Robo de computadoras en Huancán desnuda la vulnerabilidad de la educación rural y la indiferencia estatal

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Huánuco. Un golpe directo al futuro de 37 niños. La Institución Educativa N° 32689, ubicada en la remota comunidad campesina de Huancán, ha sido despojada de sus cinco flamantes computadoras, equipos que representaban el único puente hacia la conectividad y el desarrollo digital para sus alumnos de primaria e inicial. Este acto delictivo, perpetrado durante el último fin de semana, no solo representa una pérdida material significativa, sino que expone crudamente la desprotección y el abandono que sufren las escuelas rurales del Perú Profundo.

La amarga realidad fue descubierta el pasado 1 de diciembre por Gina Sandra Ramírez Gonzáles, directora del centro educativo. Al ingresar al aula destinada a albergar los equipos informáticos, encontró el espacio completamente desordenado, con papeles esparcidos por el suelo, señal inequívoca del hurto. La búsqueda inmediata con los alumnos por los alrededores resultó infructuosa, confirmando la magnitud del daño y la desolación de la escena.

La conmoción en la comunidad educativa fue palpable. Un video grabado por la propia directora muestra a una de las maestras rompiendo en llanto ante la desoladora escena. «Estamos desconcertados por lo ocurrido, los rateros no pensaron en el gran daño que están haciendo a los niños de esta comunidad alejada y olvidada», lamentó Ramírez Gonzáles, reflejando la frustración y la impotencia ante un crimen que arrebata oportunidades fundamentales para el desarrollo de la niñez.

Estos equipos, modelo HP All-in-One / ProOne-600-G6-22, no eran un lujo, sino una herramienta esencial, instalada recientemente como parte del ambicioso proyecto «Creación de Banda Ancha para la Conectividad Integral y Desarrollo Social de la región Huánuco», impulsado por el Programa Nacional de Telecomunicaciones (PRONATEL). Un programa que busca, en teoría, cerrar la brecha digital, pero que en la práctica deja a su suerte la infraestructura crítica en zonas vulnerables.

Huancán, a dos horas de la capital provincial y descrita por sus propios habitantes como una «comunidad alejada y olvidada», encarna la paradoja del desarrollo peruano. Si bien se invierte en proyectos de conectividad, la ausencia de una seguridad básica y la debilidad de la presencia estatal convierten estas iniciativas en objetivos fáciles para la delincuencia, que opera con impunidad ante la falta de resguardo y patrullaje policial efectivo.

La inversión en tecnología para las zonas rurales es un paso crucial, pero resulta estéril si no va acompañada de estrategias robustas de protección y un compromiso real del Estado con la seguridad de sus activos y, lo que es más importante, con el futuro de sus ciudadanos más vulnerables. El hurto en Huancán no es un incidente aislado; es un patrón recurrente que subraya la fragilidad de la infraestructura educativa y la necesidad urgente de políticas integrales que aborden la seguridad no solo en las grandes ciudades, sino también en el Perú profundo. La desconexión que ahora sufren estos 37 niños es una metáfora de una brecha más grande: la de la desigualdad y la ineficiencia de un sistema que promete, pero no protege.

La directora ha interpuesto la denuncia en la comisaría de Huánuco, clamando por la identificación y captura de los responsables, así como la recuperación de los equipos. Sin embargo, la exigencia va más allá de la justicia inmediata: interpela a las autoridades a reflexionar sobre la necesidad de garantizar que los proyectos de desarrollo no se conviertan en promesas vacías, sino en pilares firmes para el progreso de comunidades como Huancán. Se hace un llamado a la ciudadanía a abstenerse de comprar estos equipos robados, cuya adquisición solo perpetúa el ciclo de impunidad que hoy ha dejado a 37 niños sin su única ventana al mundo digital.

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