El Laberinto de ‘Aladino’: Christian Cueva rescinde con Emelec y su carrera se tambalea ante un incierto retorno a la Liga 1
Christian Cueva, el mediocampista peruano cuyo talento ha sido tan elogiado como su inconsistencia criticada, ha puesto fin a su ciclo en Emelec de Ecuador. La rescisión de su contrato, anunciada oficialmente, lo convierte en jugador libre y marca un nuevo capítulo en una trayectoria profesional plagada de altibajos. Lo que se vislumbraba como una oportunidad de «revancha» en el fútbol extranjero, se ha convertido en otro tropiezo que alimenta el debate sobre el verdadero potencial y la disciplina del popular «Aladino».
Su llegada a Guayaquil estuvo cargada de expectativas. Tras un prometedor primer semestre con Cienciano, donde demostró destellos de su calidad y se erigió como pieza clave, Cueva apostó por un cambio de aires que lo sacara de la Liga 1 y lo acercara nuevamente a la órbita de la Selección Peruana. El contrato, inicialmente pactado hasta junio del próximo año, proyectaba una estabilidad que su carrera necesitaba con urgencia. Sin embargo, la realidad de su paso por el «Bombillo» distó mucho de esas aspiraciones.
Durante su estancia, Cueva apenas acumuló 17 partidos, distribuidos en 15 encuentros de la LigaPro y 2 por la Copa de Ecuador, logrando apenas dos anotaciones. El técnico Guillermo Duró, a su llegada a Quito, confirmó el desenlace, señalando que el jugador «no la estaba pasando bien, no se sentía cómodo y tiene quizás la posibilidad u opciones de otros clubes». Duró agregó que Cueva «prefirió rescindir tras llegar a un acuerdo con los dirigentes como para volver a su país». Más allá de las palabras del estratega, la verdad es que la versión de Cueva que Emelec esperaba, la del volante desequilibrante y consistente, nunca apareció.
La decisión de Cueva de terminar anticipadamente su vínculo con Emelec no solo responde a su rendimiento. Fuentes cercanas al club señalan que la crítica situación económica de la institución guayaquileña, con varios elementos del plantel arrastrando impagos, fue un factor determinante. Este contexto adverso, sumado a las dificultades para encontrar su mejor forma y sus constantes problemas físicos, generó un ambiente insostenible para el jugador peruano.
La trayectoria de Christian Cueva es un constante recordatorio de la delgada línea que separa el genio de la frustración. Su talento innato es innegable, capaz de resolver partidos con una pincelada de magia. No obstante, esta luz se ve opacada con demasiada frecuencia por la falta de continuidad, los problemas físicos recurrentes y una aparente dificultad para mantener un nivel competitivo exigente. Este patrón, lamentablemente, ha mermado sus oportunidades de consolidarse en el extranjero y ha puesto en entredicho su rol vital en la «Bicolor», especialmente en un momento de recambio generacional donde la disciplina y la performance sostenida son más valoradas que nunca.
Con el pase en su poder, los rumores sobre su próximo destino no se han hecho esperar. La periodista Estefanía Chau adelantó que todo apunta a que Cueva se uniría a Juan Pablo II College, un equipo que, irónicamente, lucha por mantenerse en la primera división peruana tras escapar del descenso en las últimas jornadas. Este potencial regreso a la Liga 1, y a un club de perfil tan modesto en comparación con sus antecedentes, subraya la magnitud del retroceso en su carrera. De ser uno de los jugadores más influyentes de la selección, a la expectativa de vestir la camiseta de un recién salvado de la baja, la paradoja es evidente y genera una profunda reflexión sobre las decisiones y el manejo de su carrera deportiva.
El caso de Christian Cueva trasciende lo meramente deportivo para convertirse en un estudio de caso sobre el talento sin anclaje, la promesa no cumplida y la compleja gestión de una carrera de élite. Mientras el fútbol peruano espera con ansias la resurrección de «Aladino», su presente lo encuentra nuevamente en un punto de inflexión, buscando reencontrarse consigo mismo en un laberinto de oportunidades perdidas y promesas aún por cumplir.


