El “Bombonerazo” no bastó: La efímera gestión de Gorosito en Alianza Lima y la sombra de la inestabilidad

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La Victoria, bastión del aliancismo, vuelve a sumergirse en una espiral de incertidumbre y desilusión. La abrupta salida de Néstor “Pipo” Gorosito del banquillo de Alianza Lima, a pesar de una reciente renovación contractual, no es solo la crónica de un despido, sino el reflejo de una gestión que, una vez más, privilegia la inmediatez sobre el proceso, dejando al club en un punto de partida incierto y con el amargo sabor de ser Perú 4 en la próxima Copa Libertadores 2026.

El argentino, cuyo ciclo duró exactamente un año, había llegado con la promesa de estabilidad y un estilo de juego definido. Su punto más alto, sin duda, fue la épica eliminación de Boca Juniors en la fase preliminar de la Copa Libertadores, un hito que la prensa argentina denominó el «Bombonerazo». Aquel 5-4 en el global, tras un 2-2 en La Bombonera, no solo catapultó a los íntimos a la fase de grupos y posteriormente a cuartos de final de la Sudamericana, sino que pareció cimentar las bases para un proyecto a largo plazo. De hecho, en octubre pasado, la directiva blanquiazul, quizás embriagada por la hazaña copera, ratificó a Gorosito hasta finales de 2026, augurando una continuidad que se ha desvanecido en cuestión de días.

La detonante de esta inesperada ruptura fue la dolorosa eliminación a manos de Sporting Cristal en los play-offs de la Liga 1. El cuadro victoriano, que llegó a tener una cómoda ventaja de 3-1 en el tiempo regular, dilapidó su oportunidad y cayó en la tanda de penales, un desenlace que reactivó la cláusula de salida en el contrato del estratega y precipitó su partida. Un resultado que no solo le costó a Alianza la posibilidad de luchar por el título, sino que lo condena a iniciar su camino en la Copa Libertadores 2026 desde la Fase 1, un escenario notoriamente más complejo y menos lucrativo que los cupos directos.

La noticia de su cese no tardó en cruzar la cordillera, y la prensa argentina, siempre atenta a sus compatriotas, reaccionó con una mezcla de sorpresa y fatalismo. Títulos como “’Pipo’ Gorosito fue despedido en Perú a menos de un año del ‘Bombonerazo’” de Olé, o el contundente “De verdugo de Boca en la Libertadores a desempleado: echaron a ‘Pipo’ Gorosito de Alianza Lima” de El Gráfico, evidencian cómo aquella gesta internacional se convirtió, paradójicamente, en la principal referencia de su fugaz paso, eclipsando cualquier otro análisis sobre su rendimiento en el torneo local. Para los medios argentinos, la ironía es clara: el hombre que humilló a uno de sus gigantes, ahora se encuentra sin trabajo, víctima de la inconstancia del fútbol peruano.

Esta enésima salida de un entrenador en un club grande como Alianza Lima plantea una interrogante fundamental sobre la dirección deportiva y la visión a largo plazo. ¿Hasta qué punto la presión del resultado inmediato, alimentada por la afición y la prensa local, condiciona las decisiones administrativas? La apuesta por un proceso, que supuestamente se selló con la renovación en octubre, se desmoronó tras un único traspié, exponiendo una falta de paciencia y una cultura de la inestabilidad que parece enquistada en el fútbol nacional. La búsqueda de un mesías que garantice el éxito instantáneo, en lugar de un proyecto sostenible, es un patrón recurrente que no solo afecta a Alianza, sino que limita el crecimiento del fútbol peruano en su conjunto.

Con Gorosito fuera, el área deportiva, bajo la batuta de Franco Navarro, se enfrenta a la tarea urgente de encontrar un nuevo timonel. Omar De Felippe, según fuentes cercanas, ya figura como el principal candidato para asumir las riendas. A esto se suma una profunda reestructuración del plantel, con la confirmación de la salida de piezas clave como Guillermo Enrique, Ángelo Campos, Ricardo Lagos, Alan Cantero y Pablo Ceppelini. La continuidad de un referente como Hernán Barcos también está en evaluación, lo que anticipa un Alianza Lima renovado y con la necesidad imperiosa de redefinir su identidad.

El «Bombonerazo» quedará en la memoria, una efímera muestra de lo que Alianza Lima puede lograr. Sin embargo, la realidad actual, con la búsqueda de un nuevo técnico y un plantel en reconstrucción, es un doloroso recordatorio de que la gloria en el fútbol peruano a menudo se construye sobre cimientos inestables, en un ciclo de promesas y decepciones que la afición aliancista anhela romper. La Libertadores 2026, desde la Fase 1, ya espera.

Olé reaccionó a la salida de Néstor Gorosito de Alianza Lima. (Imagen: Captura de Olé)

El Gráfico reaccionó a la salida de Néstor Gorosito de Alianza Lima. (Imagen: Captura de El Gráfico)

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