Sobrecarga hospitalaria: Cuando la confusión entre urgencia y emergencia amenaza la salud pública en Perú

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Lima, Perú – Los servicios de emergencia de los principales hospitales y clínicas del Perú operan constantemente bajo una presión abrumadora, una realidad que no solo refleja la crónica escasez de recursos humanos y materiales, sino también una profunda y extendida confusión ciudadana sobre qué constituye una verdadera emergencia médica. Cifras proporcionadas por el Seguro Social de Salud (EsSalud) son elocuentes: entre un 50% y 60% de los pacientes que acuden a las salas de emergencia presentan, en realidad, cuadros de urgencia. Esto significa que casi dos terceras partes de las atenciones en estas áreas críticas son para afectaciones que, si bien requieren evaluación médica oportuna, no representan un peligro inmediato para la vida del paciente.

Esta desproporción no es un fenómeno aislado del Perú; se observa en varios países de América Latina, pero en un contexto de sistema de salud históricamente precario como el nuestro, su impacto es devastador. La saturación de las emergencias hospitalarias no solo genera largas esperas y frustración en los usuarios, sino que, lo más grave, desvía recursos cruciales y retrasa la atención de aquellos pacientes cuyas vidas penden de un hilo.

La distinción entre «emergencia» y «urgencia» es fundamental y EsSalud la ha delineado claramente: una emergencia médica es aquella que compromete la vida y/o la función de un órgano, demandando atención inmediata y sin dilación. Situaciones como un infarto agudo de miocardio, un traumatismo encéfalo craneano, una insuficiencia respiratoria severa, quemaduras graves, intoxicaciones agudas, crisis asmáticas o convulsivas severas, hemorragias incontrolables o accidentes graves con traumatismos, son ejemplos donde cada minuto es vital. La rapidez en la atención puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, o entre una recuperación plena y una discapacidad permanente, tal como enfatiza el doctor Jorge Eduardo Santa María Ortiz, subgerente de la Escuela de Emergencia de EsSalud.

Por otro lado, una urgencia médica refiere a cuadros molestos, incómodos o dolorosos que requieren valoración médica oportuna, pero que no entrañan un riesgo inmediato para la vida del paciente. Estos casos tienen un margen de atención y, en muchos escenarios, podrían incluso manejarse a nivel de atención primaria o domiciliaria con una orientación médica adecuada. El doctor Santa María ejemplifica con resfríos comunes, procesos febriles leves, cólicos abdominales causados por gases o indigestión, cuadros diarreicos o vómitos sin deshidratación severa, y ciertos dolores articulares. La correcta derivación de estos casos al primer nivel de atención sería clave para «desembalsar» los centros asistenciales de alta complejidad.

La persistencia de esta confusión es un síntoma de un problema multifactorial. Si bien la falta de información pública contribuye significativamente, como señala el especialista de EsSalud, también se entrelaza con las deficiencias estructurales del primer nivel de atención en el país. La percepción generalizada de que los centros de salud y postas médicas son insuficientes, están desabastecidos o brindan una atención lenta, empuja a muchos ciudadanos a recurrir directamente a las emergencias hospitalarias, incluso por dolencias menores. Esta dinámica no solo sobrecarga el sistema, sino que también perpetúa un ciclo vicioso de desatención y desconfianza en el eslabón más cercano a la comunidad.

Cabe resaltar que esta diferenciación no solo impacta la eficiencia del sistema público, sino que también es crucial en el ámbito de los seguros médicos. Las pólizas suelen establecer cláusulas distintas para emergencias y urgencias, y la clasificación errónea de un evento puede tener implicaciones significativas en la cobertura, los deducibles o los copagos que debe asumir el asegurado, generando, a su vez, mayor malestar.

La consecuencia directa de esta sobrecarga es el colapso funcional de las salas de emergencia, donde valiosos recursos humanos y tecnológicos son dedicados a casos que podrían ser resueltos en otro nivel de atención. Esto, indefectiblemente, ralentiza la respuesta a las verdaderas emergencias, poniendo en riesgo la vida de quienes sí necesitan una intervención inmediata. La oportunidad de atención es un factor determinante, y cada minuto que un equipo médico está ocupado con una urgencia leve, es un minuto menos disponible para salvar una vida en peligro inminente.

EsSalud, consciente de esta problemática, insta a la población a utilizar de manera racional los servicios de salud, acudiendo al establecimiento correcto: los hospitales para emergencias reales y los centros de atención primaria o servicios de urgencia para situaciones sin riesgo vital. Como medida de apoyo, la entidad recuerda que la Línea 117 de EsSalud, gratuita y disponible las 24 horas, ofrece orientación a sus asegurados en Lima y Callao para diferenciar y gestionar tanto urgencias como emergencias.

En última instancia, la solución a la crónica sobrecarga de los servicios de emergencia en Perú no solo pasa por la educación ciudadana, sino por una reforma integral y sostenida que fortalezca el primer nivel de atención, mejore la articulación entre los distintos estratos del sistema de salud y garantice una atención oportuna y de calidad en todos los niveles, permitiendo que los recursos limitados se destinen a quienes más los necesitan. Solo así se podrá mitigar una crisis que, día a día, pone en riesgo la salud y la vida de miles de peruanos.

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