Huánuco: La herencia de quince años de desidia que amenaza con inundar la ciudad
La Municipalidad Provincial de Huánuco ha iniciado trabajos de descolmatación y limpieza en los drenajes de zonas neurálgicas como la Alameda de la República, Crespo Castillo y Dámaso Beraún. Una acción que, si bien es presentada como una medida de prevención ante la inminente temporada de lluvias, no puede desligarse de una revelación alarmante: estas infraestructuras vitales habrían permanecido en el más absoluto abandono por al menos 15 años, exponiendo a la capital huanuqueña a un riesgo de desbordes e inundaciones que era perfectamente evitable.
Lorenzo Silva, gerente de Sostenibilidad Ambiental de la comuna provincial, ha declarado que estos trabajos, iniciados el año pasado, responden a una política «permanente» y «no temporal» de anticipación a las intensas precipitaciones. Según su versión, el objetivo es mitigar el escenario que, en estos meses, suele derivar en deslizamientos, huaicos e inundaciones en zonas vulnerables de la ciudad. Sin embargo, la propia admisión de Silva sobre la prolongada inacción previa arroja una sombra de duda sobre la eficacia y sinceridad de esta «permanencia», sugiriendo más bien una reacción tardía a una negligencia crónica.
La cifra es demoledora: quince años. Según lo que conoce su área y el propio Silva, el sistema de drenaje en varias zonas, incluyendo el jirón Seiichi Izumi, no había sido tocado desde su construcción hasta el año pasado, contraviniendo todas las recomendaciones técnicas que exigen un mantenimiento periódico. Esta desidia administrativa a lo largo de al menos tres gestiones municipales sucesivas es el verdadero elefante en la habitación, un factor que ha acumulado sedimentos por más de una década y media, creando un polvorín hidráulico a la espera de las lluvias más fuertes. La omisión de estos trabajos esenciales durante tanto tiempo no solo incrementa el riesgo de desastres, sino que eleva exponencialmente el costo y la complejidad de las intervenciones actuales, las cuales debieron ser parte de un plan de mantenimiento continuo.
Entre los puntos de intervención se mencionan, además de los ya citados, el jirón Huánuco, Dámaso Beraún y Seiichi Izumi, así como sectores aledaños al Real Plaza. Se estima que la cantidad de sedimento a remover podría superar los 500 metros cúbicos en total, una cifra que Silva describió como un volumen elevado. En el jirón Seiichi Izumi, cuadra 4, la acumulación sería tal que se calcula la extracción de «una tonelada» de material. El jirón Dámaso Beraún ha sido identificado como el tramo más crítico, funcionando como una «bajada» que recibe el caudal de la Alameda y el Real Plaza, exacerbando el peligro de aniegos en la parte baja de la ciudad al acumularse hacia Crespo Castillo. Otro punto de atención ha sido el jirón Seiichi Izumi, donde colectores habrían sido cubiertos con «tapas» que ya se rompieron; ante ello, Silva respondió que, tras recibir las fotos, «inmediatamente el gerente ha comenzado a hacer las tapas» y que «ya está tapado», una muestra más de la naturaleza reactiva de estas «soluciones».
Respecto al presupuesto, Silva justificó la tardanza y la improvisación de estas obras aludiendo a la falta de recursos suficientes, afirmando que la municipalidad ha tenido que destinar fondos propios, descartando el financiamiento del Gobierno Central. Intentó desviar la atención señalando que una norma emitida durante el gobierno de Martín Vizcarra transfirió la responsabilidad del mantenimiento de drenajes a los municipios, los cuales «lamentablemente no han previsto recursos en sus presupuestos anuales». Esta explicación, sin embargo, no exime de responsabilidad a las administraciones locales por no priorizar una tarea tan fundamental para la seguridad ciudadana y la infraestructura urbana, transformando lo que debería ser una planificación anual en una crisis presupuestaria recurrente. La incapacidad de prever y asignar fondos para el mantenimiento básico refleja una profunda falla en la gestión pública municipal.
Los trabajos, según Silva, son competencia de la Gerencia de Obras, mediante una unidad ejecutiva, mencionando al ingeniero Serrano como responsable operativo, quien trabaja con obreros y maquinaria como volquetes y un minicargador. No obstante, una importante incógnita persiste sobre el destino final de los cientos de metros cúbicos de sedimento extraído: Silva solo indicó que será trasladado a un lugar «dispuesto» para su «reutilización», sin especificar bajo qué protocolos técnicos, ambientales o sanitarios se realizará este proceso, un detalle crucial para evitar crear nuevos focos de contaminación o riesgo. La falta de transparencia en este punto clave añade otra capa de preocupación a una intervención que, aunque necesaria, parece improvisada y carente de una visión integral y sostenible.
La actual intervención en los drenajes de Huánuco, presentada como un esfuerzo preventivo, es en realidad un doloroso recordatorio de años de abandono y de la precaria situación en la que se encuentra la infraestructura urbana de la ciudad. Mientras las autoridades actuales se esfuerzan por mitigar el riesgo inminente, la población de Huánuco se pregunta por qué se tuvo que esperar quince años para abordar un problema tan fundamental, y quién responderá por la desidia que ha puesto y sigue poniendo en peligro la vida y los bienes de sus habitantes. La «permanencia» de estas acciones deberá demostrarse no solo en palabras, sino en una planificación presupuestaria rigurosa, una ejecución transparente y una verdadera rendición de cuentas por la negligencia histórica.
