Muña bajo el lodo: Cuando la furia de la naturaleza expone la falta de prevención en Chaglla

quebrada

El silencio de la noche en Muña, distrito de Chaglla, Huánuco, se rompió la madrugada de ayer por el estruendo de la quebrada Chuncho, que tras una lluvia torrencial se activó con devastadora furia. El lodo y las piedras, arrastrando todo a su paso, no solo arrasaron con tres viviendas en el barrio de Muñaucro, sino que también desnudaron la crónica vulnerabilidad de comunidades andinas frente a fenómenos naturales cada vez más intensos y la aparente insuficiencia de políticas preventivas.

El desastre golpeó a la población mientras muchos participaban en la celebración del aniversario de la posta de salud local, un irónico contraste entre la vida comunitaria y la impredecible fuerza de la naturaleza. Hombres y mujeres, entre ellos Neymar Eduardo Claudio, Erdelinda Claudio Silvestre, Franz Eduardo Claudio, Navarro Eduardo Cántaro, Keyla Eduardo Claudio, Dámaris Mendoz Sepúlveda, Ermelinda Ponce Vega y Nelson Mendoza Masgo, tuvieron que ser rescatados del barro. Tras el susto, todos fueron atendidos en la misma posta de salud, confirmándose su estabilidad y la ausencia de complicaciones mayores, una pequeña luz de alivio en medio de la destrucción material.

Este tipo de eventos, lejos de ser aislados, se han vuelto una constante preocupante en diversas regiones del Perú, especialmente en las zonas altoandinas. La «activación» de quebradas es un recordatorio crudo de cómo la interacción entre patrones climáticos extremos –posiblemente acentuados por el cambio climático– y la ocupación del territorio, muchas veces sin una planificación urbana adecuada o con construcciones en zonas de alto riesgo, convierte cada temporada de lluvias en un desafío de supervivencia para miles de familias. La ubicación de viviendas cerca de cauces naturales, incluso secos por años, se convierte en una sentencia de riesgo ante la impredecibilidad de los aluviones.

La respuesta oficial no se hizo esperar, aunque nuevamente en clave de emergencia y paliativo. El gobernador regional de Huánuco, Antonio Pulgar, dispuso el envío de kits de alimentos, menajes, frazadas y calaminas para las familias afectadas. Si bien esta ayuda humanitaria es crucial y bienvenida en momentos de crisis, surge la pregunta recurrente sobre la estrategia a largo plazo. ¿Es suficiente una respuesta reactiva para comunidades que anualmente enfrentan la amenaza de la naturaleza? La falta de inversión en obras de infraestructura preventiva, como defensas ribereñas, muros de contención o programas de reubicación y ordenamiento territorial, parece dejar a Muña y a otros poblados en un ciclo perpetuo de destrucción y reconstrucción, dependiendo de la beneficencia estatal más que de una gestión integral de riesgos.

La experiencia de Muña bajo el lodo debe servir como un llamado de atención urgente a las autoridades regionales y locales. Más allá de la ayuda inmediata, es imperativo que se elaboren y ejecuten planes de prevención robustos y sostenibles, que prioricen la seguridad de las poblaciones vulnerables y rompan la cadena de desastres que golpean repetidamente a las comunidades andinas del país. La verdadera medida de una buena gestión no es solo cómo se responde a la crisis, sino cómo se trabaja para evitar que estas ocurran.

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