga 1 dibuja un panorama de contrastes y repeticiones. Clubes como Cusco FC, con su activa lista de incorporaciones (Gabriel Carabajal, José Manzaneda, Gu Rum Choi, Diego Soto, José Bolívar) tras asegurar su cupo internacional y con la renovación del DT Miguel Rondelli, demuestran una clara ambición. FBC Melgar, con refuerzos puntuales como Pablo Erustes y renovaciones estratégicas para Horacio Orzán, Ricardo Farro, Lautaro Guzmán y Alec Deneumostier, además de los préstamos de Mariano Barreda y Percy Liza, parece operar con una visión más coherente.
Sin embargo, para muchos otros, el mercado de pases se convierte en un carrusel de préstamos y transferencias de jugadores que giran entre equipos cada temporada. El reciclaje de talentos, la alta rotación de entrenadores y la constante búsqueda de «oportunidades» en un mercado limitado evidencian la falta de bases sólidas y de programas de desarrollo sostenibles. Alianza Atlético, con la llegada de Federico Urciuoli como DT y Mariano Barreda, y la salida de Gerardo Ameli y Agustín Graneros, o Deportivo Garcilaso (con la llegada de Hernán Lisi como DT, Percy Liza y Agustín Graneros, más los posibles Beto da Silva y Claudio Torrejón, y las bajas de Carlos Bustos, Pablo Erustes, Juan Diego Lojas y Carlos Beltrán) son ejemplos de esta vorágine que busca armarse para competir, pero sin la certeza de un modelo sostenible. Cienciano, por su lado, busca a Claudio Núñez y Matías Succar, mientras ve partir a Beto da Silva y Claudio Torrejón.
Un caso paradigmático es el de Juan Pablo II, recién ascendido, que ha generado revuelo con la posible llegada de Christian Cueva y la salida del DT Santiago Acasiete. Este fichaje, más allá de lo deportivo, plantea interrogantes sobre la viabilidad económica de ciertos movimientos y si responde a una estrategia de marketing o a una verdadera intención de consolidar un proyecto futbolístico en la primera división. Por otro lado, la masiva lista de bajas de Sport Boys (Cristian Carbajal, Jesús Huamán, Enzo De la Peña, Fidel Martínez, Gilmar Rodríguez, Benjamín Villalta, Fabrizio Roca, Axel Domínguez, Rodrigo Colombo, Emile Franco, Matías Almirón, Jorge Ríos) o las múltiples especulaciones en clubes como ADT o Sport Huancayo, subrayan las dificultades financieras y la inestabilidad institucional que acechan a muchas instituciones del torneo. Los Chankas muestran una intensa actividad con altas como Gonzalo Rizzo, Jarlín Quintero, Janio Pósito, Brayan Guevara, Abdiel Ayarza, y la renovación de una base importante de jugadores.
En definitiva, el mercado de fichajes de la Liga 1 2026 es un espejo de las virtudes y flaquezas de nuestro fútbol. Es una época de esperanza, pero también de profunda reflexión crítica. Mientras los aficionados sueñan con refuerzos que cambien la historia, la realidad nos muestra un sistema que, año tras año, se enfrenta a los mismos desafíos: la falta de una visión integral, la primacía de los resultados inmediatos sobre la formación, y la eterna búsqueda de la estabilidad en medio de la vorágine. Urge una transformación estructural que trascienda la mera compra y venta de jugadores para construir un balompié nacional realmente competitivo y sostenible.
