Cercado de Lima: Policía en presunto estado etílico hiere a joven

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La madrugada de hoy, miércoles 9 de diciembre, el Cercado de Lima fue escenario de un preocupante incidente que ha vuelto a poner en el ojo de la tormenta la conducta de algunos miembros de la Policía Nacional del Perú (PNP). Un joven de apenas 23 años fue gravemente herido de bala en el estómago, presuntamente por un efectivo policial que se encontraba en estado de ebriedad, generando indignación y renovando el debate sobre la rigurosidad de los controles internos de la institución.

El suceso se registró en la segunda cuadra de la avenida Cárcamo cuando la víctima, quien es padre de un bebé de tan solo tres meses y se dirigía a una panadería cercana, fue alcanzada por un proyectil disparado por el agente. Según testimonios de familiares y vecinos, el policía manipulaba su arma de fuego sin las más mínimas medidas de seguridad, poniendo en riesgo la integridad de los transeúntes. Esta imprudencia, agravada por el presunto consumo de alcohol, desvela una alarmante falta de profesionalismo y responsabilidad por parte de quien tiene el deber de proteger a la ciudadanía.

Ante el estruendo de los disparos, residentes de la zona alertaron inmediatamente a las autoridades a través de la central 105. Otros efectivos de la PNP llegaron al lugar y lograron retener al agresor dentro de un establecimiento, donde se encontró su arma y su celular sobre el mostrador, confirmando su implicación en el suceso. El joven herido fue trasladado de emergencia al hospital Loayza, donde su estado de salud es de pronóstico reservado, manteniendo en vilo a su familia y a la comunidad.

La madre del joven afectado ha clamado por justicia, expresando su profunda preocupación por la integridad de su hijo. Asimismo, denunció públicamente la falta de apoyo que encontró al intentar formalizar la denuncia en la comisaría de Monserrate. Esta situación, lamentablemente recurrente en casos de presunto abuso policial, añade una capa de frustración e impotencia para los agraviados, quienes se ven en la disyuntiva de confiar en una institución que, en ocasiones, parece proteger a sus propios elementos antes que garantizar la debida atención a las víctimas.

Este incidente no es un caso aislado. Se suma a una preocupante lista de denuncias por presunto abuso de autoridad, uso excesivo de la fuerza y otras faltas graves que empañan la imagen de la PNP. La sociedad peruana exige una Policía que actúe con ética, profesionalismo y pleno respeto a los derechos humanos, lejos de conductas irresponsables como la manipulación de armas bajo los efectos del alcohol. La necesidad de una profunda revisión de los protocolos de control, la salud mental de sus miembros y las sanciones internas se hace más urgente que nunca.

Las autoridades competentes, en particular el Ministerio Público, tienen el deber de llevar a cabo una investigación exhaustiva y transparente que determine las responsabilidades del agente implicado y asegure que este caso no quede impune. Solo así se podrá empezar a restaurar la confianza de la ciudadanía en una institución vital para la seguridad del país, pero que enfrenta crecientes cuestionamientos sobre su capacidad de autorregulación y rendición de cuentas. La justicia para el joven herido y la garantía de que hechos como este no se repitan deben ser prioridades ineludibles.

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