caeauto

Una vida se apagó abruptamente en las peligrosas rutas de Huánuco. Jaime Condezo Advíncula, de 41 años, falleció instantáneamente ayer por la mañana cuando el vehículo que conducía se precipitó aproximadamente 200 metros por una pendiente hacia el río Colpas, en la remota zona de Quirura, jurisdicción del distrito de Colpas, provincia de Ambo. El fatal accidente no solo deja a una familia en luto, sino que reabre el doloroso debate sobre el crítico estado de las vías rurales en el Perú y la precaria infraestructura de servicios esenciales en las provincias.

El lamentable suceso se registró poco después de las 6:00 a.m. cuando Condezo Advíncula, al volante de su camioneta station wagon de color blanco, marca Toyota Sprinter DX y de placa A9D-474, habría perdido el control. Según informes preliminares, la combinación de una vía en deplorable estado y una posible velocidad excesiva habrían provocado que el vehículo se despistara, cayendo violentamente por una empinada ladera hasta terminar volcado a orillas del río. La magnitud del impacto fue tal que el cuerpo de Condezo Advíncula fue eyectado, siendo encontrado a varios metros del amasijo de fierros en que quedó convertido su automóvil.

Esta nueva tragedia pone de manifiesto, una vez más, la constante amenaza que representan las carreteras de la sierra central para sus usuarios. La «zona denominada Quirura», como muchas otras rutas interdistritales en Huánuco, se caracteriza por su geografía accidentada y la notoria falta de mantenimiento. Transportistas y lugareños han denunciado en reiteradas ocasiones la ausencia de guardarraíles, una señalización adecuada y una superficie de rodadura segura, factores que, en conjunto, contribuyen a una alarmante tasa de accidentes. La promesa de una infraestructura vial digna sigue siendo una deuda histórica del Estado con sus poblaciones andinas, donde cada viaje puede convertirse en una ruleta rusa.

La noticia del fallecimiento de Condezo Advíncula ha causado profunda conmoción y tristeza en el centro poblado de Yamor, su tierra natal, donde era ampliamente conocido y apreciado. Un mensaje publicado en redes sociales por un paisano expresó el sentir de la comunidad: «En el centro poblado de Yamor nos encontramos en duelo por el fallecimiento de nuestro amigo hermano, paisano Jaime Condezo Advíncula». Este dolor colectivo se suma a la frustración por la recurrente pérdida de vidas en circunstancias que, para muchos, podrían ser prevenibles con una intervención estatal efectiva.

Sin embargo, la tragedia no culminó con el rescate del cuerpo. La lejanía del lugar del accidente evidenció las graves deficiencias en la capacidad de respuesta y administración de justicia en zonas rurales del país. La fiscalía de turno, ante la distancia y las dificultades logísticas, se vio obligada a delegar las diligencias de levantamiento del cadáver a la comisaría de Cayna. Más alarmante aún resultó la situación en la morgue de la ciudad de Ambo, donde los familiares de la víctima se vieron obligados a esperar, posiblemente hasta el día siguiente, la llegada de un médico legista. La falta de un profesional «estable» en una institución tan crucial como el Instituto de Medicina Legal provincial no solo retrasa el proceso de identificación y la entrega del cuerpo a sus deudos, prolongando su calvario, sino que también vulnera el derecho a una investigación forense oportuna y digna. Esta carencia estructural es un reflejo palpable del abandono estatal que sufren muchas provincias, donde los servicios básicos de salud y justicia operan con recursos mínimos y personal insuficiente, dejando entrever una alarmante falta de priorización de la vida y la dignidad humana en la periferia del país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *