Parches en el sistema: Préstamo de Tacrolimus a EsSalud evidencia fragilidad en abastecimiento de medicamentos críticos

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La supuesta “colaboración” entre el Ministerio de Salud (Minsa) y EsSalud, anunciada recientemente, lejos de ser un ejemplo de articulación, se ha convertido en una nueva evidencia de la fragilidad que padece el sistema de salud pública peruano, especialmente en el abastecimiento de medicamentos críticos. La decisión del Minsa de “prestar” Tacrolimus a EsSalud para evitar un quiebre de stock pone de manifiesto deficiencias crónicas en la planificación y gestión de compras, poniendo en riesgo la vida de miles de pacientes trasplantados.

El Tacrolimus es un inmunosupresor vital que previene el rechazo de órganos trasplantados. Su interrupción, incluso por un periodo breve, puede tener consecuencias devastadoras, llevando a complicaciones graves o incluso a la pérdida del órgano y la vida del paciente. La preocupación de las asociaciones de pacientes, que ya han vivido episodios similares de incertidumbre, es más que justificada.

Según el comunicado conjunto emitido por ambas instituciones, el Minsa y su Centro Nacional de Abastecimiento de Recursos Estratégicos en Salud (Cenares) cuentan con «abastecimiento suficiente» y «reservas adicionales» de Tacrolimus. Esta afirmación, que busca tranquilizar a la población, contrasta con la necesidad de un «préstamo temporal» a EsSalud, que, según la explicación oficial, se encuentra «culminando sus procesos de abastecimiento».

La frase «culminando sus procesos de abastecimiento» es un eufemismo que encubre una preocupante falta de previsión y eficiencia en EsSalud. ¿Cómo es posible que una institución con un presupuesto millonario y una población asegurada tan vasta llegue al límite de sus existencias de un medicamento de tan alta criticidad? Este escenario no es nuevo y se repite cíclicamente en el sector público, evidenciando una burocracia ineficiente, problemas en la cadena de suministro o, en el peor de los casos, negligencia en la gestión de compras.

El rol de Cenares, concebido como el «pulmón» estratégico del sistema de salud, ha pasado de ser una reserva preventiva a un servicio de emergencia recurrente. Si bien su capacidad de respuesta inmediata es crucial para amortiguar estas crisis, el hecho de que deba suplir constantemente las carencias de otras instituciones desvirtúa su función principal y expone la falta de autonomía y una planificación robusta dentro de cada entidad. Un préstamo, por más urgente que sea, es una solución reactiva, no una estrategia sostenible.

Minsa y EsSalud insisten en que mantienen una «coordinación permanente» y que la prioridad es la continuidad del tratamiento. Sin embargo, la confianza de los pacientes y sus familias se ve erosionada cada vez que la disponibilidad de su medicación vital pende de una solución de última hora. La pregunta que los gremios de pacientes se hacen, y que el comunicado no aborda con profundidad, es qué medidas estructurales y correctivas está implementando EsSalud para evitar que esta situación se repita en el futuro. La finalización de «procesos de compra» no garantiza una solución a largo plazo si las causas de los retrasos no son identificadas y resueltas de raíz.

Este episodio subraya la imperiosa necesidad de una reforma profunda del sistema de salud, que promueva una verdadera integración y no una serie de parches coyunturales. La gestión de medicamentos estratégicos de alto costo y demanda clínica no puede depender de la buena voluntad o de préstamos de emergencia. Se requiere una planificación conjunta, transparente y con rendición de cuentas, que asegure el abastecimiento oportuno y predecible, liberando a los pacientes trasplantados de la angustia de no saber si tendrán acceso a su tratamiento.

El mensaje oficial es que «el abastecimiento está garantizado» y que «el apoyo entre instituciones continuará mientras sea necesario». No obstante, la verdadera garantía para la salud de los peruanos no reside en soluciones temporales, sino en un sistema robusto, eficiente y libre de las falencias administrativas que, periódicamente, ponen en jaque la vida de los más vulnerables. La pregunta sigue en el aire: ¿cuándo dejará el Estado peruano de gestionar la salud pública con soluciones de emergencia y asumirá la responsabilidad de implementar una política de abastecimiento previsible y digna?

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