Río Ucayali: hallan tres cuerpos más tras choque de embarcaciones; ya son más de diez muertos y 26 desaparecidos
Cuatro días después de la fatal colisión que hundió dos embarcaciones en el río Ucayali, la búsqueda de decenas de desaparecidos ha cobrado un nuevo y desgarrador capítulo con el hallazgo de tres cuerpos más. Este descubrimiento no solo reitera la magnitud de la tragedia, sino que también subraya la urgencia de una fiscalización efectiva en una de las principales arterias de vida y muerte de nuestro país.
Los restos, correspondientes a una menor de edad y un adulto aún sin identificar, fueron divisados por pescadores locales a dos horas del punto del accidente, en una zona de difícil acceso cerca del puerto de Iparía. Su invaluable alerta permitió a los equipos de rescate de la Marina de Guerra y la Policía Nacional, que operan en condiciones extremas, recuperar los cuerpos, que ahora son trasladados a la base temporal instalada en Iparía para los procedimientos forenses de rigor.
Este macabro hallazgo eleva la cifra de víctimas de una tragedia que, según reportes preliminares, ya superaba la decena de fallecidos y mantenía en vilo a decenas de familias, con aproximadamente 26 personas aún atrapadas o desaparecidas en las turbulentas aguas del Ucayali. La causa, tristemente recurrente en estas vías fluviales: el exceso de peso. Testimonios de sobrevivientes y de la propia investigación apuntan a que las embarcaciones operaban muy por encima de su aforo permitido, cargadas no solo de pasajeros, sino también de equipaje, transformando una ruta vital en una trampa mortal.
El accidente, ocurrido la madrugada del lunes 1 de diciembre, cuando dos embarcaciones colisionaron y se hundieron en el puerto de Iparía, no es un hecho aislado. Refleja la crónica desidia de las autoridades competentes, como la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (DICAPI) y el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), en fiscalizar eficazmente el transporte fluvial en la Amazonía. El río Ucayali, columna vertebral para miles de comunidades ribereñas, muchas de ellas indígenas, se convierte así en un sinónimo de riesgo constante, donde la necesidad y la falta de alternativas dignas empujan a sus habitantes a viajar en condiciones de extrema precariedad.
Mientras equipos especializados, apoyados por buzos, drones y el invaluable conocimiento de las comunidades locales, luchan contra la corriente irregular, la profundidad variable y las inclemencias climáticas para recuperar los restos y esclarecer los hechos, la pregunta sobre la responsabilidad estatal resuena con fuerza. ¿Hasta cuándo se permitirá que la informalidad y la falta de control sean el caldo de cultivo para estas tragedias anunciadas? La ausencia de un plan integral de seguridad fluvial, la limitada infraestructura portuaria y la escasez de recursos para una fiscalización permanente son deudas históricas del Estado peruano con sus ciudadanos amazónicos.
La llegada de una grúa especializada, anunciada para facilitar la extracción de los restos hundidos de las embarcaciones, es un paso necesario, pero no aborda la raíz del problema. La tragedia del Ucayali es un llamado urgente a la acción, a implementar políticas públicas que garanticen la seguridad y la dignidad de quienes dependen del río para su subsistencia, rompiendo el ciclo de olvido y muerte en la Amazonía. Las vidas perdidas en estas aguas no deben ser solo una estadística más, sino el motor de un cambio impostergable.
